Colibríes y amarres: una relación sin alas para volar

14.02.2023

De un tiempo a esta parte, la población de colibríes se ha visto reducida en México, llegando a estar en peligro de extinción, a causa de la explotación medioambiental y de un añadido de caza puntual para ser usado como hechizos. Esta especie animal se lleva utilizando desde la época precolombina como parte de diversos rituales, en especial para aquellos relacionados con el amor.

Desde la mitología, los nativos llaman al colibrí de distintas formas, dependiendo la civilización:

Por un lado, los mayas le dieron el nombre de x ts’unu’um. Cuando todas las cosas fueron creadas, faltaba alguien que llevara los pensamientos y deseos de un lado a otro. Fue en ese momento cuando los dioses tallaron una piedra de jade en forma de flecha a la que dieron vida, de ahí que se asocie a las buenas noticias. 
Por otro lado, el dios azteca Huitzilopotchtli cuenta con la raíz “Huitzil-“, que significa colibrí y cuyo nombre completo sería Colibrí Zurdo. Debido a su carácter belicista, esta cultura consideraba a los colibríes como perfectos guerreros, debido a su pequeño tamaño y a su velocidad sin igual. De hecho, uno de sus cultos consistía en la ofrenda de los cadáveres de sus guerreros muertos en combate, que renacían en forma de estas aves. 
Es más, para los incas del sur del continente significaba la resurrección, ya que el alma de las personas fallecidas se convertían en colibríes para demostrar que habían ascendido a un plano espiritual y comunicarse por última vez con sus seres queridos.

Desde un punto de vista biológico, los colibríes funcionan como polinizadores, por lo que esa es su relación con la fertilidad y a su vez con las relaciones amorosas, lo cual explica su relación con los amarres.

Un amarre amoroso se realiza con la intención de que una persona sienta amor por aquella que realizó el ritual o para la persona en nombre de quien se realizó, para que una persona no se vaya o que una relación rota se arregle. 
Aunque a primera vista pueda parecer un causante de felicidad, hay quienes lo usan en forma de magia negra para el despecho, el odio o la venganza. Para ello se valen de diferentes catalizadores que representan a la figura amada en forma de estatuas, figuras o, en este caso, incluso animales.

La práctica más habitual es utilizar dos colibríes, uno macho y otro hembra. Estas aves se introducen en un pequeño saco que se llena con miel, por lo dulce y lo pegajoso. Como ya se ha mencionado, la presunta relación de la especie con el ritual amoroso tiene que ver con su procedimiento para tomar el néctar de las flores, asociándose a la primavera y con ello a la abundancia, haciendo oraciones especiales en este sentido pidiendo favores al colibrí como entidad.

Es bien conocido el Mercado de la Sonora, ubicado en la Ciudad de México, al estar vinculado a prácticas espiritistas y esotéricas de todo tipo, y allí es uno de esos lugares donde se venden colibríes muertos para ser usados en brujería.
En su mayoría los pájaros toman un color verde brillante o gris oscuro en el caso de las hembras, con la misma iridiscencia de las plumas, siendo un bien codiciado. Es más, los colibríes no sólo se comercializan para amarres, ya que su corazón hervido se utiliza tradicionalmente como remedio ante ciertas cardiopatías, al igual que para curar la epilepsia.

Debido al peligro de extinción de esta especie, el gobierno mexicano la ha protegido desde la década de los 90 con multas e incluso penas de prisión a quienes trafiquen con ella. Se están produciendo sorprendentes ganancias mediante aquellos, con toda una red detrás, que descontextualizan estas prácticas para engañar a visitantes buscando respuestas. 

Si se desea que los colibríes aparezcan en la vida personal se pueden colocar bebederos , flores de lavanda o incluso unas gotas de aceite de lavanda que puedan atraerlos hasta el hogar sin necesidad de atraparlos, y usando otro tipo de símbolos que no sean colibríes físicos para estos “hechizos”. 

Aunque desde nuestros ojos occidentales podríamos considerar estas prácticas como salvajes o excesivas, cabe recordar que, como dijo el teórico Georges Dumézil, “Un país sin leyendas se moriría de frío. Un pueblo sin mitos está muerto”, por lo que no debemos condenar algo tan enraizado en el imaginario simbólico de toda una cultura. Al mismo tiempo que se mantiene un juicio crítico, se deben ofrecer alternativas a la caza furtiva masiva en fechas como San Valentín, mediante campañas de sensibilización y con otras prácticas que no impliquen violencia hacia el reino animal.

(Dejamos aquí un vídeo sencillo y explicativo que elaboró la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México: https://youtu.be/IK3_0VqxFGQ)

Nuria Acquaviva - nacquavivaps@gmail.com

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