Los druidas y la magia celta

05.05.2021

Druida es una palabra latinizada de la palabra celta para definir a la clase sacerdotal y jurídica de su pueblo. Se han barajado múltiples etimologías, que se han tratado de relacionar con los cargos que desempeñaban, por ejemplo el gaélico drui- o cymraeg (galés antiguo) drw-, que indican magia o videncia, o una posible raíz indoeuropea reconstruida desde el griego δρύς , roble, árbol sagrado entre los celtas, y *weid- (ver, conocer) siendo, de esta manera, los que conocen los robles. Según otros, lo más probable es el galo dru-, que significaba grande, y wid- conocimiento, resumiendo de esta manera sus labores.

Si bien al pensar en los celtas se piensa en el mundo galo-britano, lo cierto es que los primeros vestigios de cultura celta, provenientes de la Edad de Hierro (S. VIII a.n.e.), se encontraron en Hallstatt, Austria. Los celtas se extendieron por todo el continente europeo, cubriendo el mapa desde Irlanda hasta parte de la actual Turquía (los gálatas). Resulta arriesgado asegurar que todas las tribus, que nunca se unieron como un solo pueblo o nación, compartieran las mismas políticas, costumbres y creencias. Lo mismo ocurre, por tanto, con las funciones de los druidas. De hecho, históricamente el origen como tal de la figura de los druidas parece bastante tardío, no habiendo registros hasta el S.III a.n.e., lo que a su vez ofrece un largo camino en el que pudieron influenciarse de creencias y filosofías de todos los territorios. Además, su tipo de sacerdocio se ha comparado a menudo con el sacerdocio brahmánico de la India védica, considerando que los druidas son un modelo de maestro-político-juez-sacerdote indoeuropeo. Quienes aceptan esto se basan también en la importancia dada a la invocación, el lenguaje postural o rituales comunes con Asia, como el sacrificio equino. A pesar de ello, podemos decir que es del mundo galo-britano del que más informaciones hemos podido obtener.

Las primeras informaciones textuales que tenemos de los druidas vienen de fuentes grecorromanas como Diógenes Laercio o Julio César. No puede decirse que los presenten precisamente como bárbaros, (lo que sí se hacía con los pueblos celtas en general), ya que la exposición de sus creencias, como la reencarnación, recordaba mucho a los pitagóricos y a filosofías orientales. Ante todo, se los presenta como figuras de gran relevancia en el mundo celta, con funciones variadas dentro su pueblo. La sociedad celta se dividía en cinco grandes clases piramidales: en la base se encontraban los esclavos, sin ningún tipo de derecho; después, los hombres libres, que incluían a los trabajadores del campo y a los artesanos. En las clases más altas se encontraban los druidas, que cumplían funciones religiosas, pero también jurídicas, políticas, educativas; los guerreros, los más admirados y necesarios en un mundo que gustaba de la furia y del belicismo; por último, la aristocracia, que cerraba sus círculos, siendo los únicos que podían aspirar al liderazgo de las tribus. Sin embargo, parece que durante algún tiempo, fueron los druidas quienes envestían de este poder a los líderes, estando los dioses a su favor. Asimismo, cumplían el papel de maestros y de jueces, imponiendo los castigos correspondientes: el peor castigo para un celta era la expulsión de su comunidad y no poder participar de sus ritos religiosos.

Cabe decir que, si bien la sociedad celta era patriarcal, la mujer gozaba de una libertad difícil de encontrar en el resto de culturas colindantes de la época: podía desempeñar un oficio propio, conservar sus bienes y herencias, mantener su integridad y estatus al casarse y al divorciarse, y participar en el uso de las armas. Esta libertad se extendía al ámbito religioso, existiendo la figura de la druidesa o dríade, en Irlanda bandruidh, y en las Galias, si hacemos caso a Lampidius y Vopiscus en sus narraciones de la Historia Augusta, dryadas.

Los druidas tenían distintos niveles dentro de sus comunidades, que algunos han querido comparar con los conventos y monasterios, pero que más bien podrían equipararse a escuelas. Eran los depositarios del saber científico de la época, en lo referente a los calendarios, la astronomía y la astrología, la medicina, las leyes, la ética, la historia, la literatura oral, la religión y la magia. Existieron diversas escuelas de astronomía, meditación y artes druídicas, sobre todo en las islas británicas, donde la influencia romana fue menor y el cristianismo tardó algo más en enraizar, lugares como Myfyrion, Caer-Edris (Ciudad de los astrónomos), Cerrig-Brudyn (Círculo de los astrónomos), o la Asamblea de Uinech, en el condado de Wesmeath, así como las islas septentrionales donde varios clanes míticos como los Fir Bolg se refugiaron, y la Isla de Anglesey, antiguamente Isla de Mona. En el manuscrito conocido como los Anales de los Cuatro Maestros se habla de Mur Ollavan, la Ciudad de los Instruidos, en Irlanda, en pleno S.X. Asimismo, se reunían en los llamados nemeton o santuarios, lugares sagrados, generalmente de carácter ctónico, bosques o fuentes, donde podían pasarse aprendiendo hasta veinte años.

Estrabón divide a los druidas en tres categorías: bardos o poetas, eubages o adivinos y saronidae o jueces. Sin embargo, debieron existir muchas más categorías y denominaciones, como vacerri, semnothii, o como filid, como se denomina, todavía hoy, en gaélico irlandés a los poetas videntes. Es interesante comprobar que existían y existen aún hoy múltiples relaciones y diferenciaciones entre los términos relacionados con los druidas y otros ajenos, ya sea por su carácter social o por sus actos. Resumiendo parte de los expuesto en el artículo sobre léxico mágico celta, el druida o draoí, y su versión femenina ban-draoí, son distinguidos del astrólogo (asarlaócht, asarlaí), y del hechicero y hechicera galos (swynwr y hudoles) o adivino y adivina (dewin y dewines), así como la hechicera irlandesa, cailleach feasa, y la bruja, seanchailleach. Del mismo modo, cuando se trata de un personaje ajeno a la espiritualidad céltica, encontramos ollam, el poeta, y brehon, el juez, ambos con carácter intelectual, universitario.

Algo importante que debe indicarse es la apariencia que nos ha sido transmitida de ellos, popularizada por los medios audiovisuales y en el continente europeo, sin duda por el druida Panorámix del cómic Astérix el galo, creado por Uderzo y Goscinny, y del modelo en el que insistió Jean Markale (1928-2008), un estudioso del ciclo artúrico que entremezcló muchas cuestiones de los druidas con el imaginario medieval y el ocultismo moderno.

De la vestimenta de los druidas se sabe más bien poco. Tenemos el testimonio de Plinio en su Historia natural (XVI,249), que los describe vestidos de blanco cuando acuden a recoger el muérdago y el selago. A menudo se hace referencia a los distintos colores de las túnicas de los druidas según su estatus, sin embargo, existe aquí una grave confusión, y es que estos grados y colores dependen directamente del druidismo o neodruidismo, un movimiento impulsado por el Romanticismo en el cual se intentaba recuperar la filosofía y tradiciones druídicas: con todo, no buscó reconstrucción histórica, sino adaptación naturalista y esotérica, convirtiéndose posteriormente en órdenes esotéricas con sus distintos grados y túnicas de colores distintivos, así como religión neopagana. Múltiples estudiosos consideran que esta vestimenta blanca indicada por los autores romanos puede que fuera exclusivamente una vestimenta ritual, y que los druidas no se alejasen mucho del patrón de vestimenta celta: túnicas bordadas y pesadas capas. Volviendo a la vestimenta, arqueológicamente se han encontrado figuras en cerámicas y esculturas consideradas representaciones de individuos de casta sacerdotal portando una suerte de mitra o casco, como el encontrado en la tumba del Guerrero de Deal, convirtiéndose en otro elemento que ha querido verse como de uso exclusivo ritual.

La visión mágica de los druidas también ha sido influenciada por este tipo de investigaciones relacionadas con el esoterismo, el ocultismo y las órdenes druídicas modernas. No obstante, tampoco debe negarse, como otras facetas pretenden, su carácter mágico y esotérico. Las fronteras entre la religión y la magia en la antigüedad no estaban tan definidas como se pretendió establecer desde el Medievo, y el mundo celta no era una excepción. Si bien los druidas cumplían labores como sacerdotes, cumpliendo con ritos anuales, bendiciones a monarcas, sacrificios, etc., y una filosofía reconocible como pitagórica, con la creencia de la reencarnación y el animismo, también reunían una serie de actos y características que pueden definirse como propiamente mágicas. La magia no era algo exclusivo de los druidas, o al menos no puede plantearse así, ya que en todo folclore existen tradiciones que pueden considerarse mágicas. Sin embargo, en este artículo nos centraremos precisamente en los druidas por su concreción ritual, sus conocimientos en la elaboración de pócimas o amuletos, así como su auxilio social generalizado, especialmente en la batalla. Con todo, debemos tener en cuenta que toda su tradición, a excepción de la escritura oghámica, era oral, por lo que los testimonios que tenemos son de narraciones míticas o de visiones externas (romanas, cristianas).

Está claro que los druidas eran médicos y herboristas de su comunidad, la Fathliaig, la medicina divina; pero el complejo y supersticioso ritual de recolección de, por ejemplo, las plantas mencionadas, sugiere su matiz mágico. Tal vez la más conocida y popular de estas tradiciones reconocibles como mágicas sea la recolección del muérdago, que debía realizarse en el sexto día de la Luna. Según Plinio, la palabra celta para muérdago significada "el que todo lo cura", para cuyos fines se recogía, ya que se tenía por antiveneno, así como ingrediente consumible para obtener fecundidad y fertilidad de los campos y los animales; el muérdago, en verdad, puede ser utilizado como sedante, diurético y psicoactivo en general. Tenía lugar toda una ceremonia para ello, utilizando una hoz de oro para cortarlo, así como preparando un banquete entorno al lugar donde se hallase, con dos toros blancos. Algo parecido ocurría con el selago, para el que se realizaban ofrendas de vino y pan y se acudía descalzo, y que se recogía metiendo la mano derecha por la manga o abertura izquierda de la túnica, y se utilizaba para la creación de amuletos protectores, e inciensos que curaban enfermedades concretas, como las oculares.

En la creación y uso de amuletos tenemos otros ejemplos, como el llamado Huevo de serpientes o Anguinum, el cual, según Plinio, los druidas se esforzaban por localizar en una época concreta en que las serpientes se reunían y entrelazaban, lanzando un baboso huevo al aire o al agua, donde flotaba, y que, una vez obtenido, quien lo llevara encima gozaría de una labia y oratoria sin precedentes, obteniendo siempre el agrado de los nobles. Plinio, muy escéptico ante todo esto, no sólo duda de que las serpientes y el momento lunar de este supuesto encuentro tengan relación alguna, sino que niega su eficacia por saber de un hombre ejecutado por el emperador Claudio a pesar de llevar dicho huevo consigo. Este huevo se ha querido identificar con alguna clase de erizo de mar o con las que actualmente se llaman piedras brujas o piedra víbora, que no son más que piedras sumadoras vítreas, es decir, piedras que, por su composición, el agua agujerea, aligerándolas y dando curvatura, y cuyos agujeros pueden considerarse los dejados por los colmillos de una serpiente.

Respecto de la adivinación druídica tenemos la observación del vuelo de las aves y de las entrañas de los animales sacrificados, algo muy semejante a lo realizado por especialistas religiosos de otras culturas como la romana, lo que ya destacó el propio Cicerón en su obra Sobre la Adivinación ( I, XLI, 90) al hablar del druida Diviciaco, un druida heduo que actuó como diplomático a favor de César en su conquista de las Galias. Asimismo, Teim laegda o el acto de chuparse el pulgar y tocar el objeto del que se desea conocer algo. Del prinni loudin o lanzamiento de piedras o palitos, un tipo de geomancia, se desconoce si era una actividad popular o exclusivamente de los druidas como maestros.

Por otra parte tenemos que los cantos de los bardos y fílid eran cantos inspirados, es decir, sus canciones no siempre eran narraciones, sino también profecías que no podían evitar comunicar, una vez eran "poseídos" por el don profético. Si bien antes se han hecho distinciones entre estos y los druidas, cabe pensar que los cantos y profecías que los druidas exponían tras ingerir ciertos brebajes o permanecer en ciertos lugares sagrados fueran considerados del mismo tipo. Existe el Imbas forosnái, la "iluminación mediante las palmas de las manos", que es una suerte de clarividencia que sólo los druidas y druidesas podían obtener, mediante la masticación de un pedazo de carne, y el apoyo de las palmas de las manos, cargads de conjuros, sobre las mejillas, lo que provocaba un sueño de varios días tras el cual se obtenían respuestas. Pero este imbas forosnái también es visto como una capacidad innata, al menos en ciertos personajes como la druidesa Fedelma, con quien se encuentra casualmente la reina Medb cuando se disponía a invadir Ulster, y que recibe de ella un oráculo repetitivo: <<Lo veo todo rojo, lo veo todo carmesí>>. La reina no presta atención, considerando que la sangre es igual tanto de un ejército como de otro. Entonces la druidesa alarga su profecía mencionando al invencible guerrero Cú Chulainn que arrasará con su ejército.

La presencia de los druidas en las cuestiones militares no era sólo como consejero, también como guerrero, y su presencia era alentadora. Existía un ritual en el que el druida rodeada las filas de su gente, airbe druad, infundiendo valor y protección a los suyos. El papel del druida como guerrero podemos verlo, por ejemplo, en el Ciclo de Ulster, donde el druida Cathbad, además de enseñar a los jóvenes, les predice cosas del día a día y los instruye en las armas, siendo Cú Chulainn el más destacado de ellos, una suerte de Aquiles celta que prefiere morir joven e inolvidable, a llegar anciano con una vida que nadie recuerde.

Los textos legales irlandeses mencionaban que los druidas realizaban brebajes y pócimas, y ello se encuentra también en las sagas irlandesas, como en Serglige Con Culainn, donde los druidas dan a Cú Chulainn una pócima para que olvide a su amante Fand, causante de la debilidad y enfermedad del héroe.

Pero sin duda la imagen del druida como mago, muy a la manera artúrica con Merlín o Morgana, es la expuesta en las narraciones míticas. En el libro de las invasiones o Lebor Gabála Érenn se narra que la llegada de los semi-divinos Tuatha Dé Dannan a Irlanda se ve precedida de una densísima niebla que sus druidas y druidesas desatan para no ser descubiertos, y también la usan posteriormente para esconder al completo la Isla de Irlanda, tratando de evitar que los Milesios gallegos alcanzaran tierra, enviando además una terrible tormenta. Por suerte para los Milesios, se encontraba con ellos el druida Amergin, hijo de Mil Espáine (el rey Mil de Hispania, y ancestro de los irlandeses), quien realiza una invocación y consigue que puedan alcanzar la costa, donde nada más llegar recita otra invocación para que cesen los ataques. Poco después, el mismo druida es el encargado de hechizar los ríos de la isla para que se llenen de peces y que todos puedan alimentarse.

En el mismo libro, el druida ciego Mug Ruith, quien lleva una piel de toro y una máscara de pájaro, tiene diversos poderes que le permiten volar con una máquina de remos, controlar las feroces tormentas, así como un impresionante despliegue militar mágico. En el cuento Druim Damhgaire, Mug Ruithse enfrenta a los druidas del rey Cormac mac Airt. Éstos habían advertido al rey de los malos presagios sobre una afrenta militar contra el rey Fiacha Muilleachar de Munster, quien le había negado ayuda económica, pero aún así le ayudaron a meterle presión secando todos sus ríos y manantiales. Mug Ruith, al que se consideraba archi-druida y del que se decía que había aprendido en Oriente, consiguió revertir la sequía y la hambruna. El rey Cormac consultó a sus druidas, y estos resolvieron que era necesario realizar un fuego druídico cuyo humo indicase la dirección en que atacar o retirarse. Mug Ruith, por su parte, ordena preparar una hoguera paralela, pero con una planta que había crecido en la ladera de la montaña protegida de todos los vientos. Prepara con ayuda de su discípulo una hoguera triangular y pide que se alimente con astillas de las lanzas de los soldados, que junta con mantequilla, haciendo una bola que puede prender y que, con un encantamiento, agranda y arroja a los enemigos, explotándolos.

Otras narraciones presentan a los druidas solamente como maestros, educadores, consejeros o guerreros, sin hacer hincapié en sus poderes mágicos, sino sólo en su sabiduría. En contraste, encontramos que en los textos hagiográficos, se describe a los santos con poderes superiores a los de los druidas, en una actitud que se encuentra amparada por el Dios cristiano, pero que leído sin contexto, resulta increíblemente fantasioso y digno de cualquier otro relato mágico. Lo más interesante es comprobar que, a pesar de pertenecer a los S. V - VI, queda patente la existencia de un paganismo resistente y activo. Estos textos pertenecen a ciclos irlandeses, y es curioso que los druidas son llamados comúnmente fílid, poetas videntes, ausentes de todas las demás connotaciones. Sin embargo, se temía su moladh agus aolz, su recitación, pues se creía que podía dar buena o mala suerte.

Un ejemplo de estos textos hagiográficos y anecdóticos sería la vida de San Mochuda, el cual es tentado por un druida a que un manzano de flores y frutos, lo que el santo consigue bendiciendo la rama escogida. El druida prueba una manzana y le dice que es absolutamente insípida, por lo que su poder divino no vale nada, a lo que el santo responde con una nueva bendición que nutre las manzanas volviéndolas dulcísimas, y dejando ciego al druida durante un año, tras el cual el druida volvió a la iglesia del santo, hizo penitencia y recobró la vista. Otra leyenda sobre los pictos cuenta que su rey druida, Bruda, mantuvo una discusión religiosa con San Columba, negándose a aceptar la fe cristiana, tras lo cual cayó enfermo. Sus compañeros acudieron a San Columba y éste, tirando un cuarzo blanco en un vaso de agua, la piedra flotó, y tras beberla, Bruda sanó. Estos son sólo algunos de los muchos ejemplos y leyendas, escritas o populares, que existen entorno a los encuentros de druidas y santos, donde realmente los santos cumplen más el papel de magos que los propios druidas.

Para terminar, en cuanto a las inscripciones oghámicas, Julio César afirmaba que la tradición oral de los celtas se debía al miedo a que la educación se vulgarizase al ponerse por escrito. Y así era, que los únicos conjuros o encantamientos que encontramos de los druidas son recreaciones y poemas de las sagas, siendo la palabra la fuente de poder, y no la escritura. La escritura ogham, utilizada exclusivamente en inscripciones breves o de nombres, monumentales, parece que sólo tuvo uso entre los siglos V - VII, cuando los lenguajes picto e irlandés estaban desapareciendo bajo el uso del latín y lenguas anglosajonas. Es llamado alfabeto de los árboles por la semejanza de sus formas, palos rectos con otros que nacen angulados, y porque el alfabeto irlandés moderno todavía nombra sus letras como árboles. Sus orígenes varían entre la leyenda cristiana que lo sitúa como el lenguaje de Babel y la mitología que hace que el dios Ogmios sea su inventor. Además del ogham monumental, grabado en piedra, existe otro ogham denominado "escolástico", encontrado también en madera o metal, que parece haber sido aprendido o recreado a partir de los manuscritos en los que se recogía el alfabeto, y no un ogham "original". Si bien el ogham parece haber tenido un origen secreto y transmitido entre unos pocos, ello no delimita su uso exclusivo a druidas - Graves en su obra La diosa blanca (1948) insistía en su visión cosmológica, su uso técnico-mágico, adivinatorio, pero indemostrable-; con todo, el neodruidismo sí ha dado pie a esta cuestión e interpreta los kennings o grupos en que se organiza el alfabeto, como pasado, presente y futuro, y concede a cada árbol un significado.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
-Alberro, M. Druidas. Los prodigiosos sacerdotes de la religión céltica. Dilema Editorial. Madrid 2019.
-Guyonvarc'h, C.J. Le Roux, F. LeS Druides et le druidisme, Ouest-France, Rennes, 1995
-Martínez Rodríguez, T. Historia secreta de la Edad Media. Ediciones Nowtilus, Madrid, 2019.
-Olsen, T. Christianity and the celts. Lion Publishing, Oxford, 2003

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