Heka, la magia egipcia (I)

02.07.2021

Heka, o ḥk3w en la transcripción del egipcio antiguo, es una palabra que aúna múltiples sentidos: es, principalmente, la magia, pero entendida como la potencia creadora, pero también la fuerza sostenedora del mundo, así como el propio acto mágico y sus rituales. Los jeroglíficos utilizados para su nombre contienen ka, esto es, la fuerza vital. Cada acto de magia es un acto que continúa creando con el mismo poder de la Creación, y de Heka se dice que existía antes que todos los dioses:

<< Oh, nobles que estáis ante el Señor del Universo (el Todo), he aquí que llegué antes. Respetadme de acuerdo a lo que conocéis>> (Textos de los sarcófagos, 261)

Su supervivencia en la lengua copta nos indica que su pronunciación debía acercarse a la palabra hike. Si bien tenía una representación iconográfica semejante a otras divinidades (humanizada, a menudo con dos serpientes, entre otros atributos, variando entre hombre o niño), es un concepto extremadamente amplio. Heka se encuentra en la barca celeste, acompañando a Ra en su periplo solar, para defenderlo de Apofis. Aunque era una divinidad que se encontraba presente en gran parte de las ceremonias, y evidentemente en la magia, nunca tuvo templos propios, pero sí culto en distintos lugares y escuelas de Esna, Menfis o Heliópolis. (En el neopaganismo kemético, sin embargo, ocupa un lugar importante). Sólo en Mnefis Heka conservaba su imagen de dios primordial, mientras que en Heliópolis, Heka era hijo de Ra, y en Esna, hijo de Khnum (Jnum).

El egiptólogo Wallis Budge (1857-1934) llegó a decir en su día que en Egipto la creencia en la magia era anterior incluso que la creencia en Dios. De hecho los egipcios no tenían una palabra para definir la religión, y como puede verse, sí para la práctica mágica. Como fuere, lo cierto es que religión y magia florecieron paralelamente en Egipto, y que no cabía en él pensamiento ateísta alguno. Por ello, la magia debe entenderse, al hablar del antiguo Egipto, como una realidad palpable, cargada de simbolismo. Su relación con lo divino queda claro no sólo por el poder de las divinidades, sino porque se entiende el permiso de éstas para usarla.

<< (El dios) ha creado la magia para ellos, como armas para invertir el impacto de los acontecimientos, velando por ellos tanto de día como de noche.>> (Instrucciones para el faraón Merikare (X Dinastía))

El asunto de la magia en Egipto es complejo, en primer lugar, porque con los descubrimientos del S. XIX todo lo egipcio cobró un aura mística y misteriosa que continúa hoy día; en segundo lugar, porque nuestra definición de magia es algo distinta de la que tenían los egipcios, ya que nuestra definición es una práctica que busca control sobre la naturaleza y lo invisible, mientras que en Egipto, Heka, como potencia creadora, imbuía todo el universo y, en consecuencia, estaba presente en la vida cotidiana, incluyendo la religión, lo que produce problemas de separación, si es que es necesaria en este contexto; y en tercer lugar, porque tamaño campo de acción provoca una variedad increíble de actos: existía la magia sacerdotal y la magia popular.

La magia sacerdotal tenía un estrecho vínculo con las divinidades, y unas funciones muy claras: proteger al faraón y sus intereses, tanto en la vida como en la muerte. Ello implicaba magia protectora, magia medicinal y magia de maldición, para eliminar a los enemigos del faraón. Los sacerdotes egipcios estaban formados en todas las ciencias para poder cumplir sus funciones: astronomía, religión, medicina, historia, matemáticas, letras, y la magia no podía ser una excepción, ya que su conocimiento brindaba poder tanto sobre los seres humanos y los animales como sobre los propios dioses. Se instruían en las llamadas Casas de la Vida o Pr-Ankh, edificios anexos a los templos.

La magia popular, por su lado, consiste en hechizos y amuletos, más a la manera como es entendida la magia propiamente dicha en el mundo occidental, y tuvo su apogeo a partir de la Baja Época (730-330 a.n.e.). Sin embargo, sobre este tipo de magia hay mucha menos información, habida cuenta de la diferencia de registros arqueológicos encontrados de unos y otros: mientras que sobre la magia sacerdotal u oficial tenemos los Textos de las Pirámides, los hipocéfalos de las momias, las estelas funerarias y los cippi de Horus, así como esculturas con textos inscritos, junto con textos médicos, lo cierto es que sobre magia popular tenemos muchas menos fuentes primarias, centradas en amuletos, fuentes terciarias, menciones, o textos mágicos ya de época helenística, con la fusión de tradiciones que implica. Véase un sencillo ejemplo en el que se incluyen nombres e ideas de múltiples tradiciones:

<<Te invoco, el sin cabeza, que creaste la tierra y el cielo, que creaste la noche y el día, tú el creador de la luz y la oscuridad. Tú eres Osoronophris, al que ningún hombre ha visto nunca. Tú eres Iabas, tú eres Iâpos, tu has distinguido a los justos de los injustos. Tú has hecho al macho y a la hembra, has producido semillas y frutos, has hecho que los hombres se amen unos a otros y se odien unos a otros. Soy Moisés, tu profeta, al que confiaste tus misterios, las ceremonias de Israel; tú produjiste la humedad y la sequedad, y toda clase de alimento. Escúchame, soy un ángel de Phaphro Osoronnophris>>

Este texto ha sido incluido en invocaciones y hechizos de órdenes ocultistas desde el S XIX, precisamente porque la fusión de nombres e ideas es conveniente para los pensamientos mágicos y de universalidad. Por la parte que nos toca, Paphro Osoronnophris parece referirse al "Faraón Ausar Unnefer", una representación faraónica de un dios de los muertos.

Sin embargo, no siempre se daban distinciones tan exageradas entre los dos tipos de magia y tenemos fuentes de hechizos que podían ser utilizados tanto por unos como por otros. Por supuesto, las mayores ceremonias mágico-religiosas tenían lugar en el momento de la muerte y su posterior embalsamamiento, por ello es de los monumentos y objetos funerarios de donde más información sacamos de textos mágicos destinados al bienestar del difunto.

Existe otra división de la magia según su finalidad: la magia funeraria, la magia ceremonial, y la magia individual. Las tres podían ser utilizadas por los sacerdotes, sin embargo, la ultima es la más común a nivel popular, dado que se carecía de ciertos conocimientos superiores para el desarrollo de los rituales religiosos y funerarios, para los cuales se acudía a los sacerdotes y funcionarios correspondientes. La magia popular, al fin y al cabo, no era una magia oficial. Y por supuesto, la magia egipcia "oficial" es siempre benéfica, incluso cuando busca dañar al enemigo, puesto que ese enemigo lo es del faraón. Sin embargo, mucha de la magia individual y sobre todo, la magia de los pueblos extranjeros, es considerada siempre negativa. La proliferación de la magia individual a partir del período helenístico y el Egipto romano tiene mucho de maldiciones, amarres, creación de amuletos, adivinación e invocaciones de espíritus. La magia heka, sin embargo, es siempre una fuerza neutra, cuyo uso depende de los humanos.

La magia en Egipto tiene dos vías que permiten su comprensión y funcionamiento: la primera es la percepción o conceptualización, es decir, el sentimiento y conocimiento de su existencia que tiene lugar "en el corazón". La segunda forma es la enunciación, la verbalización en voz alta de los hechizos. La principal forma de poder mágico era la voz, la palabra, por lo que los encantamientos, siempre que se recitaran adecuadamente, podían alterar la realidad. Puede que esta sea el sentido de la representación de Heka como un niño o joven que se lleva el dedo a la boca, cosa que, por otra parte, se ha querido interpretar en el ocultismo moderno como un gesto iniciático.

Las palabras mágicas (hekay o hekau) también tenían valor al ser puestas por escrito, como ocurría con los amuletos y talismanes. Era especialmente útil en el caso de los amuletos para los difuntos o para los enfermos. En el caso de la representación mágica de figuras e imágenes, o acompañadas de textos, también pueden convertirse en realidad. Por ello en las representaciones de las paredes de las pirámides aparecen las distintas fases y procedimientos que el difunto realizará en Amduat, el más allá. No se trata de una narración a secas, se trata de una realidad que cobrará vida. Los ushebti o figurillas humanas de pequeño tamaño cobrarán vida y servirán al difunto, según indica el capítulo VI del Libro de la Salida al día o Libro de los muertos, cuyo texto llevan escrito.

<< Oh, Ushebti, si el Osiris de (nombre del difunto) requiere que se realice cualquier trabajo allá en el Otro Mundo, o si le fuera impuesta cualquier tarea desagradable, como un hombre ante sus obligaciones, tú deberás decir: ¡Aquí estoy! Si se te requiere a cualquier hora para servir, para cultivar los campos, para regar en las riberas, para llevar arena del este al oeste y viceversa, tú dirás: ¡Aquí estoy! >>

Se cree que son sustitutos de antiguos sacrificios humanos, lo que justifica el pensamiento mágico de su transformación. Del mismo modo, al representar algunos animales salvajes, la imagen está cortada, porque no interesa que un ser peligroso sobre vida y pueda atacar al difunto. Lo mismo se hacía con los enemigos, a los que se representaba decapitados, vencidos, sometidos, para que así fuera en la vida real. También se representaban en los sarcófagos las cuatro puertas del viento del Norte (Osiris), Sur (Ra), Oeste (Isis) y Este (Neftis), para que al abrirlas, el difunto tuviera poder sobre dichas divinidades, o se representaban altares y alimentos para que el ka del difunto no pasara hambre; cuando esto no era posible, se escribía en el mobiliario funerario una oración mediante la cual, cada vez que alguien la leyera, el ka volvía a ver satisfechas sus necesidades. Muchos consideran que esta unión de texto e imagen tenía además una función antropológica y educativa: en una cultura donde la tasa de alfabetización era muy baja, debía ser importante que tanto el texto como la imagen se usaran para que la protección mágica y práctica pudiera ser efectiva.

Existían asimismo los llamados ladrillos mágicos, que contenían maldiciones y advertencias para los demonios de los puntos cardinales, amenazándoles si se atrevían a entrar en las tumbas. Parece ser que estos ladrillos fueron los responsables de las populares "maldiciones de los faraones" que tanto se extendieron en la cultura popular. No obstante sí que existían prescripciones y advertencias en las llamadas tumbas privadas, para que no accediera nadie impuro o con malas intenciones, ya que alguien sí podía acceder si quería presentar sus respectos. Un ejemplo de estos textos enumera

<< (...) a cualquiera que saque un ladrillo de mi tumba, o que saque mi cadáver, o que dañe las imágenes o quiera borrar mi nombre>>

Estos temores no eran infundados, teniendo en cuenta que, en efecto, se destruyeron todas las imágenes y nombres de Hezi, un oficial de la V Dinastía, a excepción de uno al fondo de la capilla, de modo que podemos decir, románticamente, que el hechizo funcionó.

Todos los procesos relacionados con la muerte tienen, cómo no, un fuerte componente mágico-religioso. El ejemplo más claro era el Rito de Embalsamamiento, en cuya preparación todo tiene recitaciones, imágenes y símbolos, antes, durante y después. Los textos funerarios del archiconocido Libro de los muertos contienen fórmulas y prácticas de carácter mágico. El capitulo CLXIII tenia como finalidad que el cuerpo del difunto no se descompusiera, y debían recitarse las palabras de poder delante de tres imágenes: Una serpiente con piernas y un disco solar, un Udyat u Ojo de Horus en cuya pupila habrá una imagen del Dios con la mano levantada con el rostro de un alma divina, y un Udyat en cuya pupila habrá una imagen del Dios con la mano levantada con el rostro de la diosa Neith, y con plumas y una espalda como un halcón. Si esto se efectuaba correctamente, el difunto

<< (...) no será rechazado en ninguna puerta del mundo subterráneo, comerá, beberá y realizará funciones naturales de su cuerpo como cuando lo hacía cuando estaba en la tierra.; y nadie se levantará para gritar contra él; y estará protegido de las manos del enemigo para siempre jamás>>

Encontramos un ejemplo ritual parecido en los capítulos CLXIV y CLXV, donde las palabras de poder debían recitarse ante figuras de apariencias concretas:

<<(...) ante una figura del dios de la mano levantada, que tendrá plumas en su cabeza, sus piernas estarán muy separadas, y la parte media de la figura tendrá forma de escabarajo; se pintará de azul con pintura de lapislázuli mezclada con agua qamai. Y también se recitarán (las palabras de poder) ante una figura con cabeza humana, cuyos brazos y manos están separados del cuerpo; sobre sus hombros derecho e izquierdo habrá una cabeza de carnero. Y se pintará la figura del dios en una pieza de lino inmediatamente sobre el corazón del difunto, y la otra sobre su pecho. Pero no dejes que el dios Sukati, que está en el inframundo, lo sepa.>> (CLXV)

Por otra parte, los textos funerarios son guías para el propio difunto, para que las palabras que dirija a los dioses también sean palabras de poder o heka. Si volvemos al capítulo 261 de los Textos de los Sarcófagos, que termina así:

<< He venido para tomar asiento y recibir mi dignidad, pertenecía al Universo (el Todo) antes de que los dioses hubieran llegado a existir. Desciende, tú que has llegado al final. Yo soy Heka.>> (Textos de los sarcófagos, 261)

contiene una presentación ante los dioses como Heka, y puesto que en el texto original egipcio no hay determinativos de divinidad, algunos estudiosos consideran que la ambigüedad está buscada precisamente para mostrar la "transformación" del mago o persona que recite esas palabras en la propia divinidad.

Asimismo, no es necesario, aunque sí común, que el difunto se presente como distintos dioses, sino que también las palabras de poder pueden pronunciarse para que el difunto pueda salvarse de ciertos monstruos del Más allá, invocando la figura divina o su protección. Sería el caso del llamado Amuleto de la Hebilla de Isis, en el cual está grabado lo siguiente:

<<Que la sangre de Isis, los poderes de Isis, y las palabras de poder de Isis tengan efecto para proteger a este poderoso>>

Pese a la negación que hemos hecho al principio de la actitud iniciática de los gestos divinos, sí que es cierto que los gestos en Egipto tenían una faceta mágica, como es el caso de señalar con el dedo índice y el meñique como acto de protección, un gesto que, por cierto, encontramos en otras muchas culturas.

Al contrario que en el aspecto religioso, para el mago no es necesaria la intermediación o solicitud a un dios para obtener lo deseado, sino que el control sobre la magia permite que la persona modifique o tome personalmente lo que quiera, así como atraiga el poder divino o lo vierta sobre la persona interesada. Heka era un poder y una práctica usada tanto por los humanos como por los dioses, en especial Isis o la propia personificación de la magia, Urethekau, quien con el tiempo pasó a personificar al mismísimo Ra. Hekay se puede entender tanto como el ritual, como las palabras, como el que las dice.

¿Qué permite un acto de hekay? Tenemos distintos ejemplos de ello, que ofrecen imágenes prodigiosas que se alejan de la idea de un ritual "plano" y sin efecto visible, al respecto las narraciones pueden considerarse excesivamente literaturizadas, pero no dejan de ser historias de la antigüedad. El papiro Westcar (ca. S.XVI aC) nos cuenta varias historias, como el caso del escriba Tchatcha-em-Ankh, quien a través de la pronunciación de hekay consigue que las aguas del río se abran para que el faraón pueda devolverle a una joven de su barca un pez de turquesas que se le ha caído al agua, o el sacerdote del rey Nebka, que al saber que su mujer es infiel, modela una figura de cera, la hechiza y pide a un guardia que la tire al río, cerca de donde pasan los adúlteros, de manera que la figura hechizada cobra vida y devora al hombre, y posteriormente capturan y castigan a la mujer.

Otros textos cumplen más el ritual genérico de la magia: recitar un encantamiento, en este caso a Atum y Horus, mientras se preparan ingredientes mágicos que se usarán sobre el cliente. Véase la preparación de los llamados amuletos de Iunu (Heliópolis).

<<(...) Ningún miembro suyo estará sin un dios, que pondrá su sello en lo que encuentre, mientras que los amuletos de Iunu se mantengan apretados en su mano.

Deben decirse las palabras sobre bolitas de cerámica. Se encantarán los miembros del hombre, diciendo este encantamiento contra una muerta que roba como una mujer implorante (¿?). Debe ser golpeado cuatro veces con ello. Colocado bajo la cabeza de un hombre, ningún hombre o mujer muertos podrán perseguirlo>> (Papiro Leiden, 348)

Otro ejemplo lo tenemos en este hechizo contra el ataque de los cocodrilos:

<<Oh, huevo de agua y saliva de la tierra -las cáscaras de la Ogdóada divina- el grande en el cielo, el grande en el inframundo... que es prominente en la Isla de los Cuchillos, es contigo que yo he escapado de las aguas. Emergeré contigo de tu nido. Yo soy Min de Coptos.

Este hechizo debe decirse sobre un huevo de arcilla, que debe ser puesto en la mano de un hombre sobre la proa de un barco. Si algo sale a la superficie, debe ser tirado al agua.>> (Papiro Harris)

En los dos ejemplos expuestos encontramos que la persona a la que se protege mediante el hechizo se "transfigura" en la divinidad, se muestra o parece así ante los enemigos (en el primer caso los espíritus, en el segundo, al cocodrilo), lo que produce temor en ellos.

Recurrir a un poder considerado superior, en este caso divino, es un acto más que evidente en la magia de todas las épocas, y Egipto no es una excepción. La presencia de los dioses intimida a los espíritus malignos y los animales, y ofrece protección y eficacia en el caso de enemigos humanos. Contra la persona que echa mal de ojo, tenemos un hechizo que dice:

<< La flecha de Skhemet está en ti, la heka de Thoth está en tu cuerpo, Isis te maldice, Neftis te castiga, La lanza de Horus está en tu cabeza. >>

Y tras esto, la persona culpable quedaba "ciega", es decir, perdía su capacidad de dañar mediante la vista.

Un hechizo contra las pesadillas invoca a Isis:

<< ¡Ven a mí, madre Isis! ¡Mira, he visto algo que está lejos de mí, en mi propia ciudad!>>

Entonces se continúa recitando como si "Isis" respondiera a su propio hijo:

<< Mira, hijo mío, Horus, sal con lo que hayas visto, que acabe tu enmudecimiento y tu pesadilla se retire. Un fuego saltará contra lo que te ha asustado. He venido a ver que puedo expulsar tus aflicciones, que puedo aniquilar todas las dolencias. ¡Te saludo, buen sueño! Que la noche se vea como el día. Que todas las dolencias que trajo Set, hijo de Nut, se retiren. Ra es victoriosos sobre sus enemigos, yo soy victoriosos sobre mis enemigos! >>

Y a continuación el hombre debía tomar panecillos y hierbas remojadas en mirra y cerveza.

No obstante, al igual que ocurre en los papiros mágicos griegos, las "amenazas" a los dioses tenían cierta presencia en los textos mágicos. Uno de los casos puede ser la creación de un amuleto para conseguir el amor de una mujer:

<< ¡Te saludo, Re' horacte, padre de los dioses! ¡Os saludo, siete Hathor, vestidas envueltas en rojo lino! Os saludo, dioses, señores del cielo y la tierra. Dejad que la mujer (nombre) nacida de (nombre) venga a mí como una vaca tras la hierba, como la sirvienta tras su niña, como el pastor tras su ganado.

Si ellos (los dioses) no le hacen venir tras de mí, ¡prenderé fuego a Busiris, y consumiré en fuego a Osiris! >>


Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
Borghouts, J.F. Ancient Egyptian magical texts. Religious texts tr. series. Brill, Leiden 1978
Frankfurter, D. (ed.), Guide to the Study of Ancient Magic. Brill, Leiden-Boston, 2019
Silverman, D.P. Ancient Egypt. Oxford University Press, 2003
Wallis Budge, E.A., La magia egipcia. J. José de Olañeta (ed.) Barcelona, 2005.

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