Neopaganismo y Magia

19.03.2020

Tanto el neopaganismo como las corrientes New Age son enmarcadas en lo que se denomina Nuevos Movimientos Religiosos. Al contrario de lo que suele pensarse o notarse por la sociedad, estos movimientos religiosos no son "destructores de la religión", ni mucho menos. Antes bien, son una manera repensada de la misma. En un mundo que tiende a la secularización, y donde la predominancia de grandes religiones jerarquizadas compite dentro de su propio seno con ramas y sectas, a la par que con las ideas de comunidad e individuo, enmarcadas ahora en una sociedad global e infinitamente distinta a aquellas en las que se forjaron, estos movimientos son para muchos la respuesta a la espiritualidad que sienten perdida entre políticas, radicalismos y una evolución social que no puede mantener dichas formas.

Entre los Nuevos Movimientos Religiosos hay comunidades de todo tipo y de todas las creencias posibles. Hay movimientos sectarios, hay movimientos conservadores, liberales, hay movimientos que nacen y mueren con su carismático líder, y son casos repetidos en todo el mundo. Podría decirse, de alguna forma, que estos movimientos serían considerados heréticos por las religiones mayoritarias. Pero centrándonos en el título, deberemos restringir la información a lo que ocurre principalmente en el llamado Mundo Occidental.

El neopaganismo toma su nombre de neo- (gr. Nuevo) y pagan- (lat. Paganus, aldeano). El término pagano fue una expresión peyorativa para referirse a la gente del pueblo, a posteriori considerada menos culta, que, cuando el cristianismo se alzaba como religión mayoritaria, allá por el siglo S.IV, continuaban con prácticas de su religión tradicional. Con este término acabó por designarse a todas las religiones precristianas existentes en el territorio que luego ganaría el cristianismo, es decir, griegos, romanos, celtas, culturas eslavas y nórdicas, incluso egipcios... Actualmente, se considera que los últimos paganos europeos existentes son una pequeña comunidad ugrofinesa de Mari El, que a pesar de todo ha conseguido en gran medida conservar sus tradiciones y festividades ancestrales sin apenas modificaciones; algo más compleja es la defensa del paganismo lituano, ya que el paganismo allí decayó hacia el S.XIII y la conservación de las prácticas religiosas tradicionales se asoció más con la posibilidad de argumentar ciertas soberanías lituanas que con un mantenimiento general de la población. Por ello, los estudiosos hablan de "recuperación" de tradiciones, y por tanto de Neopaganismo, es decir, un "nuevo" o "joven" paganismo. 

Cuando estas culturas no pertenecían al territorio europeo, o incluso si consideran ir más allá de las religiones precristianas, entonces se les suele dar el apelativo de Neochamanismo. A pesar de merecer un artículo sólo para ello, vale la pena mencionar que tampoco ha quedado exento de las influencias de la New Age en materia de espiritualidad, ni de las diversas ramas esotéricas orientales y occidentales. Su característica principal podría definirse, resumidamente, en la intención de alcanzar, principalmente mediante trances, una comunicación con la divinidad o los espíritus de la misma manera que tendrían los ancestros de las culturas en que se basan.

De esta forma. Todos aquellos movimientos que buscan la recuperación y resurgimiento de tradiciones precristianas reciben el nombre de neopaganismo, y consecuentemente, muchos de sus actos son señalados como magia, no sólo por salirse de una liturgia acostumbrada, y generalmente de corte estatal, sino porque contienen un pensamiento mágico intrínseco. Sin embargo, si estudiamos acerca de la magia en la antigüedad, descubrimos que la magia tenía entornos muy concretos de actuación. En Grecia y Roma, la magia ocupaba un lugar marginal y castigado penalmente en la sociedad, lo que no quiere decir que la gente de a pie no pudiera creerla o practicarla, puesto que también eran sociedades muy supersticiosas -abundan los amuletos y las maldiciones- pero se enmarcaban en aquello que es externo al culto religioso estatal. En el mundo nórdico y celta la magia estaba reservada a grupos concretos dentro del sacerdocio o comunidad religiosa, como los actos mágicos de los druidas o las völvas escandinavas: no se llevaban a cabo actos mágicos abiertamente ni la población general presumía de sus conocimientos sobre ello. En Egipto, con su cultura fascinante, parece que la magia hubiese estado a la orden del día, mas tampoco es así, puesto que a pesar de que Hekau, la magia como potencia creadora, estaba muy presente en su religión, el conocimiento y uso legal de ésta estaba igualmente reservada al grupo sacerdotal. Entonces, ¿por qué los neopaganismos se encuentran plagados de rituales mágicos expuestos con tanta frecuencia?

Esto se debe a tres cuestiones principales: la primera, que pertenecen a un grupo de Nuevos Movimientos Religiosos que tienen como base un pensamiento esotérico, en cuanto a la concepción del ser humano como un ser que puede trascender mediante ciertas prácticas y conocimientos de corte gnóstico y/o hermético. Entre estos movimientos se encuentran también el espiritismo de Allan Kardec (1804-1869) , la teosofía de Helena Blavatsky (1831-1891) e incluso mormones o masones, sin dejar de lado tampoco la Cienciología o la Magia del Caos (ambos movimientos del S.XX). El Neopaganismo contempla la espiritualidad, generalmente, desde un punto de vista de comunión con la Naturaleza, de corte sagrado, donde el ser humano encaja. Se trata, por tanto, de una espiritualidad no devocional, sino práctica, y ésta sólo puede ser llevada a cabo mediante rituales que requieren participación activa, es decir, dentro de la concepción de influencia, poder y control de la magia. Además, se concentran en el regreso a lo que consideran una unión entre la divinidad y el ser humano, puesto que en las religiones actuales, sobre todo en las religiones monoteístas, la divinidad es vista como lejana, ociosa pero descuidada.

La segunda causa es que en Europa, y luego en América, el esoterismo y posteriormente el ocultismo han permanecido, continuamente cambiantes, en muchos círculos y sociedades a lo largo de la historia, a veces en unión con la ciencia y otras veces con la propia teología, cuando no eran perseguidos por esta. La fascinación por las ciencias ocultas despegó desde el S.XVIII para no detenerse. Se fundó un mayor número de órdenes ocultas, que pese a su búsqueda de originalidad no pudieron evitar vincularse con las leyendas propias de Europa, especialmente celtas o nórdicas, o con los templarios, o con los rosacruces, y por supuesto, con las prácticas mágicas, que en los círculos de habla anglosajona denominan magick, con k (en los países de habla hispana, el término Makgia no termina de cuajar igual) , para distinguirlo de alguna forma de la prestidigitación - aunque también hay teorías acerca de un origen simbólico iniciado y perpetuado por el propio Crowley.

La tercera, la herejía intencionada. Las persecuciones que tuvieron lugar por parte de la Iglesia y de los creyentes cristianos, primero hacia los paganos y luego en las cazas de brujas es el punto de partida de muchas de las reivindicaciones promovidas por el neopaganismo. En este sentido la Wicca es el ejemplo más llamativo. En la Wicca - cuya etimología parece tomada del anglosajón antiguo wicce, bruja/o o sabia/o -, iniciada por Gerald Gardner (1844-1964) sin las pretensiones que se exponen, - él habla de la brujería tradicional, y por ello la Wicca contiene muchísimos elementos esotéricos reconocibles por la gran mayoría de la población; muchas de sus practicantes ,suelen ser mayoría femenina, manifiestan su rivalidad social mediante apelaciones a las quemas de brujas y a la opresión a la que la mujer se ha visto sometida, a veces llevando el feminismo por bandera y otras llegando a excluir a los hombres, lo que aleja a muchos de esta nueva religión; pero generalmente son seguidores de una corriente duoteísta, masculino-femenino, aunque con predominancia de una Madre Naturaleza general. Asimismo, existen muchísimas ramas y aseguran no ser cerradas, por lo que puede decirse que existe, como indicaba Cunningham (1956-1993) , una Wicca individual.

Lo mismo ocurre en el neodruidismo, y el bardismo místico, que pretenden que hubo una continuación ininterrumpida de la cultura celta, vista a menudo a través de las leyendas medievales y por ello algo fantaseada, hasta el siglo XII, donde se transformó y pervivió oculta del cristianismo y ocultada por este, hasta poder surgir de nuevo, como ocurrió a partir del S.XVIII, gracias a John Toland, sobre todo en las islas británicas y posteriormente en otros territorios continentales. Los rituales, en su búsqueda llamativa, incluyen muchos elementos esotéricos tradicionales asociados al mundo celta y medieval, también con cierta vinculación naturalista. Esta corriente tiene la suerte de que los futhark y el uso esotérico de las runas han mantenido cierta continuidad: sin embargo, su alfabeto es fusionado a menudo con el nórdico, y se presta muchísima menos atención a la escritura oghámica celta, auténtica lengua secreta celta, que por su dificultad de conocimiento no ha perdurado de la misma manera.

El völkish, surgido en la Alemania del XIX, y relacionado en aquél momento con las teorías ariosóficas, buscaba en su día, vinculada al naciente nacionalsocialismo, una exaltación cultural que reunió también a muchos filósofos y ocultistas de la época: es la época de las runas y los ritos de poder; en la actualidad, salvo ciertos sectores que pretenden mantener las ideas de superioridad aria y recurren al völkisch para llamar la atención cuando la política las falla, los neopaganos germánicos comparten mucho con los Asatrúes, (S.XX), Odinistas y seguidores de la tradición religiosa nórdica-vikinga, muchos de los cuales en la actualidad se autodenominan "infieles" como respuesta al abandono de la religión predominante, y dan uso a la magia dentro de concepciones naturales y de conocimiento. Las runas, por su parte, como se ha podido ver en diversos artículos expuestos con anterioridad, ya tenían un origen mítico-mágico, y su difusión en el mundo esotérico moderno las convierte en una herramienta mágica muy accesible y extendida. En cuanto a la predominancia de género, se cuenta una mayoría de hombres: sin embargo, es más que probable que sea un dato en parte falseado por la influencia estética vikinga sobre la masculinidad y la publicidad que se le ha dado a la misma.

No obstante, deben tenerse en cuenta casos intermedios y casos en los que el neopaganismo no ejerce magia, tal vez por el estudio riguroso de la religión recreada y sentida, o por la costumbre heredada culturalmente de las religiones monoteístas de las que suelen escapar. Es el caso del mundo grecorromano: en el dodecateísmo y la Via Romana, las religiones griegas y romanas recuperadas, con la excepción de la adivinación en ciertos contextos, y que en esos casos no pueden ser tenidos por magia porque en el pasado tampoco lo fueron, no realizan uso de artes ocultas o esotéricas. Sin embargo, en apariencia su uso tampoco se condena.

En el Kemetismo o paganismo egipcio (kemet = tierra negra = Egipto), influyen más los ocultistas occidentales fascinados por su cultura, centrados en sus ritos y divinidades como ancestrales y poderosas, que las verdaderas tradiciones egipcias recuperadas y practicadas. No hay más que ver las órdenes ocultistas europeas y los elementos que luego Aleister Crowley vinculó a Thélema, a su magia y su tarot, simbolismos de esta cultura que le fascinaba, además de haber sido en el Cairo donde conoció a Aiwass; la admiración deja también casos como de que el kemetismo ortodoxo se considera fundado en los años 80 por Tamara L. Suida, en Chicago, en lugar de haber encontrado un lugar en territorio africano, donde se acude solo para eventos concretos. Este kemetismo ortodoxo es monólatra, -como, en parte, lo era la religión egipcia: muchos dioses en una sola unidad-, pero existen kemetismos politeístas, monoteístas, "seguidores" de la reforma de Akenatón, panteístas, y continuadores de corrientes filosóficas monistas. También tienen su vertiente política (como Ausar Auset, afrocentrista). Sus ritos son ciertamente impresionantes, pero la magia no es un elemento principal: otra cosa es que, por desconocimiento, muchos de sus rituales puedan tomarse como tales, incluso entre los propios practicantes.

Pero la "herejía" no es exclusiva de la parte religiosa, sino también social: es un revolución contra un mundo globalizado que obligar a perder identidad, contra un mundo material; contra una sociedad que, por su base cultural religiosa, reprime a sectores concretos de la población; contra la destrucción del entorno natural, ya que en muchas corrientes es en la naturaleza donde se manifiesta la divinidad, y donde el ser humano puede, propiamente, demostrar su superioridad moral y espiritual.

En las comunidades neopaganas, debido a este totum revolutum de ideas pasadas y recientes, existen dudas entre los propios fieles, hasta el punto de entremezclar magia y religión como un solo acto. Pongamos un ejemplo: un ritual estacional, con fines purificatorios, no tiene por qué ser necesariamente mágico, y sin embargo, puede ser tenido como tal por un practicante, si este considera que está tomando un papel activo y necesario para la eficacia del ritual; pero también puede no ser tenido por mágico, si se cree que se está ofrendando algo a la divinidad para que sea ella la encargada de dicha purificación. De la misma manera, un ritual de protección, llevado a cabo por una persona hacia otra, puede ser tenido por un acto religioso de solicitud a los dioses, o un acto mágico que, mediante las palabras y los distintos elementos utilizados, tengan efectividad sin intervención divina alguna, naciendo la magia de los individuos o del propio ritual bien efectuado.

Esto último puede deberse asimismo a que encontramos la existencia de pensamiento mágico entre sus practicantes, esto es, la creencia en la existencia y eficacia de la magia, a un nivel superior. A veces por la influencia New Age, las ideas entorno a la capacidad espiritual de los seres humanos, que se encuentra mermada o dormida, la rápida expansión de las ideas entorno a la reencarnación o el propio espiritismo, o sin ir más lejos, el mito, muy extendido, de que sólo utilizamos un porcentaje ínfimo de nuestra capacidad cerebral: todas estas teorías y creencias están muy extendidas en distintos ámbitos y generaciones, y esto promueve la facilidad de aceptación de un hecho en el que podrían afectar e influir, como es la práctica mágica. Es el caso de la cuestión psicológica, donde Jung (1875-1961) juega un papel principal, a raíz de sus estudios acerca del inconsciente, el simbolismo, la universalidad del mito, la mística, los sueños, o su teoría de la transferencia. Muchas teorías científicas han sido releídas, repensadas o recreadas para tales fines, como que la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma, entendiendo por tal energía el espíritu, y acudiendo con esta premisa a teorías de reencarnación o pervivencia tras la muerte. La física cuántica también ha jugado un papel importante en esto: la matemática, las dimensiones espaciales, las teorías de posibilidad y probabilidad, y un largo etcétera de los que se han buscado comparativas y paralelismos con religiones como el hinduismo, o las prácticas cabalísticas. En cualquier caso, el pensamiento mágico, siguiendo las líneas de la antropología y la historia de las religiones, no sólo tiene los mismos límites confusos con la religión que los del tipo expresado en el párrafo anterior, sino que es un común de la humanidad desde los albores.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
-Filoramo G. (ed.) Diccionario de las religiones. Akal, Madrid, 2001.
-Morris. B. Religión y antropología. Una introducción crítica. Akal, 2009, Madrid.
-Rodríguez Santidrián, P. Diccionario de las religiones. Alianza editorial, 2004, Madrid.
-Siegler, E. Nuevos movimientos religiosos, Akal, 2005 Madrid.

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