Egregores y Tulpas: Diferencias, Creación y Protección

15.06.2026

Cuando en el mundo de la magia se habla de la creación familiares o espíritus acompañantes, a menudo aparecen dos términos: egregores y tulpas. Estás dos palabras designan seres parecidos en su creación, pero muy diferentes en la práctica. Vamos a analizarlos por separado para conocer mejor sus naturalezas.

Egregores

El egregor (del griego, egrégoros: despierto, vigilante) es un término utilizado sobre todo en el ocultismo de los siglos XIX en adelante, aunque la idea en sí misma es mucho más antigua. Un egregor o egrégor es una entidad que nace de la fuerza de un pensamiento colectivo, y que puede continuar su existencia como una entidad vigilante, en un espacio concreto, a la espera de manifestarse o intervenir en las energías del lugar y de la gente.
Se cree que la convicción mental y espiritual son capaces de crear (es la base del pensamiento mágico). Un grupo, comunidad o sociedad con una misma idea o pensamiento puede dar vida a algo, a un ente espiritual o divinidad, que puede ser percibida por aquellos que creen en ella (sus creadores y sustentadores), pero llegando al punto de ser detectada también por personas externas.

Desde el punto de vista de a antropología y la psicología, estos egregores han sido rápidamente identificados con conceptos morales y divinidades. Dicho de otro modo, y sin sesgos ateístas, los dioses y espíritus habrían sido creados y mantenidos por el poder de la mante y la fe de los seres humanos. Energías que toman forma.
Desde el punto de vista del ocultismo, es posible que un grupo esotérico cree una entidad de cero a través de rituales de proyección.

¿Un ser colectivo o una suma de individualidades?

Sí el egregor es pura existencia psíquica tendría las capacidades y pensamientos del colectivo, siendo no sólo un símbolo, sino también un ideal, una verdad, una razón. Con base en esto muchos ven en el egregor una figura clave en las iniciaciones mistéricas y de órdenes ocultas, donde la percepción y entendimiento del egregor supondría para el iniciado la aceptación.
Dicho de otro modo, una imagen, símbolo o experiencia común, idéntica para todos los intervinientes, permite la creación de un egregor o egregores con todos los pensamientos unidos en la misma línea, todos proyectando lo mismo: de ahí la importancia de los símbolos mágicos, del uso de los tatvas o los sigilos, meditaciones guiadas, mandalas y códigos secretos, etc, que manifiesten lo mismo para los iniciados.

Empero hay voces contrarias, como las de algunos grupos masónicos, que niegan en sí mismo el concepto de egregor como entidad compartida, puesto que cualquier energía provendría de un trabajo individual, y por lo tanto diferente, imposible de fusionar en una entidad única y equilibrada.
En palabras de René Guenón (1952), un egregor sería solamente un "ensanchamiento" de la individualidad, pero individualidad al fin y al cabo.

Consideran, pues, que una entidad espiritual se acerca por simpatía a los seres humanos, por coincidencias en sus pensamientos, pero jamás porque sean "uno". Es el objetivo del ser humano, de hecho, deshacerse de su individualidad para alcanzar la Totalidad, por lo que creaciones con los pensamientos de varios individuos, que no son aún el Todo, nunca serían una fusión, sino un puzzle.

Egregores y la defensa psicológica

Aunque se trata de un aspecto de moral humana, el hecho de que se proyecten y unifiquen pensamientos y energías en la creación de un egregor no exime de que estos pensamientos y energías puedan ser negativos. El egregor se puede crear con esta intención, si bien su finalidad queda en la controversia.

Recordemos no obstante que los egregores no siempre surgen de un grupo organizado ni de ideas activas. Igual que algunas divinidades o ideas espirituales surgen de pensamientos colectivos y reiterados, esto también puede darse en situaciones donde el miedo, el odio y la muerte hayan tenido una presencia continua y vivida. Hablando vulgarmente, podrían identificarse como esas "malas sensaciones", "malas vibraciones" o malestares espirituales generales que las personas sienten al acudir a lugares donde sucedieron cosas terribles durante un lapso de tiempo.

El principal problema de los egregores malignos es que, igual que un egregor benigno puede provocar sentimientos positivos, euforia, alegría, tranquilidad, etc, éstos no sólo provocan malestar, sino que transmutan negativamente las energías de quienes se encuentren alrededor, alimentándose para mantenerse presente. Por ello existen defensas específicas dentro de la psicología y el esoterismo.
La primera de todas, no prestar atención, distraerse. La segunda, realizar o pensar algo contrario a lo que ese egregor evoca. En tercer lugar, si es posible, realizar limpiezas energeticas y meditaciones repetitivas.
A continuación vendría la parte que ya no es individual, sino también colectiva: identificar a los creadores o en su defecto a los potenciadores de esa entidad y anularlos. Igualmente puede reunirse un grupo de personas con el pensamiento común de eliminar ese egregor, o al menos hacerlo menos agresivo, si bien esto requiere mucha concentración y voluntad por parte de los participantes.

Algunos creen que lo mejor que se puede hacer con un egregor es dejarlo hasta que sea olvidado y desaparezca. El problema es que, ya se crea en lo psicológico o en lo astral, estás presencias son extremadamente longevas y potentes. Por ello aún perviven, se dice, las voces de pueblos antiguos, las sensaciones de paz en santuarios (naturales o no), y el silencio en los antiguos campos de batalla. Los egregores dependen de la faceta psicológica, pero sí también quedan "pegados" a objetos y lugares, por lo que su eliminación en ocasiones pasa por ser un pequeño proceso de difuminado para evitar la intervención directa de energías.

Tulpas

Hablemos ahora de qué es una tulpa. Se trata de una creación psíquica y espiritual, una entidad viva como el egregor, pero realizada por una sola persona, y además, a la que se suelen atribuir mayor inteligencia y libertad.
Para muchos es un tipo de egregor, sin embargo, además de su creación individual, otra de sus diferencias es que no supone una idea o verdad, o un concepto abstracto: suele tratarse de una entidad con características y personalidad concretas según el deseo de su creador.

El nombre de tulpa se popularizó gracias a Alexandra David-Neel, la primera persona occidental que logró ser admitida en territorio tibetano sagrado, quien en sus novelas de viajes, habló de la capacidad de los monjes (y de ella misma) para crear una entidad acompañante, la tulpa, malinterpretando la palabra tibetana སྤྲུལ་པ་, sprul pa, "emanación mágica". En el mundo del esoterismo, la tulpa también se hizo conocida por la Teosofía, que mezcló el concepto con tulku, "emanación".
La creación mediante la emanación de energías y trabajo mental queda claro. La meditación intensa es la herramienta predilecta para ello, aunque se advierte del esfuerzo y del tiempo que conlleva. Hay quienes se "especializan" en crear tulpas, que se denominan a sí mismos tulpamantes, pero esto es algo exclusivo del ocultismo moderno y nada tiene que ver con las tulpas originales tibetanas, si acaso alguna vez las hubo como tal. De hecho, en la brujería tradicional se insta a la creación-atracción de familiares y espíritus, antes que de tulpas, por la complejidad y peligro que conlleva su individualidad e indiferencia a los creadores.

Entidades independientes

Las emanaciones de la mística tibetana, fuera de la visión ocultista occidental, se dedican exclusivamente a la creación puntual de entidades destinadas al apoyo en las prácticas mágicas y meditativas, así como a la filosofía de la vida, en cuanto a las diversas existencias ,diversos mundos o dimensiones, las capacidades y limitaciones humanas, etc. Estas emanaciones son siempre controladas de principio a fin, y no todos pueden realizarlas.

Por el contrario, a partir de la narración de Alexandra David-Neel y su experiencia creando una tulpa, en el mundo occidental se consideró un fenómeno mucho más común: ella cuenta que al principio, tras mucho tiempo, logró crear una entidad amable y pacífica, con la apariencia concreta de un monje bonachón, y que le acompañaba y ayudaba. Según su propio testimonio, algunas otras personas eran capaces de percibir la presencia de su tulpa, ya fuera intuyendo una presencia o habiendo creído ver a alguien a su lado. El problema llegó cuando la tulpa fue desarrollando su propia personalidad, adelgazando y cambiando sus facciones y personalidad hasta convertirse en un monje inquietante y terrorífico, que se dedicaba a espiar a la gente, revolver sus cosas y crear malestar allí donde iba. Este nuevo aspecto también era visto y percibido por algunas personas a su alrededor, que sentían ambientes cargados, sucios o incómodos, o sentían ser observados cuando hablaban con Alexandra o habían hablado recientemente.

Como puede comprobarse en la narración, la tulpa es creada con una intención y una apariencia, que cambia posteriormente sin intervención alguna de la persona creadora: se vuelve independiente y cambia. Esto, en los conceptos actuales del ocultismo, ha evolucionado a dos vertientes: la primera, si las tulpas siempre "empeoran" o si se trata de falta de atención o cuidados; la segunda, si es posible crear, como ocurría con los egregores, una tulpa directamente maligna.
A esto se añade el hecho de que, si son independientes pero no dependen del mantenimiento de una idea, ¿podrían sobrevivir sin su creador o sin un sustentador? Como dijimos anteriormente, en el esoterismo y ocultismo occidental se han percibido presencias, registradas en leyendas, que en realidad podrían ser tulpas, creadas en su día con intención y que posteriormente se liberaron: sería el caso de leyendas urbanas, fantasmas y personajes surgidos de la literatura, y experiencias paranormales con patrones comunes, como las visiones repetidas de ciertos seres, de descripciones idénticas incluso en personas que no los conocían ni se conocían entre sí.

Defensa contra las tulpas

Entes benévolos y bien trabajados por los ocultistas o tulpamantes cumplirán sus funciones y, aunque desarrollen personalidad o deseos de libertad, aceptarán la liberación al plano mental o "finalización" en este plano de sus tareas. Hay quienes afirman que es este mundo terrnal y físico el que pervierte a las tulpas, y por eso deben ser "devueltas" al plano mental o metafísico.
Otros piensan que si una tulpa se pervierte o es malvada por naturaleza, no aceptará ese cierre o regreso. Además, requeriría energía de personas que puedan verla o sentirla, provocando atención para atraer a más personas (algo así como lo que ocurre con fantasmas en casas encantadas o lugares de leyendas o avistamientos, que siempre resultan muy atractivos). En algunas ocasiones, si el creador no tiene la suficiente fortaleza psicológica, puede que se alimente de él.

En cualquiera de estos casos es necesaria una defensa y destrucción o destierro de esa entidad. Se repiten los mismos pasos que con el egregor: ignorar, distraerse, limpiezas energéticas y meditaciones, aunque en el caso de las tulpas también sirven las defensas espirituales que puedan molestar a la tulpa en concreto: algunos actos, amuletos, olores, sonidos o colores que se sepa, por su personalidad al crearla, que le son molestos.

Existe un aspecto especial, bueno y malo al mismo tiempo: al ser una criatura personal, en esa persona está la capacidad de eliminar a la tulpa. Si regresamos a la historia de Alexandra, ella cuenta que le costó mucho, mucho tiempo de oración ,meditaciones, ejercicios y ayunos conseguir que el monje inquietante desapareciera. Se trata, después de todo, de un proceso de destrucción mental tan complicado como el de su creación, pero esta vez, deseando lo inverso. Según ella, la presencia se hacía cada vez menos notable, menos visible, hasta que un día desapareció del todo.
En el caso del ocultismo, si bien hay mucho patrón orientalista que repite este ritual meditativo, también se recurre a hechizos de destierro y destrucción, además de limpias físicas y espirituales.

Tal y como vimos con los egregores, la entidad colectiva es mucho más perenne y amplia, y por eso su eliminación pasa más bien por una neutralización que por un verdadero olvido. En el caso de las Tulpas, sean benéficas o maléficas, pueden (y deben) ser eliminadas o desterradas/retornadas cuando ya no son necesarias, ya que no quedan ancladas necesariamente a personas, objetos o lugares, sino que pueden actuar libremente allí donde encuentren alimento energético.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada -pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
-Calle, R.A. Diccionario de Orientalismo y Budismo. Tikal, 1999

-Elwood, T. Walking with Magical EntitiesHow to Create and Work with Servitors, Egregores, and Thought Forms to Get Consistent Results. 2020

-Preciado, I. Svastika. Religión y magia en el Tibet. Oberón, 2003. 

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