La Catrina y la Diosa Mictecacihuatl: relacionadas, pero no iguales

20.10.2026

El Día de Muertos en México es reconocido en el exterior sobre todo por sus vivos colores y sus decoraciones de calaveras, que recuerdan la muerte pero también a sus difuntos con alegría. El altar de muertos, el cempasuchil, el pan de muerto, y las "catrinas" son un valor cultural autóctono del pueblo mexicano que toma muchas formas a lo largo de todo el territorio. No obstante, hay también una base prehispánica, mexica, en la historia y ciencia de esta celebración, que fue movida de fecha por el Cristianismo, y la mejor forma de comenzar a conocerlo es por una de sus figuras más representativas: la Catrina.


Un origen reciente

La Catrina fue creada como "la Calavera Garbancera" entre 1910 y 1913 por el grabador mexicano José Guadalupe Posada. Su intención era criticar y hacer sátira de aquellos mexicanos que imitaban las modas europeas y norteamericanas, a pesar de vivir de la venta de garbanzos. Para Posada, el mexicano que hacía eso estaba dando la espalda a sus raíces y a su propia identidad, y vendiéndose como si los rasgos indígenas no fueran motivos de orgullo, sino de vergüenza. Ya se habían dibujado muchos esqueletos con mostachos, sombreros de ala ancha y chaquetas caras, montando en bicicleta, bebiendo o fumando, actividades "aristocráticas", pero la Calavera Garbancera era la primera dama en presentarse también así. La forma burlona de referirse a la aristocracia mexicana era llamarlos "catrines".

Pero la Calavera Garbancera ganó bastante popularidad, pasando de ser un modelo de algo vergonzoso de hacer, a algo que revelaba en el fondo una necesidad de reivindicación.

Así, en 1948, el muralista Diego Rivera la viste de gala, con una serpiente emplumada como boa en el cuello (referencia a Quetzlcoalt) y la bautizó como La Catrina, convirtiéndola en un símbolo nacional.

Sin embargo no puede negarse que en la imagen del esqueleto y la muerte, comúnmente adornadas, se juntaban el folclore y los restos culturales de las culturas mexicas, especialmente aztecas, donde existían divinidades de la muerte que eran representadas como esqueletos.

Esto no quiere decir que la Catrina tenga origen azteca: quiere decir que la imagen del esqueleto tiene mucha fuerza en territorio mexicano desde antiguo.

Está fuerza perduraba en las ideas de que la muerte iguala a todos como en la literatura, donde por cierto se llamaba "calaveras" a pequeñas rimas que se hacían en las fechas de Noche de Difuntos, en las Danzas macabras con vestuario de esqueletos, y también en la propia Iglesia, donde las reliquias de huesos de santos seguían impulsando la imagen cadavérica para el valor de la vida, la muerte y la resurrección.


Mictecacihuatl : una diosa buena con los muertos

Entre los aztecas, la reina del Mitclán o Inframundo era la diosa Mictecacihuatl, quien murió nada más nacer, consagrándose así a su misión divina. Junto con su esposo Mictlantecuhtli, reinaban en el Otro Lado, pero ella era más quien cuidaba del umbral: ella ayudaba en los partos cortando el cordón umbilical, comenzando la vida, y también acompañaba a las almas al morir. Era la vigilante de los huesos de los difuntos (llenos aún de la energía que permitía la vida en el más allá y un posible renacer), y recibía las ofrendas y oraciones de quienes pedían bienestar para sus muertos o para su propia muerte, así como auxiliaba a las almas que no habían llegado al Mitclán, sino a otro de los diferentes inframundos que contempla la cosmología mexica.

Todavía más importante era su papel al permitir que las almas regresaran a visitar a los vivos. Por eso su presencia era muy relevante en las fechas donde se creía que las puertas entre ambos mundos se abrían, que eran finales de agosto y principios de septiembre. Y por eso hoy día se ha asociado que los altares y las catrinas son una transformación de estos cultos.

Una parte importante para entender por qué se sigue pensando en la relación entre la Catrina y Mictecacihuatl es la estética. La diosa azteca era representada como un esqueleto, o al menos con la cara y parte del torso totalmente descarnados, sin piel ni músculo, dejando a la vista los huesos de las costillas e incluso los órganos, y con el cabello alborotado. Esta iconografía se repite en los disfraces que hacen referencia a la muerte y al mundo prehispánico en los desfiles y fiestas del Día de Muertos, pero NO a la Catrina, aunque resulte difícil hacer la distinción desde una cultura ajena. La Catrina, siempre va elegantemente vestida y repeinada.

De nuevo repetimos: la Catrina, como tal, no viene directamente de Mictecacihuatl, sino que la imagen de la mujer esqueleto estaba presente siglos antes de la llegada del cristianismo. Mictecacihuatl representa la muerte, Catrina representa la igualdad: la primera es religión, la segunda es sátira política.

Además, Mictecacihuatl es una deidad femenina, pero no la única representada con calavera: Mictlantecuhtli, el esposo de Mictecacihuatl, tiene igualmente un cráneo visible como rostro;

el dios maya Ah Puch es un dios del inframundo que también lleva cabeza y torso descarnados; entre los zapotecas, Pitao Bezelao es representado con cabeza de calavera. Y entre los mixtecas, la muerte era representada directamente como un esqueleto, al que daban el nombre de Iya Andaya (o Yaa an Dzaaya), junto con su mujer Ñu q Cuañe, quien llevaba una máscara de hueso.

Por lo tanto, hablar solamente de Mictecacihuatl como modelo de la Catrina podría resultar reduccionista a nivel cultural.


Sincretismo y flores

Los españoles creyeron equivocadamente que los altares a los muertos eran altares a Mictecacihuatl y semejantes, dicho de otro modo, creían que adoraban a la Muerte. Eso chocaba frontalmente con el cristianismo, donde la muerte es vencida por Cristo. De alguna forma, moviendo la fecha e imponiendo las cruces, los cristianos "eliminaron" la figura del esqueleto para dar paso a la del difunto cristiano y la resurrección. Aunque si bien no quedó el nombre de la diosa sí que permanecieron el uso de esqueletos en el aspecto más macabro y festivo de estas fechas.

Uno de los dilemas de la separación y al mismo tiempo muestra del sincretismo cultural entre el cristianismo y las antiguas creencias mexicas es la iconografía de las flores. Las flores, tanto para los indígenas como para los españoles eran un símbolo de vida y renacimiento, de primavera, y eran una ofrenda común a los dioses y también un gran elemento decorativo. Sin embargo, Mictecacihuatl en los restos antiguos conservados nunca es representada con flores, ya que el Mitclán es todo lo contrario: la diosa aparece rodeada de serpientes y murciélagos, así como sus otros paralelos religiosos.

La Catrina tampoco tiene las flores como elementos principal: en todo caso, forman parte de su atuendo elegante.

Pero héte aquí que las dos son esqueletos y que entre las decoraciones a los muertos y la tradición cristiana para el Día de Todos los Santos y Todos los Difuntos, movidas a los días 1 y 2 de noviembre, las flores son las grandes protagonistas. Así que las flores, especialmente el cempasúchil, la caléndula, el clavel y otras especies brillantes, se acaban asociando a los muertos, y por lo tanto también a las dos figuras huesudas. En el arte popular moderno, las flores no faltan en los vestidos de las Catrinas, y tampoco en su maquillaje, decorando su cráneo. En cuanto a Mictecacihuatl, las representaciones modernas eliminan su aspecto macabro para darle una imagen más amigable, coronándola o maquillándola con las mencionadas flores: y así se estrecha aún más un vínculo que no existía hasta hace unos siglos.


Nuevos conceptos

Ahora bien, los movimientos de reivindicación prehispanistas y también de recuperación religiosa han aprovechado todas las semejanzas para establecer a la diosa en la fiesta de formas directas sin romper la tradición cristiana, bastante enraizada ya, a través de un sincretismo cultural, social y religioso. La Catrina sería la continuación espiritual de las imágenes grotescas de la muerte, vueltas amigables y cercanas, como un "memento mori" (recuerda que vas a morir) que al mismo tiempo permite disfrutar de la vida (vestir bien).

La diosa Mictecacihuatl, en su faceta femenina y de umbral, ha sido revisitada como diosa de la vida y la muerte, o mejor dicho, del renacimiento. Por eso las flores han cuajado tanto en sus nuevas representaciones. Algunos grupos de corte chamánico la han revestido de un aura de Diosa al nivel de otras diosas de mitologías diferentes, como Kali en la India, Perséfone o Venus en el mundo grecorromano, Morrigan en el mundo celta, etc. Pero realmente haciendo esto caen, desde el punto de vista etnológico, en el error de comparar a Mictecacihuatl para defender su nuevo estatus, cuando lo lógico sería apreciarla incluso cuando no tuviera paralelos culturales.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada -pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:

-Alves, S. Mexicas e mexicanos: a morte como identidade cultural. Revista Agenda Social 9 (2), 82-90, 2016.

-Duncan, V. Entre flores nos reciben y entre ellas nos despiden: Historia y tradición del Día de Muertos. Larousse-Hachette ediciones, 2026

-Fugellie Gezan, I. La Catrina: una imagen para la eternidad. Revista Diseño en Síntesis n° 47-48, Universidad Autónoma de México, 2012


Share
Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional. Update cookies preferences