La magia con huesos: rituales y adivinación
La mayoría de usos mágicos de huesos se basan en la magia simpática, en la cual lo semejante actúa sobre lo semejante, pero con la excepción de que se centra en lo espiritual.
El uso de huesos en magia debe estar marcado por el respeto hacia la vida, la naturaleza y la muerte. Hay quienes buscan huesos de animales sacrificados o de personas con una mala vida con la finalidad de usarlos en magia negra y maldiciones. Otros, la mayoría, buscan huesos de forma ética, en restos de la naturaleza o donaciones, evitando mercados y expolios.
Lo primero para utilizar huesos es ritualizarlos. Los huesos deben ser limpiados de toda carne y tratados con cuidado. Blanquearlos con lejía no es necesario, aunque se recomienda encarecidamente por la higiene. Los huesos son después consagrados o ritualizados mediante inciensos, aceites, tabaco, o escribiendo sobre ellos.
Escribir runas, sigilos o hechizos sobre huesos es, además, aprovechar un soporte que ya es mágico de por sí, y en muchas ocasiones más fácil de conseguir que metales y cueros expuestos a la luz de la luna en conjunción con determinado planeta, como a menudo piden los grimorios más estrictos. Además, son más fáciles de llevar encima como talismanes o amuletos.
Calentados en seco, los huesos pueden triturarse para convertirse en polvo. Por suerte es un material que se puede encontrar fácilmente en tiendas y mercados esotéricos serios, ya preparado.
El uso de huesos en pócimas, conjuros o hechizos busca atraer esa antigua energía vital, atada mágicamente al hueso. Pueden usarse completos o en polvo, que es lo más habitual por su discrección.
En el caso de animales, guardar un hueso puede ser una herramienta para convertirlo en un familiar tanto en este plano como en otros, si se practican viajes astrales. Muchas personas aprovechan este ejercicio con las cenizas de sus amigas mascotas difuntas.
El espíritu del animal puede estar dispuesto o no, por ello, para ganarse su afecto, se dejan alimentos y otras ofrendas junto a los huesos, para que las disfrute. Esto también es un arma de doble filo, porque puede atraer espíritus que abandonen al mago si pierden interés o no reciben regalos periódicamente.
También pueden ser usados para provocar una reacción semejante a alguna característica del animal en cuestión: fiereza o cobardía, rapidez o lentitud, docilidad o feralidad, etc., en el humano o situación que se busca manipular. Para ello se puede verter el polvo en una mezcla mágica o directamente en la persona, o hacer un amarre con huesos (atando o decorando huesos con lazos, fotos, etc). Estos amarres son frecuentes en hechizos de amor, aunque en estos casos son preferidos huesos humanos si lo que se busca no es dar ninguna personalidad, sino enviar un ente espiritual a acosar al objetivo.
Por otra parte, los huesos también pueden atraer suerte o riqueza. Astas de ciervo, que simbolizan renovación, o el llamado "hueso de la suerte" del pollo son usados para estos fines junto con monedas y flores.
En los antiguos grimorios europeos podemos comprobar que también se hacía referencia a huesos humanos para este tipo de prácticas: huesos de niños o bebés para romper relaciones, fémures rotos para maldecir, o polvo de hueso humano para curar la epilepsia (según Alberto Magno (?)). Dedos de ladrones muertos como amuletos se usaron tanto en Europa como en los mojos o saquitos africanos. En la América prehispánica ya vimos cómo las manos de Cihuateteo (mujeres muertas en parto) eran consideradas muy poderosas y un gran talismán guerrero.
Los huesos, tras ser utilizados en rituales mágicos, suelen ser enterrados o arrojados a corrientes de agua tras haber sido usados. Como ya sabemos, ambos entornos son puertas al mundo de los muertos según la tradición esotérica. De esta forma el mensaje solicitado llega al muerto, o bien se le devuelven sus huesos como señal de fin del ritual para que pueda descansar. De otro modo, o si los huesos se rompen por mal uso, el espíritu puede tornarse vengativo.
Amuletos
Principalmente de origen animal, ya hemos visto que los huesos son fetiches de las propiedades de los mismos. Comunes son el hueso de gato negro, especialmente en la comunidad afrocaribeña, como amuleto de la buena suerte y la protección.
En Europa este lugar lo ocupaban los huesos de conejo, además de la famosa pata, con vestigios de uso incluso por los soldados de la Primera Guerra Mundial.
Los dientes y garras de depredadores están extendidos por todo el mundo como protectores y dadores de coraje al portador.
Los huesos de zarigüeyas, famosas por su mecanismo de defensa en el que fingen su muerte, se utilizan para superar situaciones difíciles y "resucitar" tras ellas.
Los huesos de pollo son muy versátiles, ya que, como vimos en el artículo de La Pata de Pollo en magia y brujería, se trata de animales que siempre han sido cercanos y baratos de mantener. Aún así, sus huesos también tienen usos especiales para hechizos de amor.
Y así un largo etcétera... Los huesos humanos tampoco han escapado a este mundo. Véase, antiguamente, los huesos de las falanges, por ser pequeños y más sencillos de extraer, se consideraban amuletos contra el mal de ojo y ladrones. Ya hemos hablado de los restos de ladrones como talismanes de riqueza. Y en la actualidad los dientes de leche son guardados no sólo como recuerdo, sino también como parte de anillos o colgantes. Por no hablar de los saqueos en tumbas, comunes en muchas partes del mundo, con fines poco lícitos...
Adivinación
La adivinación con huesos recibe el nombre de osteomancia, pero debe hacerse una distinción:
No se trata de que el material sea hueso, sino que sean los propios huesos los que tengan significado. Dicho de otra forma, unas runas inscritas en hueso siguen siendo runas y no osteomancia.
En la osteomancia los huesos tienen un significado concreto, y no dependen de ningún añadido. En algunos casos, como los huesos de pollo, hay significados más o menos establecidos, en otro, es el adivino o adivina quien ha creado su propio juego de piezas óseas y les ha dado a cada una un significado por simpatía o intuición.
Los animales, especialmente aquellos sagrados o sacrificados, se consideran vinculados directamente con el mundo espiritual o divino, por lo que en sus entrañas y sus huesos hay esencia divina, que se manifiesta en señales concretas. Es una de las bases de la adivinación en la antigüedad.
Tenemos varios ejemplos distribuidos por todo el globo: el Oráculo de los huesos en China, por ejemplo, interpretaba las grietas y manchas que se producían en los huesos al exponerlos al fuego, según su zona o dirección, y a menudo habiendo escrito previamente preguntas y situaciones en ellos, para que estas marcas las señalen. Los animales preferidos para estos oráculos eran los bueyes y las tortugas (caparazón).
Existía una variante con registros también en Corea y Japón, donde se examinaban las marcas de las escápulas (huesos del hombro) de los animales sacrificados, vacas, cerdos y ciervos, y que recibe el nombre de escapulomancia.
Ilm i Shaneh es también un tipo de escapulomancia persa, cuyos orígenes se rastrean hasta la antigua Babilonia, y cuya influencia llegó desde Persia hasta los Balcanes, consistente en la lectura de los huesos de hombro de ovejas. Si bien la forma sencilla es un examen visual, la forma compleja divide la escápula en 6 partes superiores y 6 partes inferiores, creando un total de 12 espacios que se analizan conforme a las casas zodiacales.
El uso de las tabas (huesos pequeños de las patas traseras de ovejas y cabras, llamados astrágalos) en la antigüedad mediterránea no era exclusivo para el juego, sino que si uso en el azar era habitual en oráculos oficiales y en consultas personales, si bien los dados sustituyeron rápidamente su utilización en astrágalomancia.
En Botswana, Sudáfrica, Namibia y otras regiones del sur del continente africano, la Ditaola es un sistema de adivinación con huesos bastante extendido, donde también se añaden caracolas, conchas de Cauri, monedas, piezas de juego, etc. Es frecuentemente usada por los sangemo o curanderos, que consultan la solución de los malestares físicos pero también de los espirituales.
La adivinación con huesos de pollo utiliza una selección de huesos de este animal, utilizado con frecuencia como sacrificio en las religiones afroamericanas, cada uno con un significado concreto: por ejemplo, el hueso de pata entero indica un buen desarrollo, mientras que el hueso de pata partido indica un obstáculo.
También se considera que el muerto humano tiene un vínculo con el más allá, así que en nigromancia era frecuente el uso de huesos humanos, especialmente la calavera, para invocar a los muertos y consultarles sobre cosas que sólo desde el Otro pueden saberse.
Esto no es algo "antiguo". En religiones actuales, como el Palo Mayombé, la comunicación con los muertos se realiza mediante un oráculo que indica qué hueso necesita el espíritu para establecer el contacto, y una vez conseguido -normalmente expolio de tumba de por medio- ese hueso está presente durante el ritual de consulta, junto con el resto de ofrendas.
La modernidad nos ha traído también variantes más éticas que crean debate, culturalmente hablando. Además de escoger huesos que se hayan encontrado en zonas naturales, hay quienes optan por sustituir los huesos por piezas de cerámica o madera con las mismas formas, evitando usar restos de animales. Sin embargo, para otros eso no sería osteomancia, sino algún tipo de dijes o Charm casting. Y tampoco se les puede dar uso mágico como a los huesos, salvo por su presencia simbólica. No tendrían, según los puristas, espíritu ni energía vinculados. Quienes defienden esta nueva práctica creen que esto no es necesario para que el simbolismo cumpla su función.
Pietro V. Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com
Bibliografía:
- Bosch, N. Sacred Bones, Magic Bones. Stories from the Path of the Bones. Collective Ink, 2024
- Flad, R. K. Divination and power. A multiregional view in the development os Oracle Bone Divination in Early China. Current Anthropology vol.49, n°3. Chicago University Press, 2008.
- Henninger, J. "Bones," The Encyclopedia of Religion, (ed. Mircea Eliade);Macmillan and Free Press, 1987.
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