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Santería (I): Santos y Orishas

16.11.2022

La santería es, ante todo, una migración cultural de África a América; es el conjunto religioso que resulta de fusión de elementos de la religión africana yoruba con elementos cristianos, culto iniciado por los esclavos africanos movidos al continente americano, donde es más común hoy día, allí donde se hallan sus descendientes o población hispana afiliada a este movimiento. Cuba suele ser considerada la cuna de este movimiento religioso, de cuya nacionalidad por América y Europa es el mayor número de fieles. Recibió el nombre de santería de manera despectiva por los españoles, ya que cuando a los esclavos africanos se les prohibió su religión tradicional, tomaron las imágenes de los santos cristianos como identificaciones de sus propias divinidades, y los amos, desconocedores de esta transformación, lo consideraban una devoción excesiva. Frente a este origen despectivo, uno puede referirse a la santería más propiamente como Regla de Ocha-Ifá, como se verá más adelante. En Cuba existen variantes propias: la Regla del Palo Monte o Mayombé, la sociedad secreta Abakuá y el Oggunismo o vudú cubano.

Según algunos estudios, la yoruba fue introducida propiamente por los nigerianos. Yoruba es un conjunto etnolingüístico de los países de Nigeria, Benín y Ghana, y también se denomina así a su conjunto de creencias y cultos a un panteón de cuatrocientas una deidades, a quienes se dedican tanto los sacerdotes como ascendientes y descendientes físicos y religiosos. Esta identificación cultural continúa dentro de la santería, clasificando dos grupos: la Regla de Ocha, practicada por santeros y santeras, y la Regla de Ifá - nombre que toma de Ife, antigua ciudad yoruba, y que recoge el conjunto de conocimientos espirituales de aquellos que se inician al dios Ifá - llevada a cabo por los santeros mayores, conocidos como babalawos. Los rituales incluyen los métodos de adoración, de magia, de ritual religioso y de adivinación propios de la yoruba, así como ideas teológicas y objetivos sociales y espirituales como la consagración a una deidad o santo guía a lo largo de la vida, cuyo sentido y fin es la felicidad y la realización personal. Sus manifestaciones se producen a través de los elementos naturales, como recuerdo del animismo africano.

A las deidades del Panteón yoruba también se las denomina orishas. Cuando alguna de estas se consagra a los practicantes, reciben el nombre de ochas. Cada orisha tiene asimismo varios caminos o avatares. Esta característica les otorgó una capacidad extraordinaria para "intercambiar" los santos de la devoción. Cada uno de ellos tiene una historia o patakín, que a su vez establecen sus características particulares, que "donan" a aquellos a los que se les consagra.

Es en el momento del bautismo cuando se produce la primera purificación del creyente y el establecimiento del destino por parte de Olofi (el dueño del palacio),- una de las manifestaciones de Olodumare, el dios supremo, creador, único, celestial, el cual no recibe sacrificios ni tiene templos, no tiene representación física ni fetiche - así como las características personales del ocha que ayudarán al bautizado en su proceso espiritual. Olodumare tampoco tiene sacerdocio ni profetas consagrados a él. Bajo su advocación de Olórun (el que habita los cielos), es un dios omnipotente, controlador del destino, y al que se puede recurrir en última instancia cuando las circunstancias se escapan del control de los demás orishas. Sin embargo, Olodumare no es un dios jerárquico o autoritario con el resto de divinidades, sino que es, más bien, un dios de aires paternales y primordiales. La faceta más intangible e inabarcable de Olodumare se identificó con el dios abrahámico de las tres grandes religiones (judaísmo, cristianismo e islam), y además comparte con el judaísmo y el islam la no representación de la divinidad. Por otra parte, las tres advocaciones de Olodumare se relacionan con las tres personas del dios cristiano.

Resulta difícil exponer en un artículo los centenares de deidades de la yoruba y sus correspondencias con santos cristianos en la santería actual. Por ello se han seleccionado algunos de los orishas considerados más importantes o frecuentes en los rituales y ofrendas, para ofrecer unas nociones básicas del funcionamiento del panteón y de las asociaciones.

Obbatalá es una de las divinidades más importantes, considerada un guía dentro de la yoruba. Es una deidad dual, que en sí misma contiene contrarios como la luz y la oscuridad, el bien y el mal, y que es creador del resto de orishas, el más mayory un líder para ellos, ya que posee el poder de la purificación. Es también una encarnación de la justicia, la paz, la salud y el orden en todos los aspectos de la vida. Tiene tres avatares principales: Obbamorí, el Obbatalá anciano; Ayyagún, el Obbatalá joven y guerrero; y Oshanlá, su faceta femenina. Los que son coronados o consagrados por Obbatalá son personas muy espirituales e intuitivas, con grandes capacidades intelectuales y seguridad en sus actos, ordenados, estables y puros. Se identifica con la Virgen de las Mercedes por su intercesión ante Dios, por la pureza y el equilibrio del universo, y se celebra su día el 24 de septiembre. Sus consagrados van vestidos de blanco, que es su color y el de la Virgen, y también de sus ofrendas: arroz, leche, pan, merengue, flores blancas, gallinas y palomas blancas... Su fetiche son conchas blancas o cuencos de ese color, así como otros objetos de plata, en especial campanas. En verdad cualquier objeto blanco puede ser usado por el devoto, si agrada al orisha.

Babalú Aye o Azuowano, respetado y temido a partes iguales, es una divinidad muy adorada en Cuba y en Nigeria. Es un dios anciano que protege a sus devotos de enfermedades difíciles y demás problemas de salud y los sana, como curandero, sobre todo aquellas relacionadas con la piel o el sexo, pero que también puede provocarlas. Lleva el rostro y el cuerpo tapados, normalmente con paja, debido a sus múltiples heridas, según uno de sus patakin, producidas tras ser abandonado entre cangrejos siendo un bebé. Los consagrados a Babalú Aye son gente preocupada por el bienestar físico y mental, comprensivos y dispuestos a ayudar a sanar. Sus fetiches son una freidora plana con tapa, dos perros, muletas y una campana triangular de madera. Entre la ofrendas encontramos collares de perlas blancas y marcas azules, vino seco, maíz asado, pan tostado, cocos, cebollas, ajo y aves (gallinas, palomas). Se le considera especialmente milagroso, y se le relaciona con la muerte por haber cuidado de los nueve Eggún, los espíritus de los ancestros difuntos. También por ello y por su "resurrección" tras las enfermedades, se le relaciona con San Lázaro, y su festividad tiene lugar el 17 de diciembre.

Yemayá, también llamada Yembó, Yemmú y Olokum es una de las diosas del panteón yoruba más importantes, ya que implica la maternidad. Es la vida misma, creadora y madre de los orishas. Es adivina y reina, diosa del amor. Es patrona de pescadores y marineros, vive en el fondo del mar. Le gusta la compañía y la fiesta, pero también puede tornarse colérica, como las aguas del océano. Los consagrados a ella, en especial mujeres, son grandes adivinas y poseen un carácter fuerte y posesivo, autoritario pero maternal. Su identificación cristiana se produce con la Virgen de Regla de Cuba, patrona de la Bahía de Ciudad de la Habana. Su fiesta tiene lugar el día 7 de septiembre, que se considera un momento propicio para la iniciación. Entre sus ofrendas encontramos frutas, velas, miel, flores, dinero y patos, entre otros. Sus símbolos y fetiches son el sol y la luna, barcas, remos, conchas, caracoles (con los que realiza adivinación) y estrellas de mar. En los objetos se buscan los colores azul y blanco.

Shangó o Changó es otro de los orishas más importante y conocido, representa el fuego y es considerado el mayor de los guerreros, rey de los orishas. A pesar de su faceta marcia, es una divinidad protectora, familiar y justa, y tiene un punto débil: su temor a los muertos. Es una deidad propiamente masculina, alegre y aventurero, así como el mejor de los adivinos. Es patrón de las tempestades, por lo que se le representa como un rayo o una vela. Shangó se identifica con Santa Bárbara, quien a pesar de ser femenina, tiene en su historia el poder del fuego a través del rayo que mató a su padre por asesinarla por su fe cristiana. Además, en un patakin, Shangó se visitó con las ropas de su mujer, Oyá, para poder ganar tiempo y recobrar fuerzas para una batalla desigual en número, y su asociación con Santa Bárbara lo convierte en una deidad cambiante, medio año femenino y medio año masculino. Los consagrados a él son gente enérgica y pasional, con voluntad de hierro, y que disfrutan del presente y los placeres banales. Sus fetiches son bateas de madera, balanzas, hachas y otras armas, así como velas encendidas. Sus colores son el blanco y el rojo, de manera que también se usan objetos de estos colores, sobre todo collares. No se toma nada de sus ofrendas, que consisten en vino tinto, frutas, harina y animales como pollo, codorniz y carnero. Por su potencia, a Shangó se le menta incluso en rituales para otros orishas. Su celebración tiene lugar el 4 de diciembre, festividad del martirio de Santa Bárbara. Tiene un avatar como infante, que se sincretiza en la figura de San Bartolomé.

Cercano a Shangó es el orisha Algallú o Aggayú Solá (el que cubre el desierto) es un santo que se manifiesta a través de los volcanes y el fuego interior de la tierra. Es un dios abre-caminos, que ofrece transporte, y a veces se le representa como barquero de ríos. Se dice que camina dando pasos altos y agigantados, esquivando los obstáculos, y así son las danzas en su honor. Convive o vive cerca de Shangó, y a sus protegidos les ofrece bienes semejantes, pero al contrario que Shangó, la potencia y energía que ofrece a sus consagrados puede tornarse colérica y explosiva, aunque sus emociones positivas, como la bondad, el amor y la generosidad, también se manifiestan enormemente. Sus ofrendas se realizan en número de 9, ya que se le asocian todos los colores, reducidos generalmente a la idea de nueve, sin incluir el negro. Sus fetiches son bateas de madera, bastones u otros objetos pintado con estos nueve colores. Se le ofrendan frutas y hortalizas, además de gallos y gallinas de guinea. Son comunes la manteca de corojo (por sus frutos anaranjados y rojizos) y manteca de cacao. Se relaciona con el patrón de La Habana, San Cristóbal, protector de los caminos y los caminantes, y se celebra su día el 25 de julio.

Oshún u Ochún, cuyo nombre significa "reina", es una divinidad típicamente femenina. Su delicadeza y trato dulce la convierten en patrona de la miel, el amor, el oro y el agua dulce, es decir, potable para los humanos. Es una diosa que permite las aventuras amorosas e ilícitas, es coqueta y le agrada el arreglo y la joyería. Le gusta el oro, viste de amarillo y lleva una corona- de ahí su advocación de reina. Protege los embarazos y las relaciones sentimentales, pero también puede castigar enviando enfermedades sexuales y ahogando en los ríos. Para comunicarse con ella se debe acudir a los ríos. Es mensajera de Olofi, fue esposa de Shangó y amante de muchos orishas, por lo que conoce los secretos de todas las deidades. En la santería cubana se dice que Oshún se convirtió de negra africana en criolla mulata cubana, apropiándosela. Tiene múltiples caminos o avatares, como hechicera, amante, bailarina, dueña de tambores, mujer adinerada y consoladora de difuntos. Sus protegidos son personas amables y amorosas, sensuales, alegres y libertinas. Sus devotois suelen llevar cinco manillas de oro. Sus fetiches son joyas, plumas de pavo real, abejas, miel y ámbar. Sus ofrendas son también doradas: maíz, miel, piña, arroz, coco, gallinas "rubias" y otros animales de ese tono. Oshún se identifica con la Virgen patrona de Cuba, la Virgen de la caridad del cobre. Siguiendo a Natalia Bolívar (1992), este sincretismo se produjo cuando en 1620 cuando dos aborígenes cubanos y un negro hallaron en las playas una pequeña talla de la Virgen María llevando al niño y una cruz dorada. Su festividad es el día 8 de septiembre, aunque todos los sábados son días para su devoción.

Oyá o Yanza es una diosa que existe unida a Oshún, y viceversa. Representa el vient, los huracanes o y las llamas, pudiendo ser frágil y delicada o ardiente y violenta. Fue esposa de Oggún, al que abandonó por Shangó. Vive cerca o en los cementerios, trabaja con los muertos, ya que en su patakin, Xapaná (un avatar de Babalú Aye) tenía el cuerpo lleno de llagas y no podía festejar porque el resto de dioses se alejaban de él, a pesar de tapar su cuerpo enfermo con vestimentas de paja. Entonces la diosa Oyá se acercó a él y bailó con él, y al bailar levantó el viento, y cuando la ropa de paja salió volando, el cuerpo de Xapaná estaba curado: de alguna forma, Oyá había bailado con la muerte y había vencido. Es una diosa de la tristeza, por lo que realmente no le agradan ni las fiestas, ni la danza ni la música. Tampoco le agradaban los niños. Lleva el rostro pintado de blanco y se adorna con caracoles blancos. Tiene múltiples caminos o avatares: Oyá Funké, la adivina; Oyá Niké, como hechicera; Oyá Tola, como reina; Oyá Dira, como guerrera; Oyá Yanzá, como madre. Los coronados por ella son inquietos, amorosos, aventureros, impulsivos y conflictivos, así como autoritarios. Sus fetiches son una corona de nueve puntas, soperas y tinajas, el machete y una lanza con cola de caballo, el iruke, que usa para contactar y ahuyentar espíritus. Sus ofrendas son flores y pañuelos floridos (sus colores con el blanco, el rosa, el morado, el rojo...), collares de caracoles, granada, alcanfor, ciruelas, chirimoya, aguacate morado, palomas, gallinas y carne de chivo. Se identifica con la Virgen de la Candelaria, acaso porque se desarrollaba en Candelaria, al oeste de Cuba, un rito formal prendiendo y vigilando el fuego de dos candelas, símbolo de la redención y la guía, en este caso sincrético, para los espíritus del cementerio.

Elleguá-Eshu es una divinidad pequeña, a la que precisamente por eso se le realizan ofrendas en primer lugar. Es el mensajero de Olofi, y nada se hace sin su permiso, ya que personifica el destino. Sin embargo, Elleguá es el orisha más humano, por cuanto se le identifican virtudes y defectos. Es un dios multiplicado, vigilante de las entradas y las salidas, por lo que abre la puerta a la suerte y la prosperidad, pero también puede cerrarla. El acto de fetichismo para este dios consiste en la selección de una piedra u ota, aunque también sirven los cocos y fetiches de su imagen creados por un babalawo o santero, y para simbolizar la suerte, se utilizan llaves y herraduras. Sus colores son rojo y negro, que simbolizan la vida y la muerte respectivamente. Sus ofrendas son dulces para su faceta de niño (arroz con leche, buñuelos, miel, maíz y natillas) y como Eshú, pollo, pescado, aguardiente y tabaco. Los consagrados a él tienen gran astucia y pueden tener capacidades adivinatorias, son habladores, amistosos, pero también rencorosos y traviesos. Sin embargo, pueden caer en el riesgo de acabar como mentiroso y tramposos. Se vincula con la imagen el Niño de Atocha, San Antonio de Padua, el cual lleva al niño en brazos, y el Ánima Sola, que abre y cierra vías igual que el orisha. Sus festividades son el 6 de enero y el 13 de junio.

Orula u Orunmila es una de las deidades más importantes, ya que representa la sabiduría y es el adivino por excelencia, al cual acuden los demás orishas en sus patakines para conocer cómo proceder, y media entre ellos en las disputas. También media entre orishas y sus protegidos, así como con el ángel de la guarda, lo que demuestra el sincretismo religioso cristiano, si bien el "ángel de la guarda yoruba" es Eledda, que habita en la frente. Orula es también un dios médico, sobre todo en el ámbito espiritual, es consejero y se le representa como un hombre en edad madura. Este orisha sólo se comunica a través del Oráculo de Ifá. Sus hijos o consagrados son babalawos que deben abandonar el culto a cualquier otro orisha, , y personas que se convierten en guías espirituales de su familia o comunidad, de gran sapiencia e intuición. Sus fetiches son collares de cuentas verdes y amarillas, nueces de kola, el tablero de Ifá para adivinación, y el iruke. También recipientes dentro de los cuales se encuentre "la mano de Orula". En la Regla de Ocha, Orunmila ni come ni bebe, pero en la regla de Ifá acepta las ofrendas genéricas de carne de chivo, gallinas y palomas. Está vinculado a la figura de San Francisco de Asís, como santo consejero y benefactor. Su fiesta tiene lugar el 4 de octubre.

Oggún es un santo guerrero que representa la fuerza, la valentía, y alimenta a los demás orishas y a los humanos. Es un dios de la fragua y las herramientas. Es un dios que se condenó, no duerme y trabaja el hierro, como una de las grandes creaciones del ser humano. Se dice que lleva al cuello un collar con todas sus herramientas. Libra de los maleficios y accidentes y protege la salud y los viajes. Es enemigo de Shangó, por haberle robado a su esposa Oya, aunque él es amante de Yemayá. Los consagrados a Oggún son personas que utilizan la fuerza para resolver sus problemas, pero también pueden desarrollar una faceta hechicera. Son personas que no perdonan las ofensas, pero valorarán mucho la franqueza. Sus fetiches son las herramientas o collares de cuentas verdes y negras. Entre sus ofrendas encontramos la pimienta, la yuca, el ají picante y el aguacate, pero al ser un dios violento, prefiere la carne, por lo que se le ofrenda gallo, perro, chivo, cerdo y palomas. Se identifica con San Juan Bautista o con San Pedro, por ser dueño de las llaves celestiales, o con San Pablo y San Miguel Arcángel por su importante estatus guerrero. Fija su festividad el 24 de junio, pero participa en la de otros muchos santos u orishas, como Ochosi. También tiene dedicados los martes de cada mes y los día 4 de cada mes.

Ochosi también es una deidad guerrera, que comparte hogar con Oggún, lleva un arco y flechas de metal. Es un orisha justiciero, libera a los inocentes de las prisiones físicas o metafóricas ; es patrón de cazadores y pescadores, magos y adivinos, por lo que habla a través del oráculo biagué de los cocos y del diloggún, oráculo de los caracoles. Sus colores son el verde del monte, el negro de la cárcel, y el morado de la melancolía. Aquellos que están consagrados a él pueden tomar dos caminos: u obtienen un desarrollo intelectual notable tras sobreponerse de injusticias y padecimientos, o precisamente sufren éstos por ser vividores y dar poca importancia a los asuntos personales, lo que se relaciona con alguno de sus patakines. Son amistosos pero bohemios. Sus fetiches son arco y flechas, cuernos y piel de venado, perros, escudos y pulseras de distintos metales. Se le ofrenda licor de anís, ron, aguardiente, granada, ñame, y entre los animales, gallinas de guinea, gallos, chivos y presas de caza. San Norberto y San Huberto son sus dos santos vinculados, algunos creyendo que a éste último, al tener relación con los cazadores, se le asimiló el primero. No obstante, también San Alberto y Santiago Arcángel son identificados con él. Su celebración tiene lugar el 6 de junio, y comparte otras festividades con otros santos guerreros.

Osún o Ozún (pintura) es otra deidad guerrera, protectora, aunque sobre todo es mensajero y vigilante. Su representación es una copa de metal con tapa sobre la que se sitúa un animal que represente al dios al que acompaña, pues Osún es, en sí mismo, un bastón de mando para el resto de orishas. También se utiliza un gallo de plata o una paloma de metal, que normalmente se meten en un recipiente tapado. Excepcionalmente se utiliza también una figura de perro de acero o plomo. Osún, como divinidad observadora, es de alguna forma regente en el cosmos, y por ello preside todas las ceremonias de iniciación, en las cuales se echa pintura en la frente del iniciado (de ahí la asociación con su nombre). Sus cuatro colores (rojo, azul, blanco y amarillo) simbolizan los cuatro puntos cardinales. Los "bautizados" en este dios son gente respetuosa y estable que acompaña a quienes requieren soporte físico o espiritual. Identificado al igual que Oggún con San Juan Bautista, su fecha festiva es el 24 de junio, y comparte otras celebraciones con los santos guerreros Elegguá, Oggún y Ochosi. Otro de los santos asociados es Dimas, el buen ladrón (Ozún Oddúa).

Ibeyis (literalmente, dos) representa a los hijos Jimaguas (mellizos) de Shangó, varón y mujer. Son las deidades más pequeñas y de menor rango, pero tienen grandes poderes milagrosos, lo que les hace ganarse un puesto entre las más populares, ya que atraen la alegría, la suerte, la fortuna, la fertilidad y la prosperidad en general. Su lugar son los caminos, donde los viajeros obtienen buenas noticias y experiencias gracias a su intercesión. Sus colores son el blanco, el rojo y el azul. Para pedirle algo es necesario realizar una fiesta o ritual con niños pequeños a los que se les den regalos o dulces, y que preferentemente sean ellos quienes se dirijan a los Ibeyis. Sus fetiches son dobles: dos taburetes, dos tambores, dos tinajas, cuatro otá.... En cuanto a sus ofrendas también deben ser dobles, dos o múltiplo: frutas como el mango o el plátano, naranja, guayaba, chirimoya o dulces, como el maíz. También se les ofrendan aves. Tienen dos festividades, el 27 de septiembre y el 19 de febrero, y se los vincula con San Cosme y San Damián.

Existen otros muchos orishas que se mencionan para que no caigan en descuido dentro del espacio reducido de este artículo: Eggun e Ikku cuentan entre los primeros, como deidades guardianas; Borojhú, Oddúa, Ogbón, Oggan, Oke, Oraniyan, Ori forman parte del conjunto creador, mientras que Agaó, Areoni, Iroko, Ochumare, Osain y Orishaoko pertenecen a la naturaleza misma. Baldone, Dadá, Koritoko y Obañeñe acompañan a Yemayá y los Ibeyis en el mundo de la maternidad y la infancia. Aje, Aye, Babalú, Burukú, Chaluga, Ñaña, Obba y Yewá, por su parte, forman parte de aquellos destinados al mantenimiento de la salud y la vida y la muerte. Oggé, Oroiña y Sola son casi séquito de Shangó y Aggayú, y los fuegos rituales, y Chugudú es un asistente adivinatorio parejo a Orula. Inle, Olokum y Olochá se corresponden con el grupo de deidades encargadas de las aguas en sus múltiples facetas naturales y purificatorias.

Pietro V. Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
- Castellanos, J e I; Cultura Afro-Cubana: Las religiones y las lenguas. Vol III. Ediciones Universal, Miami, 1998
-González Vélez, A.; Ordun. Aye Yoruba y Santería.- Delgado Torres, A. E. El gran libro de la Santería: introducción a la cultura yoruba. Esfera de los - Libros, 2005Llorens Alicea, I. Sincretismo religioso: pervivencia de las creencias yorubas en la isla de puerto rico. UCM. Madrid, 2003


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