Tarots "Egipcios"

28.12.2018

Debe decirse abiertamente que tratar de analizar el Tarot Egipcio como tal es un completo despropósito. Hay innumerables versiones, y cada una sigue sus propias normas, creadas a menudo por los autores de los mismos y la fusión de ideas preconcebidas de la mística egipcia y de la práctica de otros Tarots. Empero, sí merece la pena hacer un repaso de los orígenes que convierten este tipo de mazos en unos de los más interesantes para el público, así como comprobar las semejanzas que comparten.

Si tratamos de analizar las barajas de Tarot, encontraremos principalmente dos tipos que se hacen llamar "Tarot Egipcio". Uno de estos grupos son son aquellas barajas que, con el pensamiento de que el origen del tarot está en Egipto, intentaron plasmar en sus barajas algunos elementos o ideas subliminales acerca de la magia, la religión, el misticismo y el hermetismo de esta cultura, pero que no necesariamente muestran una iconografía egipcia, antes bien, en su mayoría siguen un patrón tradicional al que ajustan aquello que les resulta atrayente. La creencia de que el Tarot y la cartomancia provienen de Egipto existe desde la antigüedad, siendo en el S.XVIII donde más se extendió esta idea en gran parte por los trabajos de Antoine Court de Gébelin (1725-1784), quien inició el estudio del Tarot como sistema esotérico ancestral, y Jean Baptiste Alliete (1738-1791), conocido como Eteilla, fundador de la Societé des interprètes du Livre de Thoth (Sociedad de intérpretes del Libro de Thoth), entendido como un conjunto de sabiduría hermética con asociaciones astrológicas y con los arcanos. El análisis también deducía muy vagamente que las tribus romaníes provenían de Asia o África, concretamente Egipto, y que en su migración expandieron por Europa el arte de Tarot, pero no puede negarse tampoco el valor esotérico y visual que tiene la cultura egipcia antigua, que en estos momentos estaba siendo redescubierta. Arthur Edward Waite (1857-1942) autor de uno de los tarot más populares y utilizados del mundo, el Rider Waite (1910) intuía y pretendía dejar intuir la presencia del misticismo egipcio en su baraja: sin embargo, a pesar de sus intentos, su tarot es apreciado por muchos motivos, pero rara vez se hace referencia al simbolismo egipcio, manifestado solamente en un par de cartas. Esto es aún más complejo en el tarot de Aleister Crowley, que recibe el nombre de Libro de Thoth, y el subtítulo de Tarot egipcio, donde sus ilustraciones son complejas, profundas y confusas para el que espera encontrar algo relacionado con Egipto, a pesar de que con un análisis correcto pueden identificarse varios de estos elementos. Este mazo quedó ilustrado por Lady Frieda Harris, y en sus imágenes se fusionan la cábala, la astrología, la gematría, la numerología y otros muchos conocimientos esotéricos que Crowley quiso plasmar, cuya historia e interpretación se hará en otros merecidos artículo.

La leyenda que es la principal motivadora del desarrollo de cartomancia de corte egipcio es el llamado libro de Thoth, que aparece mencionado en un texto fragmentario del período Ptolemaico (S.II a.n.e.), en el cual un personaje llamado "Aquel que ama la sabiduría", identificado con el dios Thoth, revela a un discípulo algunas claves del conocimiento divino, a la manera de un diálogo filosófico. De aquí se extrajo toda una mitología moderna según la cual Thoth habría entregado conocimiento divino a los hombres, mediante el uso de hechizos y tal vez, mediante la utilización de un mazo de cartas, o más bien, mediante el sincretismo simbólico de unas imágenes arquetípicas como son los personajes representados en el Tarot. Esta historia se une a la de Setne y Neferkaptah, donde el primero trata de robar el libro de Thoth de la tumba del segundo, y sufre de horribles visiones sobre su futuro, como advertencia de que el poder divino no está al alcance de los hombres.

Como ya se ha dicho, el tarot egipcio tiene múltiples versiones, ya que al contrario de lo que se pretende hacer creer, pues incluso a día de hoy muchos defienden ser el único y/o auténtico que "utilizaban los egipcios", no existe un modelo egipcio arcaico y auténtico del que hayan bebido el resto de mazos. Solamente se tienen los textos mencionados y los propios misterios de una cultura que aún se conocía poco, de los que se extrajo todo el pensamiento posterior para la creación de los así llamados Tarot Egipcios, si bien sus arquetipos son compartidos en la mayoría de mazos de Tarot desde la Edad Media, aunque todo apunta a que no existe un origen común. Se cree que la primera de las variantes de Tarot presentadas como egipcias fue creada por el propio Etteila, y que todas las demás han venido de ella, siendo ésta la fuente común: pero de sus supuestas tres versiones, todas carecían de iconografía egipcia, atractivo principalmente buscado, aunque trataban de vincularlo con su cultura ancestral. El tarot Eteilla tenía una interpretación sencilla y doble, según la posición del derecho o del revés de las cartas, y apenas alteraba los significados acostumbrados de los tarot llamados gitanos.

Es más probable que la mayoría de los tarot egipcios, nuestra segunda clasificación, se basen en el creado por R. Falconnier en 1896 e ilustrado por M. O. Wegener. Falconnier se basó a su vez en las ideas y enseñanzas del ocultista Paul Christian. Aquí las imágenes muestran por fin una estética egipcia completa, junto a los conocimientos herméticos que tanto él como sus precursores se impusieron presentar. Los arcanos mayores son los importantes, y los únicos que se incluyen en el mazo. Puede decirse que es el primer tarot propiamente egipcio. En verdad las versiones que nos han llegado, a excepción de las señaladas, que se conservan por tradición, son prácticamente actuales, creadas a lo sumo a finales de S.XX y principios del XXI, cuya característica principal es la representación a la egipcia, siendo éste su mayor atractivo, y muchos de ellos no son sino calcos del de Falconnier con otro estilo de ilustración o color. Como se verá, llevados por la tradición del tarot, muchos incluyen los arcanos menores, organizados en cuatro palos habituales, pero no tienen demasiada novedad. Acostumbran a tener un nombre limpio, Tarot Egipcio -aunque tengan también muchas variantes y subtítulos- , y las ilustraciones de sus cartas están hechas a la manera de las pinturas de los palacios y tumbas de los faraones, de cuyo atractivo se lucran.

El Tarot Egipcio, presentado con este nombre, o con el de "de los dioses egipcios", "de Nefertari", "de las puertas", "eterno" y un largo etcétera de referencias egipcias, acostumbra a componerse 56 Arcanos menores y 22 Arcanos mayores. Los más modernos tienden a representar los Arcanos mayores tradicionales asociados con deidades egipcias y/o situaciones mitológicas, cosa que no ocurría en Falconnier, donde se han traspuesto los arcanos desde el modelo tradicional a una estética egipcia con personajes sin protagonismo, en todo caso buscando alguna alegoría y cargando el entorno de otros muchos símbolos, como animales, fantásticos o no, templos u objetos referidos en concreto a una divinidad o a alguna virtud que prevalece en el arquetipo que se representa. Esto continúa manteniéndose en gran parte de los Tarot que no son sino transposiciones del de Falconnier, así como en otros que con una presentación tradicional, se atreven a incluir estos mismos símbolos para defender su presentación como "arcaicos" o "egipcios".

En aquellos de imaginería egipcia, como algunos ejemplos comunes en los que las divinidades se mezclan con la representación habitual, pueden citarse el arcano del Mago, siempre representado por Thoth, como no podía ser de otro modo, el dios de la sabiduría o con su animal, el ibis. El Colgado es Osiris sacrificado, siguiendo la historia de su despedazamiento y resurrección, por ello convirtiéndose en una deidad de la vida y la muerte, incluyendo a veces elementos relacionados con la cosecha. Set es la carta del Diablo, como enemigo de Osiris y Horus, pero no necesaria e ineludiblemente maligno, ya que también es quien ayuda a Ra en su lucha contra la serpiente Apophis, del mismo modo que el Diablo no implica solamente la destrucción o el fracaso. Si no es Set, aparece Tifón, el monstruo mitológico de la antigüedad griega. Anubis es el Sumo Sacerdote, como encargado principal de la cuestión de la muerte en Amduat y principal artífice de la resurrección de Osiris, pero es fácil representar la muerte con un sarcófago o una momia. Isis es la diosa maga por excelencia, y por ello su imagen se vincula a la de la Papisa, que en los tarot tradicionales se identifica como una puerta mística, como el acceso a un conocimiento superior. Horus, el hijo de Isis y Osiris, es relacionado con la carta del Carro, igual que el auriga de dos caballos simboliza el equilibrio y la justicia, así como el liderazgo. Maat, la diosa de la Justicia, encarna a la misma, a veces representada como una mujer con la balanza, y otras veces como la propia pluma que compite contra el peso del corazón. El ermitaño es representado por Konsu, dios lunar, siendo la soledad y la reflexión la luz en la oscuridad. Sekmet, la diosa leona que perdió el control a causa del gusto por la sangre humana, y que fue engañada al cambiar la sangre por vino, es la carta de la Fuerza, que tiende a representarse con un león, haciendo referencia tanto al poder como al descontrol.

Existen muchas cartas cuya representación e interpretación se vuelve más compleja. La carta del Sol tiene en esta situación una representación interesante, y es que es tanto como Ra como Geb, el dios de la tierra. En ambos casos es una carta positiva, ya que Ra siempre vence a Apophis, y Geb es un dios fértil y nutricio, que recibe los rayos del sol. La Fortuna, mediante la rueda de la fortuna generalmente acompañada por Horus, Anubis, y la diosa madre Mut, en la idea de su protección frente al devenir de contrarios. La Templanza según algunos es Isis como astuta y protectora, según otros, un espíritu alado del hombre, representado de manera alegórica. El Loco, según algunos, es un iniciado en alguna religión mistérica, liberado de ataduras terrenales. El Emperador y la Emperatriz, a veces representan a Osiris e Isis antes del fatal suceso de la muerte del primero, en otras ocasiones representan a Horus y a su esposa Hathor, y en muchos casos, es simplemente una representación generalista tomada de la iconografía funeraria egipcia. El Sumo Sacerdote suele ser Osiris, así como ella es la Suma sacerdotisa o Papisa, pero también aparece como tal Ptah. La diosa Khnum es identificada con la carta de la Estrella, y su relación no queda muy clara, ya que es una diosa de fertilidad, por lo que se ha querido interpretar como una guía, o un nuevo camino.

Aún esforzándose es común ver representaciones laxas dentro de un mazo que podría apreciarse como cuidado. Por ejemplo, la carta del Juicio pasa a convertirse en la carta del pesaje de las almas o Psicostasis, indicando el juicio más importante en la vida de un egipcio antiguo, o también en la imagen del Ka o el Ba -partes del alma egipcias- separándose del fallecido, representado con un sarcófago, en la idea de que en realidad, el Juicio no se está efectuando, sino que está por llegar. En algunos casos, simplemente un sarcófago, acompañado o no por algún otro personaje, para hacer referencia a este juicio del Más Allá, donde pueden aparecer incluso personajes celestes tocando trompetas -cosa que no es un referente egipcio. La carta del Mundo, por lo general, trata de representar un Todo equilibrado, a través de distintos símbolos e imágenes donde una figura mayoritariamente femenina -como en los tarot tradicionales - domina el centro o centro superior de la carta, ya sea una esfinge, una diosa o una alegoría. En la carta de los Enamorados o Amantes, la pareja no es divina, sino humana, y los símbolos que los rodean, esta vez sí divinos, son los que advierten acerca del equilibrio necesario en la pareja. Sin embargo, otras muchas imágenes son calcos de los tarot tradicionales. La carta de la Torre o la de la Luna no muestran, salvo excepciones, variedad alguna, salvo por la estética intencionalmente egipcia. Tampoco suele ser así en la Rueda de la Fortuna ni la Estrella.

A pesar de tratarse de un Tarot de corte egipcio, la mayoría de las versiones incluyen símbolos arcanos y cabalísticos bajo las imágenes o inscritos en ellas - a menudo una letra hebrea que debe relacionarse con su valor numérico siguiendo la gematría cabalística, un símbolo planetario y/u otro zodiacal o astrológico. Esto es debido sobre todo al modelo Falconnier, donde se incluían símbolos astrológicos y del llamado Alfabeto de los Magos, creado supuestamente por Paracelso para el desarrollo de sus talismanes curativos. Asimismo, se le debe a los estudios acerca del Tarot, que aunque pretenden que las formas más antiguas de conocimiento provengan de Egipto, no pueden separar de la baraja todas las tradiciones astrológicas y esotéricas que la acompañan ya desde la Edad Media y cuya repercusión, sobre todo en los últimos siglos, continúa vigente. Esto es fácilmente identificable en situaciones en las que incluso el nombre de la carta no manifiesta nada concretamente egipcio, por ejemplo, cuando el arcano del Juicio, en lugar de ser representado por Maat o llamado de esta manera, muestra una imagen diferente y recibe el nombre de Job, en referencia al santo Job bíblico. Además, no se debe olvidar que son mazos muy recientes que beben de la tradición de los estudiosos del tarot, teniendo varios predecesores con los que compartir muchas de estas relaciones ocultistas. Tanto más se notará esto cuando aparezca, normalmente en arcanos relacionados con la pasión, la sexualidad o la fuerza, el propio Baphomet, templario u ocultista, aunque siempre buscando la estética conocida.

Estando presente o no este simbolismo, es bien sabido que la cuestión astrológica en Egipto pesa mucho, tanto en su antigua cultura como en la visión que se tiene de ella. Por ello, también pueden hallarse mazos en los que ciertas cartas están vinculadas a los puntos cardinales, a los días de la semana, a los meses del año, a los solsticios, a los siete planetas astrológicos e incluso a las edades del hombre o al género. Por la importancia del número cuatro, existente también en Crowley, quien lo extrae de la cábala, se suele realizar dividiendo en 4 la carta, en cruz, interpretando primero cada símbolo e imagen, y después el significado conjunto. Esto hace posible que tanto vidente como consultante presten atención a los detalles de la situación, y no busquen simplemente una respuesta positiva o negativa del conjunto. No obstante, pueden consultarse como cualquier otro tarot, ya que los significados son siempre paralelos.

En cuanto a las tiradas, no resulta difícil darse cuenta de la intencionalidad de las mismas. Existen las llamadas tiradas en triángulo o pirámide, de tres o seis cartas, que toman esta forma. Normalmente los tarotistas señalan que la o las primeras simbolizan el pasado, la o las segundas el presente, y la o las últimas el desenlace futuro. Cuando hay más cartas, se desarrolla más la narrativa del destino. La tirada de cuatro cartas también se presenta apetecible. Sin embargo, asimismo encontraremos tiradas calcadas a las que se realizan en otros tarot, como pueden ser la tirada en cruz o la de nueve, otra prueba más de que el Tarot como tal sigue conservando, sea cual sea su forma, una tradición que pesa más que cualquier innovación.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada -pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
Huson, P. Mystical origins of the Tarot: from Ancient Roots to Modern Usage. Inner tradicitions bear company. EEUU. (2004)
Lichtheim, M. Ancient Egyptian Literature. I. The Old and Middle Kingdoms. University of California Press, Oakland, EEUU (1973)
Mosquera, J.M. Llonch Segarra, S. Ludus Triumphorum. La Historia del Tarot. Asociación Española de Tarot Profesional. Lulu. (2017)


Artículos relacionados: