Argizaiolak: tablas y cera de abeja para honrar a los muertos
La argizaiola consiste básicamente en una tabla de madera donde se enrolla una delgada vela de cera (ezkobildu). Es un objeto funerario y ritual popular, extendido antiguamente por toda la zona de los pirineos: País Vasco español, País Vasco francés, Navarra y zonas de Aragón. Hoy, sin embargo, Amezketa (Gipuzkoa) es un enclave sagrado a este respecto, pues es de lopo lugares donde la tradición sigue viva a la antigua: conserva cerca de 160 argizaiolak, que se disponen sobre las tumbas del suelo de la iglesia, a ambos lados del pasillo central, y sus correspondientes yarlekuak, espacios o reclinatorios para orar.
El nombre de argizaiola proviene del euskera argizari, cera, y ohol, tabla. Por los foráneos a veces ha sido llamada Cerillero de difuntos. Su uso tuvo popularidad en los siglos XVII hasta el reciente S.XX, si bien folcloristas, artesanos y apasionados del patrimonio están dándole publicidad para que esta tradición ancestral no se pierda.
Forma y significado
La madera siempre es de árbol "noble" (roble, haya, encina...) y la cera siempre es de abeja.
Estas tablas se dejaban sobre las tumbas que se encontraban en el interior de las iglesias, algo que retrotrae mucho al pasado, ya que lo más habitual incluso en los ambientes rurales han sido los camposantos en el exterior, en especial desde el reinado de Carlos III, donde los entierros en el exterior cobraron fuerza de ley.
Según se va consumiendo la vela, la tabla debe ser girada para que la llama no se apague, lo que requería de la presencia de un familiar responsable que estuviera pendiente hasta que la vela se terminase, papel que solía asumir la etxekoandre, la dueña de la casa. Este nombre no hacía solo referencia a la matriarca o a la esposa, etc, sino que guarda relación con etxea, el fuego del hogar, es decir, la vida del hogar mismo. Los reclinatorios frente a las tumbas tenían esta finalidad sobre todo en fechas especiales como el Día de difuntos o ciertos festivos.
Por las formas de las tablas, que terminan en dos o más salientes en casa extremo, se piensa que en algún momento evocaron la silueta de una persona, de un difunto. Por eso la luz de la vela ayudaría a los espíritus a moverse entre mundos y sobre todo a regresar al Otro Lado tras sus incursiones.
Algunas tienen patas o agujeros para poner unos soportes o patas levantadas del suelo, y así poder mover la vela mucho más fácilmente. La mayoría de estas piezas no tenían grabada una cruz en sus inicios por lo que Sorondo (1987) plantea que quizás antes del valor ritual hubiese tenido luz un simple valor de candelero o sujetavelas, ya que su origen por lo menos con las formas que conocemos no es anterior al cristianismo.
Además, la cera debe ser obligatoriamente cera de abeja. Esto está vinculado con una creencia vasca, pagana y folclórica, donde las abejas (erlea) son mensajeras entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Existen rimas y canciones populares donde es un deber de las familias informar a las abejas del fallecimiento de un miembro del caserío. La insistencia, pues, en el material de la vela, incluso cuando éstas podían hacerse con grasa y otros elementos más asequibles, reviste de un importante simbolismo.
Por ende, encontraremos que la cera en la zona pirenaica tenía muchos usos relacionados con el esoterismo, pero eso daría para otro artículo.
El significado: ¿pagano o cristiano?
Aquí hay disputa actualmente, si bien tiempo atrás se consideraba un objeto totalmente cristiano. Lo que está claro, sea como fuerte, es que se trata de un objeto de religiosidad popular. El acto de mantener la vista fija en la argizaiola o incluso sostenerla y girarla en las manos, por ejemplo, ha planteado la idea de una especie de trance femenino de corte chamánico, que habría tomado nueva forma con la llegada del cristianismo.
Los planteamientos sobre lo que son las tablas en sí se dividen en dos grupos, uno de ellos se centra en la lingüística, otro en las decoraciones de las argizaiolas.
Desde el punto de vista lingüístico, la raíz argi- se ha relacionado, además de con la cera, con las palabras vela, luz y luna. Existe también la variante Argizagi (zagi o zahagi), que significan cuero, odre o cabra. Algunos han postulado la posibilidad de que en sus inicios no se usara madera, sino pieles de animales domésticos; también que la tabla "de cuatro patas" fuera un sustituto de un antiguo sacrificio animal.
Quienes se decantan por el análisis de las decoraciones, empezando por la ya mencionada forma "humana" de la tabla, recreando lo que sería un cuerpo para la presencia del espíritu, para que pueda participar de la luz y el calor familiar.
La madera está grabada, pirograbada o pintada con muchos símbolos más allá de la cruz cristiana:
Eguzkilore: la famosa flor protectora
Ehki: el Sol, en distintas formas más o menos trabajadas (círculos, puntos y rayos, etc).
Ojos de la diosa Mari: cavidades como ojos, una especie de nazar vasco contra el begizko (mal de ojo).
Lauburu: cruz esvástica de cuatro brazos curvados, protectora, que representa el sol y los ciclos naturales.
Árboles y flores: símbolos de renacimiento espiritual.
Zig zag: agua, separación entre mundos, o tal vez Sugaar, el esposo serpiente de Mari.
Triángulos: montañas, fronteras.
Cruces: representaciones cristianas, referencias a la crucifixión. Ni desentonan ni rompen la estética.
Supersticiones y rituales
La principal superstición es un tabú: aunque pueden ser talladas por artesanos varones, solo las pueden encender y usar las mujeres. Tanto es así que la transmisión de madres a hijas o a mueras o a nietas era un momento social importante dentro de cada familia. Tampoco podían entrar hombres a rezar en los reclinatorios ni los yarlekuak o espacios de oración. Todo esto refuerza la sacralidad de la figura femenina.
Por otra parte, en la casa donde no había una mujer era necesario apadrinar o adoptar alguna, ya que de otro modo nadie giraría las argizaiolak en su debido momento y se corría el riesgo de que las almas quedaran vagando por la casa.
Entre otras supersticiones comunes entorno a las argizaiolak se encuentra la de las horas, ya que debían ser encendidas antes de amanecer (para ellos las iglesias abrían y daban misa a las 6 de la mañana). Tampoco pueden encenderse a solas, pues los espíritus son trapaceros, ni en ayunas, ya que iban a pasar muchas horas atendiendo la vela.
El ritual con la argizaiola en el Día de Difuntos requería también alimentar al difunto, llevando para ellos una opilla o panecillo, que se pone junto a la tabla para que el espíritu, que suele ver mal y guiarse por la luz, lo vea y pueda comerlo.
Las argizaiolas eran igualmente utilizadas como talismanes, aunque fuera de forma puntual, ya que los ancestros protegían a sus familias. Tanto es así que podían colgarse en los establos o en las chimeneas o lares para atraer prosperidad y salud.
No obstante, la presencia de argizaiolak en lugares poco adecuados, como un dormitorio o una sala con niños, podían provocar que el difunto se alimentara de la energía de su pariente.
La cera de la vela podía cortarse o recogerse la sobrante y ser utilizada como amuleto contra los rayos, llevándola encima o poniéndola en los extremos de las ventanas. Igualmente podía meterse en una bolsita y ser enterrada en los campos, en los límites de un terreno, escondida en los establos o en la entrada de la casa para que la cera los protegiera.
Interpretación en el esoterismo moderno y el neopaganismo
Además de todo lo dicho anteriormente, se ha añadido un simbolismo más a la vela fina que rodea el cuerpo. Como vimos, rodea la parte de lo que en la argizaiola sería el todo y la tripa. Pues bien, algunas corrientes lo han vinculado con un cordón umbilical, unido espiritualmente a este mundo y a Mari como diosa madre. Cortar, o en este caso derretir, el cordón umbilical es permitir el nacimiento del difunto en una nueva vida o plano.
Consideramos interesante la referencia que hace Piquero (2024), a que la diosa Mari siempre está tejiendo. El cordón de cera y el giro de las mujeres bien podría ser una arcaica referencia a esta labor y a los ciclos interminables.
Lo cierto es que, heterodoxo o no, las nuevas generaciones están consiguiendo que el oficio artesanos e las argizaiolak no caiga en el olvido, aunque sea vendiéndolas como souvenir para comenzar una nueva tradición hereditaria. Asimismo, refuerzana importancia etnográfica e identitaria de las mujeres en los momentos más importantes.
Además, está ayudando a revivir la Gau Beltza o Noche Negra, es decir, la Noche de Difuntos (31 de octubre). Además de las argizaiolas, pueden encontrarse celebraciones que recuerdan las castañas asadas, los cuentos sobre prakagorris (duendes y entes feéricos vascos), las cenas para los difuntos, las protecciones hacia los desfiles de almas (Eskandola) que pasean por los prados, o las luces en las encrucijadas para ayudar tanto a vivos como muertos a escoger el camino correcto.
Pietro Viktor Carracedo Ahumada -pietrocarracedo@gmail.com
Bibliografía:
- Aguirre Sorondo, A. Estudio de las De Las Argizaiolak de Amezketa (Gipuzkoa). Anuario de Eusko Folklore, 1987.
- Peña Santiago, L.P. La ofrenda de la cera en el PirineoInstitucion" Fernando el Catolico"(CSIC) de Zaragoza, 1965
- Piquero, G. En el vientre de Mari. Las raíces preindoeuropeas de la mitología vasca. Cauac. 2024.
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