Brujería en Canarias: historia, magia popular, santiguadoras y supervivencias guanches

28.05.2026

Las islas Canarias, en el continente africano, pero pertenecientes a España, combinan una mezcla de etnicidades que ha dado lugar a tradiciones que presentan aspectos indígenas, europeos, latino-americanos, bereberes y centroafricanos. Algunos de estos aspectos, sobre todo los relacionados con la religión y la magia, se han mantenido a lo largo del tiempo, mientras que otros han evolucionado para esconderse de las grandes religiones y de las persecuciones.

La brujería en las Islas Canarias comparte mucho con la Peninsular por su anexión, siendo reconocible como "magia mala" dentro de sus cánones. Conquistada por la Corona de Castilla, los registros de los S. XVI y XVII demuestran el miedo a prácticas indígenas, costumbres supervivientes al cristianismo, y a la Inquisición tomando parte en su eliminación sin hacer distinción entre actos de buena fe y maldades. Como en el resto del mundo, las acusaciones de brujería tienen mucho de envidias y malestares entre vecinos... cuando la Inquisición pierde poder, la tradición oral explota en leyendas y símbolos.
Brujas de canarias: Harimaguaras o europeas.

El primer choque cultural lo encontramos en la religión autóctona de los guanches frente al cristianismo. Los pueblos guanches provenían de África, de las tribus Amazigh (también llamados bereberes), quienes aún hoy conservan una visión animista del universo. Esta cultura africana se mantiene en la brujería en Canarias no sólo porque haga referencias al Sol y la Luna, sino porque también guarda recuerdos de ingredientes prodigiosos, como pelo de pata de camello, que no se presentan en la brujería europea.

Los ritos de las sacerdotisas Harimaguaras son rápidamente atacados por los invasores españoles, tanto más por cuanto son mujeres en un mundo predominantemente masculino. Sus santuarios naturales y sus ritos a Tara, diosa de la fertilidad, acrecentan la semejanza con los ritos paganos asociados con las brujas peninsulares. El papel de los Kankus, encargados del culto a los antepasados y a la comunicación con ellos, también fue duramente aplastados.

Sus ritos públicos evidentemente estaban prohibidos. Pero algo quedaba en los llanos donde se habían llevado a cabo, y también en los bailes que allí se hacían.
Estos lugares, normalmente en las montañas y valles abundantes en la orografía canaria, pasarán a ser protagonistas en los encuentros sobrenaturales de las acusaciones y leyendas sobre brujas, pasando a llamarse Bailaderos de brujas. Quizás uno de los más famosos es el de Anaga, en Tenerife, pero también hay otros Bailaderos y "escobonales".

<<Bailadero de Anaga,
Brujas de pelo negro,
en las oscuras sombras
a media noche bailaban.
En torno a la hoguera
en el bailadero danzaban,
brujas de pelo negro
desnudas, se bañaban.
Bailaderos de brujas,

San Andrés y Taganana,

mujeres de maldades

en nuestras tierras canarias>>


Estas brujas mezclarán la imagen traída por los españoles con la del recuerdo de las raíces guanches. Una mezcla también social, porque aunque hubo matrimonios mixtos, también hubo esclavitud temporal, represiones y clases bien diferenciadas entre españoles y aborígenes. Los cultos solían tener lugar los viernes, y vestían de blanco, cosa que conserva la tradición original. También tocaban música y hacían bailes propios de la isla, como el del gorgojo, que se baila en cuclillas.

<<Mi gorgojo está entre peñas,

 desde allí me jase señas,

 que vaya de aquí a un poquito 

a bailar con mi gorgojito>>


La pose en cuclillas del Baile del gorgojo, evolucionado al "Baile sentado", que hacía referencia a la fertilidad y a la elección de pareja -puede que incluso a una ocasión puntual de adulterio- se entiende mejor, según los antropólogos y folcloristas, en la desnudez de los guanches, o al menos en ropa menos pudorosa que efectivamente permitiera dichos movimientos. En los registros modernos, se dice que las mujeres metían la falda entre las piernas y sujetaban los pliegues con las manos para hacer una especie de pantalón, más cómodo.
Sin embargo, la idea del aquelarre nocturno, de los secuestros de niños, de los pactos con el diablo, de volar con escobas, etc., son una clara imprimación española y cristiana. La superstición sobre qué las brujas iban en grupos impares, o que el séptimo hijo o hija (o sexta) serían brujos, etc. se dan en toda Europa continental. Igualmente, se decía que volaban, entrando y saliendo de las casas por los tejados o las chimeneas. Y que sus horas de actuar eran siempre de las doce de la noche a la una de la madrugada.


Coplas y rimas con trasfondo brujeril

Las canciones y coplas populares son el elemento más útil para comprobar estas ideas:


<<De Canarias somos,
de Madrid venimos:
no hace media hora que de allí salimos>>

Siemens Hernández (1970)


O esta variante, que hace referencia a la población americana:


<<De las Indias somos,
en La Gomera vivimos,
hace unos minutillos que de allí salimos>>


<< Racimo de uvas,
Racimo de moras,
¿quién ha visto a una mujer
bailando a estas horas?>>

Siemens Hernández (1970)


<<De las doce a la una,
corre la mala fortuna.
De la una a las dos,
corre la Gracia de Dios>>

(Copla popular)


Algunos ven elementos antirreligiosos escondidos en canciones que hoy son para fiestas y juegos infantiles:


<<-Ah, comadre, ¿Vamos a misa?
-No tengo camisa
-¿Vamos al sermón?
-No tengo camisón
-Présteme su rosario
-No tiene cruz
-¡Ay, Jesús! ¡Ay, Jesús! Que el rosario de mi comadre no tiene cruz...>>

Luis Cuscoy (1964)

Asimismo se insertó al diablo y su peculiar aspecto de cabra:

<<Reverendo macho,
de cuerno torcido,
cuantos jaramagos
te habrás comido>>

(Recopilación popular sobre el diablo)


San Silvestre es tenido por el santo protector frente a la brujería, y esta tradición no pasó por alto las Islas Canarias, que lo usaban con frecuencia para la protección en general, así como a otros santos:


<< San Silvestre de Montemayor,
cuida mi casa y su alrededor
De la bruja hechicera
Y del hombre malhechor,
Y de aquél que para mí
tuviere mala intención>>

Barbuzano (1982)


<<Santa Irene, Santa Irene,
Yo te echo ruda,
romero y laurel,
para que salga el mal
Y entre el bien>>


<<Santa Irene, Santa Irene,
que la que me lo hizo, lo pene>>


En estos dos últimos textos vemos cosas sospechosas, ¿cierto? ¿Uso de hierbas para purificar? ¿Devolución de una maldición? Los límites de la magia y la fe no tienen límites definidos, ni los necesitan, cuando hablamos de las Santiguadoras.

Uso de hierbas y Santiguadoras

Si nos centramos en la magia autóctona de Canarias, tenemos unos elementos clave, que no hacen sino reforzar la idea de la supervivencia indígena: el uso de hierbas. Y nos atrevemos a decir que de la propia población canaria a lo largo de los siglos, ya que hasta bien entrado el s. XX, en las islas resultaba difícil tener luz eléctrica o disponer de un médico cercano.
El uso de hierbas no nos sorprende, sobre todo porque se utilizan en los tres grandes campos de la magia: la medicina (curanderismo), la magia de amor y la maldición. Tanto los registros históricos como los cuentos de la tradición oral nos hablan del marido que envenenó a su mujer con unos polvos en la bebida, de la mujer que hizo un amarre a un hombre rico recién llegado para casarse con él, del chico que se volvió loco porque dos jóvenes lo drogaban con la intención de que escogiera a una de ellas...


<<Si las mujeres supieran
Las virtudes de la Artemisa,
Siempre la llevarían
Prendida de la camisa>>

Barbuzano (1982)


Contra estas mismas situaciones, así como otros problemas de salud, estaban las personas conocedoras de hierbas, que sanaban desde la herida más superficial hasta la mente y el corazón, a través de sus infusiones y emplastos, y por supuesto, rezando y santiguando.

Las santiguadoras -hablaremos de ellas en femenino dado el escaso número de varones- son culturalmente religiosas, es decir, se adaptan a la religión del lugar y practican naturalmente sus artes en relación al entorno. Por eso una misma canción de santiguadora puede hacer referencia a una Virgen, a un santo o santa, o a algún aspecto de la naturaleza. Si bien se trata de una figura característica de las Islas Canarias, cuyo papel incluso a día de hoy tiene continuación, son muchos estudiosos los que piensan que fue la inmigración americana, especialmente caribeña, a lo largo de los siglos, la que revivió este fenómeno, por su paralelo con santeros, curanderos y rezanderos. Dicho de otro modo, el sincretismo que traían desde América los seguidores de la santería dio facilidades para la mejor creación y ocultación de un sincretismo guanche-cristiano.
Estas mujeres-doctoras fueron también perseguidas por la sociedad, de nuevo por ser mujeres con conocimientos "fuera de su alcance". Su memoria prodigiosa les permitía conocer cientos de rimas y propiedades, así como ser necesitadas por la comunidad.

Las santiguadoras, ahora enmarcadas en el entorno rural, son buscadas tanto para un empacho o infección como para males espirituales, a saber, el mal de ojo, el mal de aire y el susto. Sobre el mal de ojo no es necesario que hablemos ya que es conocido mundialmente.

El Mal de Aire, por su parte, es poco conocido en Europa, y más conocido en la América Latina (otro punto a favor de la teoría de la importación). Se trata de la sensación de malestar y dolor de cabeza,. dificultad para respirar, etc., que se produce tras haber caminado por una zona con "mal aire", a saber, un lugar donde se han concentrado malas energías: malos sucesos, gente malvada, o incluso puede provocarlo la asistencia a un funeral donde los sentimientos, para bien o para mal, hayan sido muy intensos.
El Susto es un disgusto tan grande que enferma a la persona, pero no en el momento, sino a lo largo del tiempo: deja de comer pero vomita, adelgaza, pierde pelo, enferma, llora sin motivo... Se da también el caso de que la situación que produzca el disgusto aún no ha tenido lugar, o ha ocurrido fuera de la vista de la personalidad afectada. Aquí las santiguadoras además de sus conocimientos mágicos hacen el papel de detectives y psicólogas.
También "sacaban el sol" (insolación), curaban la culebrilla (hérpes zóster), y el "fuego mordiente" (infección de granitos en las piernas).


Aunque algunos de sus remedios se acercaban a la brujeril - por ejemplo, curar niños pequeños frotándolos con un número impar de ramas frescas de una planta concreta, previamente empapadas en alcohol, vinagre y orina del bebé - las santiguadoras se caracterizan por sus oraciones católicas.
El santiguado era la oración dicha por la Santiguadora, a la que se le supone un poder especial, y que siempre empieza y termina realizando la señal de la cruz. Junto con agua y hierbas, las santiguadoras repiten un número mágico de veces sus oraciones En la actualidad se habla más de la sugestión y la autocuración a través del cambio psicológico, pero sin duda también la fe y la devoción, y la confianza plena en estas mujeres sabias, eran un mecanismo único. Y por supuesto, contaban con el auxilio divino....


<< Si el mal te entró por las manos,
te lo cure San Amaro.
Si por la barriga, Santo Domingo,
Si por el corazón, la Santísima Madre de Dios.
(...)
Si por la boca, Santa Polonia,
Si por la nariz, Santa Beatriz,
Si por los ojos, Santa Lucía
(...)
Si es lepra hechicera, San Lázaro,
Y si te entró por el cuerpo entero,
que te lo quite Jesucristo verdadero>>


Pietro Viktor Carracedo Ahumada -pietrocarracedo@gmail.com


Bibliografía:
- Barbuzano, M.A. La brujería en Canarias. Instituto de Cultura Canaria. 1982
- Dies Valles, C.; Prado Coronel, J. Breve historia de las brujas en España. Sugaar Editorial. 2024.
- Lorenzo Perera, M.J. El folklore maldito de las Islas Canarias. Centro de Cultura Popular de Canarias. 2002.
- Valor, D. El lenguaje de las brujas. Extremadura, Andalucía, Canarias. Egregor ediciones, 2025


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