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Demonología egipcia

03.07.2022

En el Antiguo Egipto existían una serie de creencias entorno a seres malignos que atormentaban tanto a los vivos, quitándoles su sustento, como a los muertos, en su camino hacia el encuentro con Osiris. La definición de demonio no es, ni mucho menos, correcta. Recordemos que el démon griego, de donde proviene la palabra, es simplemente espíritu, y que fue el cristianismo quien le otorgó su carácter maligno. Sin embargo, por conveniencia y consenso, es el término utilizado para referirse a estas criaturas del imaginario de la mitología del Antiguo Egipto. Como bien apunta Durán Velasco (2017), en Egipto existía una idea de bondad ética que era recompensada, por lo que la existencia de una maldad también ética parece inevitable, como lo es su plasmación en el arte y la literatura. Sin embargo, la definición de los "demonios" egipcios continúa siendo debatida: ¿por qué denominar demonios a entes que también realizan buenas acciones? ¿Por qué no dejarlo como "seres sobrenaturales"? Tal vez porque Egipto goza de una impresionante abundancia de los mismos.

Parece que la mejor definición de demonio en Egipto se correspondería con: aquél ser sobrenatural que no es propiamente una divinidad - aunque esto es discutible, ya que algunas eran divinidades menores o genios, pequeños seres híbridos, con las que compartían habilidades divinas pero, según parece, no buenos deseos hacia los seres humanos. Otra categoría para estos seres demoníacos eran las almas que no habían logrado alcanzar la paz deseada, y se convertían en tales seres amenazadores, en seres espectrales, fantasmas o en una suerte de revenidos que hacían enfermar a los vivos. La gran diferencia es que, mientras que los dioses, grandes y pequeños, sí reciben culto, no ocurre lo mismo con estos seres malignos. Esto conllevará que muchas divinidades con una doble faceta queden en terreno de nadie al no lograr clasificarlas como es debido.

No hay tampoco consenso en la diferenciación o separación, incluso dentro de las categorías demoníacas. Según algunos, en un lado del catálogo tendremos a aquellos dioses considerados malignos o malvados hacia los humanos, castigadores, etc. En el otro, espíritus menores, que cumplen diversas funciones: algunos son guardianes, vigilantes de los portales de Amduat, el Más Allá; o que son heraldos o acompañantes del cortejo de algún dios. Debido a la connotación negativa que ha obtenido la palabra demonio (que en su original griego es simplemente "espíritu"), resulta muy difícil hablar de estos entes sin imaginarlos al servicio de un ser superior que los guíe en sus maldades, o los tenga sometidos.

Si atendemos a Lucarelli (2010) la diferencia radica en su emplazamiento: existirían los demonios o espíritus funerarios, del Más Allá, y los espíritus terrestres, en tanto que pueden viajar por la tierra, entre los humanos, e influir en sus vidas. Sin embargo, como ocurre en otras religiones existe una gran ambigüedad entre qué es bueno o malo en la categoría de divinidad, dado que se toma su definición desde la perspectiva humana.

Recientemente se está planteando la división entre animales demoníacos (antinaturales), demonios que previamente han sido humanos (ya sea transformados o como espíritus de difuntos), y demonios generales, aquellos que no encajan ni en la categoría de divinidad ni en las anteriores.

Para reconocer a un "demonio" egipcio, hasta que se obtengan definiciones claras, podemos guiarnos por otros medios. A veces sus nombres son una referencia a sus características malignas, como Sehaqeq, "el que causa dolor de cabeza", un demonio que se describe con manos como garras, ojos en la nuca y lengua en el ano. Otros reciben simples apelativos, como "los carniceros", comandados por la diosa leona Sekhmet, "los decapitados o decapitadores", demonios que torturan a los enemigos en el más allá, o el genio sin nombre al que llaman hatayw, traducible como "el nocturno" o "el asesino"; como en el último ejemplo, gran parte de los demonios no tienen nombre y se les conoce directamente por un apelativo de su función o su aspecto: el devorador de gusanos, el ciego, el venenoso, o el de horrible rostro. Szpakowska (2009) aporta varios de estos apelativos, demostrando, no obstante, la complejidad de identificarlos por sus funciones: khayty, los de la oscuridad, son fácilmente identificables como espíritus nocturnos; sin embargo, weputyu, los mensajeros, tienen dicha función pero también son alborotadores, y los werets, los grandes, son demonios pero están muy relacionados con las funciones y auxilios oraculares. Esta autora, empero, aporta una característica demoníaca más: su localización cerrada, ya sea en un lugar concreto o en un momento temporal oportuno.

Demonios espíritus

Los Mtw eran los muertos, y su nombre era tabú en las ceremonias funerarias, dado que interaccionaban con otros muertos. Los Akhw eran los espíritus redivivos, es decir, espíritus que sí interaccionaban con los vivos tras la muerte, algo parecido a fantasmas y no muertos vampíricos. Se creía que entraban en los cuerpos humanos a través de sus orificios o sus ojos, causando enfermedades. Existían hechizos claramente dirigidos a expulsar a ambos tipos de espíritus malignos. Sin embargo, ser una akhw no era necesariamente malo si estaba asociado a alguna divinidad del Más allá, como Osiris, y se le permitía viajar entre mundos. Existe asimismo un poder llamado Baa, verbo que significa beber sangre, invisible, que ataca y debilita especialmente a los niños. Así en el texto del pRamesseum III:

<<Después de salir de las marismas, Isis dice: "Me rasgué el pelo, porque había encontrado a mi hijo Horus, su corazón estaba cansado, sus labios estaban verdosos, sus piernas estaban débiles, porque había succionado el baa que estaba en mi pecho ... " Horus se esfuerza por expulsar al desagradable baa: " Saldrás, malvado baa, en tu nombre, este nombre, baa, que es tuyo, tú, que sacas el corazón y debilitas las rodillas ... ">>

Como puede verse, al baa se le expulsa mediante la siempre confiable técnica mágica de invocar al ente por su propio nombre.

Sus formas asimismo variaban dentro de la iconografía: la antropomorfa, la mixta - mitad animal y mitad humana -, híbridos animales, sombras. Por ejemplo, Intep, el babuino-perro, o Chery-benut, un ser de cuerpo amorfo, indefinido, pero siempre con cara humana. A veces no quedan explícitamente manifestados: el asno, por ejemplo, era considerado un animal maligno, de manera que la representación de un asno en una escena religiosa o ritual expone la presencia de una fuerza maligna. De la Época Baja datan representaciones demoníacas en las que la cabeza de los demonios ni siquiera es un animal, sino que en su lugar tienen objetos, como armas o llamas de fuego.


Divinidades demonizadas

La fuerza maligna por excelencia es Apophis (o Apep), la gigantesca serpiente (u otras veces, cualquier reptil de enormes proporciones) que trata de devorar el sol y que Ra vence cada noche. Apophis, llamado también Señor del Caos y Enemigo de Ra, a pesar de considerarse muy poderoso, no era un ser primigenio, ya que en la mitología y teología egipcias de dice que nace después de Ra, lo que implicaría que su existencia es consecuencia directa de la necesidad de equilibrar contrarios, esto es, ser la no-existencia, el caos, la oscuridad. Su consideración negativa queda justificada por evocación de todo lo malo, y consecuentemente, tampoco recibía culto, antes bien, se evitaba su presencia mediante "anticultos".

Este ser monstruoso revive y retorna a su misión, lo que es prueba de un pensamiento dualista y cíclico, pero también constante, de la lucha entre luz y oscuridad, de lo bueno y lo malo. En realidad, existía una pareja divina Kek-Kekui que representaban asimismo la oscuridad (masculina) y la luz (femenina), sin connotaciones negativas. La negatividad de Apohis consiste justamente en el desequilibrio que produciría su victoria.

Set es una divinidad polémica. Buena, mala, muy suya, Set tiene papeles muy diferentes que no dejan claro por qué incluso los estudiosos se empeñan en incluirlo entre las deidades malignas si no se conoce un poco de su culto. Es cierto que, en el mito, asesinó y descuartizó a su hermano Osiris, quedándose con el trono, hasta que tras una contienda con Horus, el orden real fue restablecido. Estos episodios están cargados de maldad, soberbia, prepotencia, excesos sexuales, torturas, mutilaciones... que en efecto no posicionan a Set en el mejor lado. Pero también es cierto el hecho de que acompaña a Ra en su barca para enfrentarse a Apophis cada noche, siendo una divinidad protectora.

El animal con el que Set está representado no termina de reconocerse, siendo para algunos un chacal con las orejas cortadas, y para otros, algún tipo de feneco. En cualquier caso, pues son sus dominios, es dios del desierto, de la Tierra Roja, de las tormentas, de la sequía, de la ausencia de una buena naturaleza, así como de la destrucción, el desorden y la violencia. Su soledad en el desierto es otro punto en contra, pues la vida en sociedad era lo positivo en Egipto. Además, los pueblos limítrofes, que vivían en los desiertos o más allá, incluyendo asirios y persas, adoraban a Set (o alguna otra de sus formas) como divinidad principal, y se ha cuestionado la posibilidad de que, en efecto, vieran en el mito de la destronización de Osiris una forma de reconocerse como naciones fuertes que podrían derrotar a la corona egipcia. Por su parte, los hicsos, que fueron dominadores del Bajo Egipto en el s. XVII a.n.e., eran devotos de Set, para los que era un dios de la guerra y la tormenta. A pesar de que incluso algunos farones tienen nombres teóforos de Set, como Seti o Setnajt, con la llegada de pueblos invasores, sin contar ya a los griegos y los romanos, la imagen de Set cobraría más fuerza como negativa, siendo el mito de Osiris el que prevalecería entre sus facetas reconocibles.

Shesmu, representado como un hombre con cabeza de león y un cuchillo grande y afilado, es otra divinidad de doble faceta, confundida por un tiempo como demonio del más allá. Es dios de los perfumes, aceites y vinos, rol que los griegos potenciaron, pero también un dios sediento de sangre, o al menos, así se le presentó en los textos de las pirámides, donde aparece desmembrando a otros dioses. Su epíteto es "el ejecutor". Sin embargo, esto es un acto religioso para dar poder al rey difunto, a través de la consumición de otras esencias divinas. Algo parecido ocurre con Shekmet, la diosa leona, cuyo mito narra su faceta agresiva y sedienta de sangre, a la que los humanos logran calmar cambiando ésta por vino para emborracharla y dormirla.

Demonios del Más Allá

Como la gran mayoría de los dioses, el Otro Mundo es el lugar al que pertenecen estos espíritus. Una parte de ellos tenía un lugar fijo en Amduat, como Ikenty, guardián de un portal ardiente, del cual aún no ha podido deducirse a qué lugar conduce, aunque se supone que se trata del hogar de alguna divinidad o de su imagen. Otros se dedican a complicar el camino a las almas de los difuntos, impidiéndoles llegar hasta Osiris y vivir junto a él.El ya mencionado Intep recibe el epíteto de Cortador de cabezas, ya que esta es su misión, atacando a las almas de los difuntos cuando éstas se aproximan al Juicio.

Ammut, la Devoradora de almas, o de corazones, era una divinidad funeraria monstruosa, con cabeza de cocodrilo y cuerpo de león e hipopótamo. Permanecía atenta a la psicostasis, el pesaje de las almas llevado a cabo por el dios Anubis, y si la balanza no se equilibraba con la pluma de Maat, el orden y la justicia, devoraba el alma del difunto, impidiendo que alcanzase la vida eterna.

Encontramos también una serie de recitaciones que los difuntos pueden realizar para protegerse, así como las funciones del ajuar funerario:

«El demonio Nebt no podría acercarse a mí; y no me rechazarán los guardianes de los Arrits, porque mi cuerpo está protegido por amuletos» Conjuro CLXIV, Entrada en los Arrits. Libro Egipcio de los muertos.

«¡Oh Isis! ¡Que tu sangre actúe! ¡Que actúe tu radiación! ¡Que actúe la fuerza de tu magia eficaz! ¡Acoge bajo tu protección, oh diosa, a este poderoso Espíritu, no lo dejéis que se acerque a los demonios que le inspiran horror y asco!» Conjuro CLVI del Libro egipcio de los muertos. 

Este hechizo se debía recitar sobre una hebilla de cornalina que se engarzaba el una tablilla de madera que se ponía entorno al cuello del difunto.

Un aspecto curioso que tendría el difunto para "identificar" a estos demonios, diferenciándolos de los dioses, es que percibiría el stj de los dioses, es decir, "lo que emana", su perfume, mientras que en el caso de los demonios se percibiría un desagradable hedor. El difunto, por su parte, emitiría también su propio "olor del bienaventurado",

Demonios en el mundo humano

Si bien abundan en Amduat, también en el mundo de los vivos, en el que intervienen los dioses, pueden manifestarse y participar los espíritus malignos. La diosa leona Sekhmet tenía una pequeña avanzadilla de espíritus malignos entre sus sirvientes, encargados de vengarse de las afrentas a su culto, llevando la pestilencia y la enfermedad. Son los shemayu, los errantes y swau, los transeúntes. (Szpakowska, 2009)

Es un detalle curioso que en el mundo de los hombres, los demonios acudan siempre en grupo, en hordas, y no en soledad, salvo en el caso de los fantasmas familiares. Este plural se manifiesta en nombres como "los nocturnos" o "los poderosos". Desde el punto de vista religioso, quizás esta asociación venga relacionada con la idea de séquito de una divinidad mayor, o como síntoma de cobardía ante una sociedad muy entregada religiosamente, o, desde un punto de vista antropológico, tal vez sea simplemente una forma de asociarlo con las plagas y las enfermedades, que atacan numerosamente. En el período ptolemaico y después, existió una divinidad sincrética, Twtw, que significaba algo parecido a "colectivo", es decir, que referenciaba al número múltiple de seres que formaban parte de las pestes o las plagas, como un tropel.

Además, en otros momentos en que el ser humano cruzaba la delgada línea entre la vida y la muerte, como podían ser un fallecimiento o un nacimiento, los demonios más monstruosos cruzaban al mundo humano, y por ello era necesaria la asistencia de divinidades "igualmente monstruosas" como Tueris, la diosa hipopótamo, o el dios Bes (Beset en su contraparte femenina).

Ritos contra estos "demonios" egipcios

Existían fórmulas mágicas y oraciones para protegerse de los mismos, muchos de estos textos, que aparecen en el Libro de los Muertos, se encuentran escritos en las grandes tumbas, en objetos o en los vendajes. Asimismo existían amuletos dedicados específicamente a proteger y ahuyentar a estos espíritus, como se pudo ver en la sección de demonios de Amduat, así como en el artículo sobre Talismanes Egipcios.

Además, tal y como se vio en el artículo: Heka: Magia egipcia (II), existía cierta categoría de "exorcismos" cuando los demonios entraban en el cuerpo de un humano y lo enfermaban o atormentaban. Si bien la documentación relativa es sobre todo externa, conocemos ciertos detalles, como que cuando un espíritu era expulsado, emitía un olor característico (rDw), o que debía ser transferido a un material inerte, muerto, donde quedara atrapado.

Se conocen muchos hechizos protectores contra los espíritus malignos, muchos extraídos del Libro de los Muertos. Contra Apophis, por ejemplo, existía un rito anual, purificador y renovador, en el cual se modelaba en arcilla o cera una figura de serpiente que se procedía a quemar, mutilar o destruir. De este modo se reafirmaba la victoria de Ra sobre la oscuridad y se purificaba al conjunto social. También existían amuletos con rúbricas contra demonios concretos de Amduat. De hecho existe un texto popularizado por su nombre griego, Libro de Apophis, donde se describen éste y otros rituales solamente contra Apophis.

Pero también existían formas y expresiones de alejar a los demonios de formas más personales y cotidianas, que siempre demuestran las creencias de un modo más cercano. El historiador Henry Breasted (1912) expuso una traducción personal de la llamada Canción de cuna egipcia, que encontramos en el P. Berlin 3027, también llamado Papiro Erman por su primer editor, que en realidad es ante todo un papiro con prescripciones médicas para los recién nacidos y los infantes, y que incluye encantamientos para alejar los malos espíritus, indicando además los elementos a usar. Exponemos nuestra traducción desde la suya:

«Run out, thou who comest in darkness, who enterest in stealth, his nose behind him, his face turned backward, who loses that for which he came.

Run out, thou who comest in darkness, who enterest in stealth, her nose behind her, her face turned backward, who loses that for which she came.

Comest thou to kiss this child? I will not let thee kiss him.

Comest thou to soothe him? I will not let thee soothe him.

Comest thou to harm him? I will not let thee harm him.

Comest thou to take him away? I will not let thee take him away from me.

I have made his protection against thee out of Efet-herb, it makes pain; out of onions, which harm thee; out of honey which is sweet to (living) men and bitter to those who are yonder; out of the evil parts of the Ebdu-fish; out of the jaw of the meret; out of the backbone of the perch»

«Corre, tú que vienes en tinieblas, que entras en sigilo, con la nariz detrás de él, el rostro vuelto hacia atrás, el que pierdes aquello por lo que viniste.

Corre, tú que vienes en tinieblas, que entras en sigilo, con la nariz detrás de ella, el rostro vuelto hacia atrás, el que pierdes aquello por lo que viniste.

¿Vienes a besar a este niño? No dejaré que lo beses.

¿Vienes a calmarlo? No dejaré que lo calmes.

¿Vienes a hacerle daño? No dejaré que le hagas daño.

¿Vienes a llevártelo? No dejaré que te lo lleves lejos de mí.

He hecho su protección contra ti de hierba Efet, que te produce dolor; de las cebollas, que te dañan; de la miel que es dulce para los hombres (vivos) y amarga para los que están Más allá; de las partes malignas del pez Ebdu; de la mandíbula del meret; de la espina dorsal de la perca»

Pietro V. Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
-Breasted, J.H. Development of Religion and Thought in Ancient Egypt. Cosimo, Inc., 1 ene 2010 (First edition 1912)
-Hornung, E. EL Uno y los Múltiples. Concepciones egipcias de la divinidad. Trotta, 1999.
-Lucarelli, R. Ancient Egyptian demonology. An introduction. Éskathon Publishing, 2013.
-Szpakowska, K. Demons In Ancient Egypt. Religion Compass, 2009

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