Historia de la alquimia (I): Egipto, Grecia y Roma

04.08.2021

La palabra alquimia parece derivar del árabe al-kemeia, que aparece como tal en el S. XII. Según ciertos estudiosos, kemeia o kimia vendría a su vez del egipcio kmt o chem, cuyo significado era negro, refiriéndose al color oscuro de la tierra. Puesto que una de las principales funciones de la alquimia es la transmutación de los metales, muchos consideraron que esta referencia a la tierra provenía de su asociación con los minerales. Otro, por su parte, consideraron que la palabra del árabe era en realidad una adaptación de la palabra griega χυμεία (chymeia), que significa exprimir o derretir, o incluso de χημεία (chemeia), de donde viene la palabra química. Pero tratar de ver la alquimia como una simple precursora de la química moderna es, cuando menos, simplista.

  • Egipto

La alquimia surge en Egipto, pero tenemos un nacimiento casi paralelo en China. Muchos buscan interrelacionar metafísicamente ambas culturas para deducir cómo es posible que dos civilizaciones tan distantes acabasen desarrollando unas prácticas químicas y filosóficas tan semejantes. Como fuere, lo cierto es que la palabra que nos ha llegado es la árabe, y que sin duda tuvo lugar una época de expansión singular de la alquimia en el Mediterráneo, entre los siglos IV a.n.e. y III, así como posteriormente en la Edad Media, a través de la difusión llevada a Europa por los árabes.

El estudio de la alquimia en Egipto fue reducido por los estudiosos a la alquimia material, es decir, la transmutación de los metales en oro. Y es cierto que en el antiguo Egipto encontramos referencias alquímicas, pero también el oro se encuentra cargado de un simbolismo vital ineludible: la carne de Ra es de oro, lo que lo convierte en un material divino e inmortal. La miel era conocida como "el oro líquido", de ahí su valor como ofrenda. El uso del oro en figuras y estatuas divinas, así como de los faraones divinizados, era habitual y utilizado no sólo como señal de poder y riqueza, sino de la propia condición de divinidad. Lo mismo ocurre con el betún, la resina, y otros minerales que tenían un valor intrínsecamente divino. La alquimia, dentro de la religión y la magia, sería, en todo caso, algo exclusivo de dioses, y por tanto, que sólo estaría disponible para su aprendizaje en el mundo sacerdotal, especialmente en relaciones con la faceta de la inmortalidad tras la muerte y la medicina en general. Hay evidencias de la creación en yeso, cerámica y vidrios de recipientes que soportaran altas temperaturas y donde realizar distintas mezclas y ensayos, aunque muchas de estas estarían destinadas a la cosmética o la construcción. No obstante, en cuestiones relacionadas con lo medicinal o lo mágico, es bien sabido que la astrología o las correspondencias simbólicas , algo frecuente en la posterior evolución alquímica.

Pero aparte de esto, que pueda parecer un simbolismo evidente, algunos estudiosos han querido ver en los jeroglíficos una serie de representaciones de acciones alquímicas, así como simbolismos: por ejemplo, en algunas tumbas del Valle de los Reyes han querido ver referencias a la alquimia en cañerías y calderos, rodeados de divinidades que vigilan sus contenidos y atizan el fuego, interpretando que se trata de alguna clase de alimento celestial o de inmortalidad. A través de los atanores viajarían y se diluirían, por así decirlo, las distintas energías de la creación y la vida, que son utilizadas para la resurrección de Osiris. En el llamado matrimonio sagrado de Horus y Hathor, se habla de la unión, no sólo amorosa o social, sino de energías y su consecuente exaltación.

El egiptólogo francés Chassinet (1868-1948) consideraba que en las Casas de Vida, los sacerdotes fabricaban una piedra divina que, extraída de un fuego purificador y esencial, se convertía en el corazón perpetuo de Osiris. En la misma línea, los vasos canopes, utilizados también para las linfas de Osiris, son herramientas alquímicas para la inmortalidad. Jean Yoyotte (1927 - 2009), por su parte, consideraba que el aprendizaje de las tareas del faraón comprendía un valor alquímico, por ejemplo, cuando dominaba "el fuego de Sekhmet", la diosa de la guerra, para tener éxito frente a los enemigos. Este tipo de alquimia, por tanto, sería una alquimia de inmortalidad, y hasta cierto punto, una alquimia espiritual.

Por supuesto, no faltan las búsquedas alquímicas en los textos. Para empezar, la relación entre la palabra neb: destreza o arte y newb: oro, y además, nebí: fundir y nadar, lo cual hace referencia al océano primordial, y a Atum, el dios creador que surgió de él. En los Textos de los sarcófagos encontramos expresiones en las que los egiptólogos identifican simbolismos de corte alquímico:

<<Quien llega a dominar el agua y el fuego es alumbrado, cada día, por la cofradía de la luz>> (Cap. 88)

<< Soy ese remo de Re al que no moja el agua ni quema el fuego (...) con el que bogan Re y los ancianos, que levantan las linfas de Osiris hacia el lago de Osiris>> (Cap. 361)

  • Grecia

La alquimia griega surge del encuentro de la cultura helenística con la cultura egipcia, y ha llegado a nosotros a través de autores tardíos y luego las recopilaciones bizantinas. Estos textos tienen resúmenes, referencias cruzadas, citas sin autor y numerosas interpolaciones de los distintos copistas, que utilizan un vocabulario incorrecto y que da lugar a todavía mayor confusión. Los autores de los textos alquímicos griegos se hacen llamar por el nombre de grandes figuras de la antigüedad como Demócrito, Platón, Aristóteles, Tales, Heráclito o Diógenes, pero también hay directamente "autorías divinas" de Hermes o Isis.

Aunque como ya se dijo antes, la palabra alquimia provine del árabe, es curioso ver que uno de los autores de textos alquímicos toma el nombre de Quimes, un héroe fundador, cuyo nombre en griego (Chymes o Chimes) entra en relación con las ya mencionadas palabras griegas χυμεία (chymeia) exprimir o derretir, y χημεία (chemeia), química, si bien el propio Plutarco vuelve a indicar que ese nombre provendría del egipcio Chemia, es decir, tierra negra.

En la alquimia griega existen tres períodos diferenciados de interés alquímico. Para empezar tenemos la Physika kai Mystika de pseudo-Demócrito Demócrito (¿S.I- II a.n.e.?) quien se ha querido identificar con Bolos de Mendes, considerado el primer escritor ocultista, de cuyo texto tenemos copias de la época de Constantino. El modelo alquímico de las recteas aquí presentes consiste en una mímesis, es decir, en una serie de recursos para imitar piedras preciosas, oro y otros metales, una especie de coloración que alteraba las cualidades externas de los objetos. Todo podría parecer una simple guía de falsificación, pero en el fondo subyace la idea de transmutación, que podemos comprobar en una de sus líneas, la cual aparece repetida en otros muchos textos de la antigüedad, y que servirá de base a los alquimistas griegos posteriores:

<<una naturaleza es encantada por otra naturaleza, una naturaleza vence a otra naturaleza, una naturaleza domina a una naturaleza>>

Por quien más conocemos a este autor es por las citas de la siguiente gran figura alquímica griega, Zósimo de Panópolis (S.III). Si bien se conoce la existencia de más de ochenta obras de este autor, en lo que se refiere a los textos alquímicos hay mucha disputa sobre si pertenecerían a o no a esas obras de referencia auténtica, o si serían epigráficas o de simple atribución publicitaria. Por otra parte, sus supuestas obras químicas nos han llegado fragmentadas, a través de citas. Las más conocidas son Sobre la letra Omega, las Tres Visiones y la Exposición final. En las Visiones, Zósimo o el supuesto autor narran la revelación de los conocimientos alquímicos a través de una experiencia onírica. Su obra ha sido traducida y reinterpretada de tal manera que lo único que parece fiable de sus "transmutaciones" explicadas es la receta de la fermentación de la cerveza. Con todo, su obra, fidedigna o no, contiene una mezcla de recetas con una serie de simbolismos y fabulaciones místicas y espirituales, que han dado pie a las reinterpretaciones alquímicas y ocultistas, en especial por su faceta ritualista.

Véanse por ejemplo los siguientes fragmentos que se le atribuyen:

<<Así como el sol celestial es una flor de fuego y el ojo derecho del mundo, así también puede convertirse "el cobre" en una flor (de fuego) mediante la purificación, transformándose en un sol terrestre.>>

<<Uno es el Todo, por él es el Todo y hacia él vuelve el Todo, y si no contuviera el Todo, Todo sería nada. Uno es la serpiente, la que posee el enrojecimiento tras dos tratamientos.>>

El Uno, según Michéle Mertens (2002), sería el universo, y la serpiente es una referencia al Ouroboros, la serpiente que se devora su propia cola formando un círculo, que sugiere el ciclo eterno universal, donde todo comienza, acaba y reinicia, o bien, el infinito y la continuidad. Esta sustancia, también, sería el oro o la sustancia perfecta, símbolo de perfección, también espiritual y cognitiva.

Otro texto alquímico atribuido a Zósimo hace referencia al "agua divina", nombre que recibirán tanto el azufre como el "mercurio de los alquimistas", supuestamente procedente del mercurio común, como una forma purificada y fluida, así como su versión espiritual, teniendo en ambos casos un poder transmutador.

<< Esto es el divino y gran misterio, el objeto de la búsqueda, porque esto es el Todo. Dos naturalezas, una sola sustancia; porque una atrae a la otra y una domina a la otra.

Esta es el agua plateada, el hermafrodita lo que huye sin cesar, lo que se precipita hacia sus realidades propias, el agua divina que todos han ignorado, cuya naturaleza es difícil de concebir. En efecto, no es un metal, no es un agua en permanente movimiento, no es un cuerpo porque no se la puede agarrar. Esto es el Todo en todas las cosas, pues posee a la vez vida y espíritu y tiene un poder destructivo. Quien la conoce posee el oro y la plata.>>

Aquí el Todo es la unión de dos potencias, de dos elementos, dos sustancias. No es sino una manifestación de la polaridad física y universal, referente en otras muchas culturas (bueno y malo, luz y oscuridad, masculino y femenino... ) y también el andrógino hermético, que a partir del Renacimiento será interpretado como el carácter simbólico oculto de todo, y la dualidad material-espiritual, previamente se vinculó al andrógino primigenio de Platón, esférico como un huevo cósmico.

A finales del S.IV entramos en la época de los comentarios a las obras alquímicas griegas, como pueden ser los comentarios de Sinesio al pseudo - Demócrito, de Olimpiodoro (S.V) a Zósimo y Esteban de Alejandría (S.VI) a Heráclito, autores que se han querido introducir por los estudiosos dentro de los círculos neoplatónicos, y así hasta llegar al mundo Bizantino con Miguel Psellos, Costas y Nicéforo Blemmides. Llegados a este punto, la alquimia se centra en la transmutación en oro, no en su simple imitación. Partiendo de la base de que todo está compuesto de una materia primordial, la idea de la transmutación pasa por quitarle a un metal todas sus características, hasta que sea de nuevo esa materia primordial, y luego fijarle unas características nuevas, las del oro, todo ello bebiendo de las teorías aristotélicas sobre la materia. Olimpiodoro consideraba que este material primordial era el plomo líquido, mientras que otros apuntaban al mercurio.

Es precisamente en esta recta final griega, prácticamente medieval oriental, donde se regresa a las ideas del arché u origen de la materia de los presocráticos, o incluso los cuatro elementos de Empédocles. La alquimia era entendida dentro de las ciencias naturales y la orfebrería. Pero la alquimia no queda vacía de su sentido espiritual, por cuanto las ideas sobre los elementos o las mutaciones materiales están unidas al pensamiento filosóficos. Esto puede notarse en que las revelaciones sobre la alquimia le llegan a Zósimo a través de las metáforas de sus sueños, por ejemplo. Esteban de Alejandría distinguirá entre una alquimia mítica y una alquimia mística, es decir, espiritual, iniciática, y revelada por la divinidad. A partir de los siglos VIII y IX, ya pueden notarse influencias herméticas - aunque los textos de Hermes Trimegisto y la Tabla Esmeralda los encontraremos, expuestos como tales, en la literatura árabe- , que se mezclan con el gnosticismo e ideas sobre el alma, donde la alquimia acaba siendo también una transformación personal en al cual uno puede librarse de lo humano, y regresar a lo divino. Además, asumirá, por su popularidad, características propias de las religiones mistéricas greco-egipcias, que incluyen iniciaciones, uniones místicas con las divinidades, y por supuesto, el secretismo y el silencio entorno a todo lo que se aprende y obtiene en ellas.

  • Roma

La existencia de alquimia en Roma no ha sido atestiguada como tal, sin embargo, es obvio que recibirían influencias de la alquimia greco-egipcia, y que si bien los romanos no dejaran testimonios o textos alquímicos, eso no querría decir que en territorio romano no hubiese alquimistas, ya fuesen latinos o no. Hay testimoniadas en la antigua Roma creencias sobre la vida y metamorfosis natural de los metales, como en la Historia Natural de Plinio el Viejo, como las creencias sobre que en las minas los minerales se auto-regeneraban. En la mitología, Virgilio presenta a Vulcano, el Hefesto griego, como una especie de alquimista, un artista de la forja capaz de convertir los metales vulgares en fino oro. En cualquier caso, en Roma parece que interesaban más la química y la física para fines prácticos como el uso arquitectónico del plomo.

La alquimia en Roma parece que ocupó más lugar en las cuestiones filosóficas y religiosas (neopitagorismo, astrología, religiones mistéricas, incluyendo el hermetismo). Las interpretaciones sobre la muerte y resurrección de la materia y los dioses mistéricos comparten bastante con ciertas ideas sobre la transmutación material, y así ha querido verse en la obra de NIgidio Fígulo, la polymatheia. Por tanto, sería un tipo de alquimia esotérico y espiritual, pero no sería autóctona, sino greco-egipcia, y tampoco hay rastros de que ocupara un lugar importante en las vidas de los romanos. Parte de esto es debido a que las religiones mistéricas se vieron enfrentadas muy pronto al intransigente y recién llegado cristianismo, el cual se extendería con rapidez, aunque sí desarrollaría, con el tiempo, la alquimia en sus dos vertientes.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
-Balasch E., Ruiz, Y. Diccionario de Magia antigua y alquimia, Tikal, 2003
-Martínez Rodríguez, T. Historia secreta de la Edad Media. Ediciones Nowtilus, Madrid, 2019.
-Servier, J., Diccionario crítico de Esoterismo. Akal, 2006

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