El Estigma y el Don. Historia y Creencias del Esoterismo Gitano

08.03.2026

Cuando los primeros grupos de gitanos llegaron a las puertas de Europa Occidental en el siglo XV, llevaban consigo salvoconductos emitidos por reyes que les identificaban como peregrinos de pleno derecho. Sin embargo, su estilo de vida nómada, así como su aspecto y su lengua, generaron desconfianza.

Su entrada en la Península Ibérica se produce hacia 1425, y aunque inicialmente fueran recibidos con curiosidad se ganaron rechazo en pocas décadas asociándose a embaucadores. Este sentimiento era común con las visiones provenientes de centroeuropa. Según el estudioso Julio Caro Baroja en la obra "Las brujas y su mundo" (1995, Alianza Editorial) se establece que la acusación de brujería ha operado históricamente como un mecanismo de diferenciación y exclusión social, con mayor incidencia en minorías etnoculturales.

En el caso del pueblo gitano habría que separar dos realidades distintas, el de las creencias endógenas hacia dentro junto a la construcción exógena basada en prejuicios hacia fuera.

Origen étnico y origen "esotérico". India, Egipto y los tres grandes grupos

El tronco común del pueblo gitano se sitúa en el subcontinente indio, confirmados por estudios genéticos y lingüísticos, rastreando su huella desde el norte de la India hasta Occidente hace más de mil años.

Sin embargo, necesitaban identificarse con el origen egipcio de forma mítica como estrategia de supervivencia en una Europa que pedía un linaje reconocible, de ahí el nombre (e-)gipsy en inglés.

En la España del Siglo de Oro, se reprodujo este origen desde la literatura.
Juan de Quiñones, noble y eclesiastico español, dijo que en su discurso contra los gitanos que eran "encantadores, adivinos, magos y quirománticos" por lo que evidenciaba la acusación de prácticas adivinatorias asociadas a la imagen del gitano como poseedor de conocimiento arcano, según recoge Rafael Martin Soto en Magia y Vida Cotidiana. Andalucía, siglos XVI-XVII (2008, Centro de Estudios Andaluces)

Por tanto, es un error hablar de una "religión gitana" unificada ya que han asumido como propias creencias de sus países de acogida (catolicismo, ortodoxia, protestantismo) aunque manteniendo un sustrato de creencias animistas, con un sagrado vínculo a la naturaleza y al destino.

Los tres grandes grupos compartieron este estigma, con matices locales:
Calé, en Península Ibérica
Romaní, en Europa del Este
Sinti, en Centroeuropa

El punto álgido de condena racista viene de Sancho de Moncada, académico que promulgaba un discurso en 1619 acusando a los gitanos de "irreligiosidad, desprecio por el matrimonio, magia y antropofagia" alentando al pánico moral mientras añadía que las mujeres eran seducidas en contra de su voluntad.

En ese mismo año, el rey Felipe III ordena la expulsión de toda persona gitana en un plazo de seis meses bajo pena de muerte, estableciendo un precedente jurídico para lo que se conoce en España como la Gran Redada, encarcelándose a 5.500 gitanos en Andalucía durante el año 1749. Aún así, en España, Portugal y Sur de Francia puede decirse que los gitanos tuvieron "algo romántico": su vida era asociada con la libertad y las artes, y muchos lograron empleos itinerantes como chatarreros, transportistas o bailarines, que los salvaron de la limpia. Otros aceptaron la integración mediante los trabajos menos agraciados, como herreros o limpiadores.

En el resto de Europa Occidental (Francia, Países Bajos, Bélgica, Italia…) la situación no era muy diferente. El espíritu de la ilustración quiso integrar a la etnia gitana en los estándares de la sociedad europea, provocando que, por fuerza, los que no se adaptaban regresaran al vagabundeo y el entorno marginal. Los gitanos que se dedicaron a trabajos aceptables para los estándares modernos sufrieron paralelamente la discriminación por parte de su propia gente y por parte de los europeos, que seguían "sin fiarse".

Todo ello unido a un racismo que en Europa oriental era peor. Allí literalmente habían sido esclavizados en varias ocasiones, pues los estado emergentes no podían permitir ciudadanos desobedientes. Se unía al racismo una serie de inestabilidades políticas en las que un grupo étnico al margen de toda norma era blancod e todos los bandos. Entre los estados europeos conquistados por los musulmanes, como Grecia, los gitanos eran rechazados y expulsados. Al llegar a territorios más al norte, como Rumanía, la estabilidad no podía arriesgarse con la llegada de "personajes circenses" de mala fama, y que encima no se adaptaban a las leyes. Todo esto continuó hasta el S.XX, donde los nazis hicieron de los gitanos uno de sus objetivos: el problema es que no sólo fueron los nazis, sino que en República Checa, Hungría y otras zonas con o sin influencia de las ideas de "pureza de raza", ya se habían creado -quizás hasta con anterioridad pero sin constancia documental o histórica hasta su paralelo alemán- campos de concentración y lugares cerrados donde impedir el contacto de estas comunidades.


Putsi o Parik-til. Brujería tradicional o medicina doméstica

A pesar de todas estas acusaciones, existieron prácticas genuinamente gitanas consideradas como magia que albergaban una función eminentemente práctica. En la actual Rumanía, las brujas romaníes gozan de cierta fama y privilegios, a pesar de los prejuicios, y han demostrado con creces que su etnia ha formado parte de su éxito.

Charles Godfrey Leland, en su obra fundamental Gypsy Sorcery and Fortune Telling (1891) dedica extensos capítulos a documentar estas tradiciones entre los gitanos de Europa del Este. Considerado como uno de los padres del folklore romaní, describe el Putsi (talismán) y el Parik-Til (ritual de bendición) como prácticas de "chamanismo doméstico" así como el uso de romero, hilos rojos o monedas de oro que sirven como protección de males de ojo para recién nacidos.
La fascinación de los gitanos por el oro viene de su inmutabilidad y pureza, considerado como conductor de energía positiva y vínculo con los ancestros incluyendo la ostentación económica de una clase social considerada como lumpen.

En el caso de los gitanos andaluces, se usaba la bar lachí (piedra imán) como magnetita en estado virgen, siendo un amuleto preciado que se entendía como una herramienta ritual para invocar el demonio aunque fuese un acto de autocuidado y pertenencia.

Como en otros tantos casos, mucha de la magia era simplemente medicina tradicional con oraciones heterodoxas.

Bendiciones y Maldiciones. El Poder de la Palabra

El poder performativo de la palabra para la cultura gitana se ha transmitido como la conocida "maldición gitana" llamada armaya y/o oprinká.

Se han recogido diferentes ejemplos de fórmulas orales provenientes de Transilvania y de los Balcanes, que se repiten por toda Europa, como expresiones de dolor ante un agravio hecho por una persona del mismo grupo social.

Se condenaba a modo de sentencia desde la autoridad moral de la persona ofendida dentro de un clan, con proclamas como "Que tu casa se quede sin luz" o "Que te quedes sin descendencia" que servían como condenas en un plano material.
Su oralidad es fundamental, ya que eran transmitidas como humillación pública ante la falta de accountability propia de un orden político-jurídico. La idea de la maldición gitana como poderosa, ya sea por superstición o por miedo (miedo a la comunidad familiar gitana) aún hoy pervive fuertemente.

Se enmarca, también, en el contexto de que, según las leyes no escritas de los gitanos, las batallas entre clanes o entre gitanos son lícitas, pero respecto de los foráneos, las cuestiones de honor y ofensas van seguidas de penalizaciones legales que ponen una vez más a los gitanos en el punto de mira de los problemas sociales. Las maldiciones en su día tenían un uso de ataque "indemostrable" por superchería.

El Bahí o la Buenaventura Gitana. De la necesidad económica al mito literario

Si hay una práctica asociada al gitanismo, al mismo tiempo la más conocida y la más tergiversada, es la de la lectura de mano.

Desde0 tiempos medievales, la quiromancia fue un medio de subsistencia para esas mujeres gitanas dedicadas a la venta ambulante de ropa y objetos de poco valor. Complementaban estos ingresos leyendo la mano por calderilla en plazas y mercados.

Esta actividad tolerada en tiempos de bonanza fue considerada herejía en tiempos de persecución, ya que el destino viene dado por Dios y no por la relación con la realidad material.
Las artes adivinatorias, en relación con el Tarot, fueron un fenómeno posterior que se instrumentalizó de forma comercial. Aunque la baraja de Tarot era de origen italiano vinculado con la nobleza renacentista, no era un instrumento tradicional gitano.

La adopción masiva de esta práctica responde a la demanda de un público "payo" con deseos de un exotismo codificado, a modo de cooptación, que solo admite a otro grupo social si puede beneficiarse de algún modo. A día de hoy, podemos ver barajas apodadas "gitanas" y otros métodos de adivinación donde se da valor a la etnia gitana como mágica, mientras que la realidad de sus comunidades se encuentra, por lo general, muy lejos de esta realidad, que ellos mismos aprovechan, conocedores de su renombre.

Nuria Acquaviva -nuriacquavivaps@gmail.com


Bibliografía:

-Caro Baroja, Julio. Las Brujas y su mundo. Madrid. Alianza Editorial. 2015.

-Martín Soto, Rafael. Magia y vida cotidiana. Andalucía, siglos XVI-XVIII. Centro de Estudios Andaluces. Renacimiento. 2008.

-Sarramone, A. Gitanos: historia, costumbres, misterio y rechazo. Ed. Biblos Azul, 2007.

-Ramírez Hita. S. Entre calles estrechas. gitanos, prácticas y saberes médicos.


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