Las velas y su uso esotérico

16.05.2019

El propio control sobre el fuego supone un avance indescriptible para la evolución del ser humano en todos los sentidos. El origen divino del fuego, transmitido en diversos mitos a lo largo del mundo, demuestra que desde los inicios, no sólo por temor o desconocimiento, se le daba un valor muy especial. En lugares muy distantes encontramos veneración del fuego, así como roles sociales importantes en torno a él. No deja de ser un elemento primordial, considerado parte del equilibrio elemental natural. El pensamiento de este poder no se ha desligado hasta nuestros días, donde en las religiones las velas cobran un valor fundamental en la mayoría de ritos. Los celtas y los paganos nórdicos tenían el fuego por elemento creador y renovador en sus festivales, energizante del sol. En los rituales nocturnos, incluyendo los funerarios, son la luz que guía. Los romanos lo tenían por elemento purificador. En China, las velas son utilizadas en los festivales como portadoras de deseos. Para los judíos y su Menorah, la luz ofrecida por Dios. En el cristianismo, las velas son vías de comunicación, como ofrendas, a los santos, a la Virgen, etc. El fuego y el Sol y las estrellas, tenidas por ángeles y espíritus, de alguna forma, quedan unidos y conectados. En los rituales nocturnos, incluyendo los funerarios, son la luz que guía a los espíritus, pero aleja a los demonios y protege de los hechizos.

El fuego no solamente proporciona calor y cobijo, también luz, y esta luz, identificada una vez más con lo sobrenatural, ha desarrollado su propio simbolismo como el alcance máximo del intelecto y del conocimiento supremos. La llama de la vela simboliza también la vida y el alma, pues la vida se consume pero el alma, la llama, continúa en el humo y el aire en el que se pierde. Una sorpresa más la hallamos en el hecho de que el fuego no tiene sombra. Es algo etéreo que puede conectar con lo etéreo, igual que su humo al apagarse y elevarse. Y a la vez, el fuego es destructor, y la propia vela es la prueba perfecta de ello, derritiéndose según se quema la mecha. La vela se convierte en la mejor herramienta para disfrutar de sus virtudes sin correr excesivos riesgos.

Las velas llevan utilizándose milenios, principalmente como fuente de iluminación, compartiendo su origen y uso con las lámparas de aceite. Las primeras velas que conocemos (romanas, indias, chinas) estaban hechas de sebo, manteca, grasa animal, y fibras naturales que permitían su quema controlada. Ya entrando en la Edad Media, la cera de abeja se presenta como sustituto, aunque sólo por quienes pueden permitirse su producción.

En la necesidad de mantener iluminados ciertos lugares especiales, es decir, mayoritariamente sagrados, las mejores velas o velas específicas se mantenían allí, sitios donde debía haber una luz, también espiritual, perenne. Puede que la exclusividad del uso de velas para estas ocasiones especiales propiciase que cualquier acto alejado de la religión mayoritaria fuese tomado por brujería, y que de ahí el paganismo perdiese poco a poco su carácter religioso. Encender velas no es, por ende, un ritual exclusivamente religioso, o exclusivamente mágico. Sí lo es, o sí se considera así, el hecho de encenderlo con un fin concreto y personal. Empero, hay excepciones muy comunes, como en la religión católica, donde se pide a los santos encendiéndoles una vela, que por formalismos, no son tenidos en cuenta.

El uso de velas en los rituales mágicos, asociadas a éstos por su carácter nocturno -como ocurría con las antorchas o las lámparas-, es mucho más común en el mundo occidental y en aquellas culturas donde ha influido, pero también en Oriente podremos encontrar algunos ejemplos. Requiere igualmente de una ritualización o consagración para su efectividad: hay que hacer que esa vela no sea una vela común. Para ello hay múltiples métodos: puede purificarse con agua bendita o aromatizada, puede frotarse con un trapo de fibras naturales designado para tal fin, puede rodearse de flores y hierbas, puede untarse con aceites o especias. Según el caso y la tradición, hay quienes mojan la mecha con un poco de saliva o se hacen un pequeño corte en el dedo para mojarla. Tras esto, se entiende que la vela adquiere otra dimensión, más allá de iluminar.

Existen dos usos principales de las velas. El mayoritario es la petición o el trabajo mental con la vela, es decir, encender la vela como herramienta de apoyo a una petición o trabajo mágico, y también como agradecimiento u ofrenda (más común en las religiones) El otro, menos conocido, es la adivinación por el movimiento de su llama, lampadomancia, que a menudo se fusiona con el anterior, como respuesta a la petición o muestra de la efectividad del trabajo mágico. La observación del fuego, también llamada piromancia, se encuentra bastante unida a la lampadomancia.

Por este último sistema de adivinación, si la llama permanece firme, unida, y la llama no vacila ni se mueve, se toma por una buena señal del funcionamiento del hechizo, mientras que si la llama es débil y se divide o agita, se considera que existe algún obstáculo contra su cumplimiento entorno a la vela, por lo que muchos creen que son espíritus bajos; sin embargo, si la llama de la vela crece hacia lo alto o si azulea, los espíritus que se encuentren cerca serán propicios para el fin invocado. También por la forma de quemarse se puede deducir el tiempo que tomará en cumplirse el objetivo solicitado: si se quema rápidamente, los resultados serán visibles pronto, mientras que si se quema lento, tomará más tiempo. Como puede comprobarse, esta observación es sencilla y su interpretación es bastante evidente, sin entrar en detalles.

Existe también la adivinación por la cera restante en el suelo o platillo, así como la que se vierte intencionadamente sobre agua, intentando descubrir formas reconocibles en la silueta que se forme. También hay quien evalúa el humo que se forma durante o al apagarse.

Sin embargo, hay también algunas supersticiones entorno a las velas comunes, cuando éstas se encuentran en el hogar: algunas son que, si una vela cualquiera, no necesariamente mágica, se apaga de pronto, anuncia una muerte, y si entre varias velas, una se consume más rápido, anuncia la caída en la enfermedad de uno de los habitantes de esa casa. Igualmente, que tres velas encendidas en la misma sala del hogar atraen desgracias, lo que se contradice con rituales de varias velas o propósitos a la par, incluso un tipo de altar del Dios y la Diosa de los wiccanos.

El sistema ritual del uso de velas, donde las velas, una vez preparadas, cumplen la función de caminos, vías o herramientas, pero no tienen poder en sí mismas - el verdadero "poder" se encuentra en los deseos de la persona expresados a través de la misma- se basa, en primer lugar, en el espacio donde se desarrolla. Debe ser un espacio limpio y seguro, y el individuo que quiera realizar el hechizo debe estar concentrado en lo que hace. Hay quienes se purifican previamente, mental y físicamente, hay quienes se descalzan en el momento de encender las velas, o se visten de una manera especial. Se dice también que es mejor encender la llama con cerillas de madera, por su vinculación natural. Los fines para los que se encienda se definen por las formas, los colores e incluso las posiciones, que trazan círculos mágicos o triángulos, si son varias, evocando las intenciones del practicante.

La forma más común es la alargada, la de velón o cirio, a veces con imágenes, y otras veces lisas, donde se prestan a ser grabadas o escritas con los deseos de la persona, ya sea de manera simbólica o literal. Se consideran aptas para cualquier petición o hechizo por su forma neutra. Puede escribirse en ella con un palo de madera (otra vez por ser natural), o con un instrumento (cuchillo, pluma, lapicero...) ritualizado o con cierto valor espiritual o emocional para la persona. La zona y dirección en que se escribe también es relevante: de arriba abajo, la vela atraerá lo que se pide, pues los quema en ese orden. Pero si se ha escrito de abajo a arriba, entonces la vela "consume" lo escrito, es decir, aleja lo que se haya escrito o dibujado.

La vela circular evoca ciclos, atrae lo bueno y aleja lo malo, equilibrándolos. La vela cuadrada ofrece estabilidad de aquello que se solicite. La piramidal ayuda a alcanzar metas ya que los proyectos crezcan. Las velas con formas concretas se destinan a lo que evocan, aunque dependiendo de su color y su tratamiento variarán en finalidades.

Las velas líquidas o las velas que se disponen en agua (flotantes) tienen el fin concreto de la adaptación, la fluidez, la meditación, o, a lo sumo, para trabajos mágicos específicos donde se requiera la presencia de agua y fuego a la par.

La vela, como herramienta mágica, ha sido asociada a los cuatro elementos occidentales: el fuego, evidentemente, es la llama; el humo es el aire, la cera es agua y el platillo o superficie sobre el que se sitúa es la tierra. Para incluir el metal, elemento oriental, algunos hablan de los elementos externos, como el soporte metálico habitual en lámparas o candelabros, pero se trata de una vinculación moderna y bastante forzada.

Los colores, aunque se consideran universales, no lo son. Es un dato que ha de tenerse en cuenta si se analizan las finalidades y las situaciones en las cuales las velas son encendidas.

Las velas negras, asociadas a la magia negativa, también son protectoras de las energías malignas, ya que el negro es un color considerado como escudo de estas influencias (de ahí el color del hábito de los sacerdotes, por ejemplo). Por ello, son usadas tanto para dañar como para expulsar. En rituales de meditación, sirven para ahondar en la introspección. Con las velas blancas, en principio consideradas siempre positivas, existe también el valor de su neutralidad de uso, así como en distintos países orientales, el blanco es un color de luto, lo que ofrece a estas velas una cercanía con el mundo de los espíritus, para bien o para mal. Son comunes en los rituales adivinatorios, en las ofrendas a las divinidades y la purificación.

Las velas rojas, al igual que las rosadas, son usadas a nivel esotérico casi exclusivamente con fines amorosos y eróticos. Empero, en algún momento también evocaron exclusivamente la pasión, el valor y la energía. Algo de esto queda en la aplicación de las velas anaranjadas, destinadas a la felicidad, el éxito, la reconciliación, la amistad, las reuniones y la familia.

Las velas amarillas simbolizan el trabajo y el éxito, acaso por su relación con el sol y el trigo, como recompensa del trabajo de todo el año. También simbolizan dinero, pero a menor nivel que las velas verdes, que evocan la prosperidad y la fertilidad. Sin embargo, en ciertos entornos festivos, acaso vinculadas al color negado en el teatro, el amarillo no es un color excesivamente propicio. De alguna manera, las velas amarillas ofrecen una recompensa y las velas verdes una continuidad. Además, las verdes se identifican con la salud y el bienestar espiritual.

Las velas azules y moradas parecen destinadas a la espiritualidad. El azul evoca la inmensidad del cielo y del mar, mientras que el morado siempre ha sido un color asociado a lo religioso -acaso por la púrpura del Cristo, o por su desarrollo desde el azul. Se utilizan con fines meditativos y purificadores, pero también energizantes.

Los colores se asocian igualmente con los signos zodiacales, pero es fácil comprobar que no hay demasiado consenso, lo que demuestra su creación relativamente reciente. Además, hay quienes asocian ese color a estaciones, a fechas, a planetas...

Surgen con el auge del mercado tres colores más, por lo que, para muchos, estas velas "modernas" no pueden cumplir con efectividad lo que se promete. Pero si se dice que cualquier vela, bien ritualizada, puede ser usada, el motivo de rechazo no resultaría válido. En cualquier caso, los colores "modernos" son los que siguen:. El marrón, de fines confusos, a veces destinado a lo material, otras veces a los animales, y las velas doradas y plateadas, relacionadas con las virtudes del Sol y la Luna respectivamente.

A propósito de la luna, hay dos vertientes de relación con ella en los rituales con velas. Una vertiente, unida a la magia tradicional, postula que la luna llena es el momento de máximo poder e influencia de la misma, por lo que realizar rituales de cualquier tipo, incluyendo de velas, es mucho más efectivo, porque se nutre de ella. Igualmente, realizarlos en luna nueva produce que la eficacia del hechizo se someta al efecto aumentador de la luna creciente hasta cumplirse en la luna llena. La otra vertiente es totalmente contraria a esta. Considera que la luz está mucho más relacionada con el sol -como astro, no como luz, pues la luna recibe la luz solar y esta postura no tendría sentido- y que las velas deben prenderse en los momentos en que la luna se encuentre creciente o menguante, pero no llena, donde la energía desbordante crearía caos en la petición o hechizo de base solar, ni nueva, donde el sol, por decirlo de alguna forma, ni siquiera está presente.

El ritual previo y posterior a encender la vela guardan bastante similitud. Hay quienes rodean las velas con especias, hierbas o minerales, con un significado especial para el proósito buscado. Esto suele hacerse en número impar. El plato o vaso sobre el que se sitúe la vela es preferible que sea redondo, evocando el ciclo del que se quiere salir, o al que se quiere entrar. Si se encienden varias velas a la vez, es mejor encender una y tomar su llama con las otras, o encender todas con la misma cerilla. Se cree que, de esta manera, comparten el propósito, mientras que de otra forma, su eficacia se reparte y disminuye. Se considera importante vigilar que la vela nunca se apague antes de llegar as su fin. Si esto ocurre, el ritual debe reiniciarse y repetirse, pues se ha interrumpido. En el caso en que tenga que apagarse por causa mayor, se debe "pedir permiso", y considerar que la luz continúa encendida. Debe apagarse soplando, nunca quitándole el aire, y mejor con la mano por detrás, para que la energía no se distribuya libremente.

La vela, en resumen, no sólo ha sido un elemento común en lo esotérico, por sus simbolismos, sino también práctica, por su cercanía y discreción. Es difícil desligar, históricamente hablando, sus orígenes mágicos de los religiosos. Sin embargo, es comprobable que en la actualidad su versatilidad ha abierto una puerta para los trabajos esotéricos, al punto de no ser elemento auxiliar, sino central, de muchos rituales.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com 

Bibliografía:
-Frazer, J. G. , La Rama Dorada. Fondo de CE México-Madrid-Buenos Aires, 1944
- Cunnigham, S. -Wicca: una guía para la práctica individual. Arkano Books, Madrid, 2008
- Grimassi, R. - Encyclopedia of Wicca and Witchcraft. Llewellyn Publications, Minnesota, 2003

- Tondriau, J. - Diccionario de las ciencias ocultas, La tabla de esmeralda, EDAF, Madrid, 1985 

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