Esoterismo y medicina

08.04.2020

Siendo este un tema polémico, bajo la actual crisis sanitaria han despegado muchas opiniones acerca de las medidas tomadas, y tantas otras acerca de las medidas alternativas. Tanto en los casos de creencia religiosa como mágica, no se trata de un acto sencillamente inútil, como podría pensarse en la sociedad moderna: para el fiel religioso o el practicante de magia su creencia es algo real e importante, y tiene un efecto, a pesar de su retardo o invisibilidad, de su indemostrabilidad, en el individuo -y esto no puede criticarse libremente- en especial a nivel psicológico, anímico y espiritual. No tiene sentido despojar a alguien de un símbolo que tiene gran valor emocional o espiritual, si eso le hace que tenga el ánimo elevado o mantenga la motivación. Ahora bien, desde un punto de vista objetivo, la creencia no puede anteponerse a la seguridad ni la salud, ya que, incluso desde el punto de vista del pensamiento mágico, la magia tiene un efecto siempre más psicológico que físico.

En muchos contextos religiosos y místicos, la enfermedad es vista como pruebas divinas, caminos, e incluso castigos. Otros aluden a desequilibrios espirituales, o a conocer las causas más profundas y universales de la existencia de las enfermedades, en un sentido casi mistérico. A menudo la fe o este tipo de creencias impiden una correcta curación, en especial cuando se niega cualquier tratamiento; otras veces, aseguran los creyentes, terapias religiosas/esotéricas tienen un efecto mayor que la medicina científica, aunque lo más común es que se admita la eficiencia de la medicina científica, apoyada en la fuerza divina y/o el espíritu del creyente, así como su fortaleza mental.
Sin embargo, el problema parece la imposibilidad de unir la ciencia y la creencia en una balanza que se muestra mucho más inclinada, demostradamente, hacia la primera, sobre todo en situaciones críticas. ¿Por qué, entonces, el retorno a lo tradicional, incluyendo las creencias?

En boca de Peregrín Gutierrez (2003):

<<Las principales razones para el importante auge en Occidente de estas medicinas son, aparentemente, el descontento con la medicina socializada convencional que se ha masificado y tecnificado, mientras que despierta cada vez más recelos por sus errores y limitaciones -sobre todo, terapéuticas, pues se podría decir coloquialmente que se diagnostica casi todo y se cura sólo lo que se puede-, y su incumplimiento de expectativas generadas>>

Esta situación de anteposición o combinación religiosa y esotérica -en la que vamos a centrarnos- no es algo nuevo, sino que se ha repetido numerosas veces siempre que han tenido lugar episodios de enfermedad o peligro. Debe decirse que hay diversas formas de enfrentarlos, por así decirlo, que se tratarán de analizar aquí con sencillez y respeto, pero también con lógica. Puesto que este blog es un proyecto de comunicación y aprendizaje que pretende tener cierto corte académico, se intentará mostrar, sin crítica mayor para no dañar sensibilidades, un punto de vista preferentemente objetivo al respecto; sobra decir, por tanto, que no se van a tratar asuntos conspirativos ni videntes. El hecho de que astrológicamente los planetas Marte (guerra), Neptuno (miedo) y Plutón (muerte) tengan determinadas posiciones, y que ello se considere vinculado a la situación actual, no implica en ningún caso que sea su causa directa, así como tampoco ofrece solución alguna. Incluso tomando la astrología por ciencia, las conjunciones planetarias han tenido lugar en muchas ocasiones sin los efectos devastadores predichos: una vez más, merece recordarse que en el entorno esotérico lo psicológico predomina sobre lo físico. Por otra parte, teorías conspirativas y la llegada de una Nueva Era cósmica, aunque astronómicamente puedan cumplir ciertas leyes, no entra en ningún caso en las posibilidades de análisis, puesto que no son ni el objetivo de este texto, ni comparten, apenas, relación entre sí.

Probablemente, si analizásemos los lugares o situaciones donde encontrar su uso, una clave para ello serían las diferencias sociales: aquellos con menor formación o conocimientos tratarán de aferrarse a aquello que les es más cercano o propio, mientras que quienes disponen de mayor información están más dispuestos a seguir pautas científicas. Este caso no es, hasta cierto punto, reprochable. Lo ideal sería acercar información veraz a toda la población, pero en momentos dramáticos siempre hay oportunistas y radicales dispuestos a sacar beneficio, desde quienes predican su religión como superior y condena a la muerte por la enfermedad a los fieles de otra, a quienes cobran por servicios esotéricos para este fin de manera indiscriminada y carroñera. Sobre el aprovechamiento del esoterismo para fines económicos poco lícitos habrá un artículo completo, pues por desgracia lo merece. Sin embargo, no pueden negarse los usos de amuletos o actos supersticiosos si estos no suponen un impedimento real para la función o praxis medicinal. Y el uso de tales símbolos no es exclusivo de clase o entorno social alguno, antes bien, como las creencias, pueden encontrarse en todos ellos. De esta manera se demuestra que la creencia no es exclusiva de sectores sociales considerados menos cultos, antes bien, impregna todos ellos en niveles diversos.

También proveniente de distintos estratos sociales encontramos el uso de la medicina tradicional. Por medicina tradicional debe entenderse el conjunto de conocimientos y prácticas, basados en la experiencia o la creencia, con fines positivos para la salud. A veces enmarcada dentro del esoterismo, deben distinguirse, pues, estos dos campos de acción, el de la experiencia palpable, y el de la creencia.

Dentro de la experiencia palpable encontraríamos las hierbas medicinales, técnicas de masaje o terapias concretas cuya eficacia sí puede demostrarse, al tratarse además, generalmente, de componentes comunes, afines y compatibles con la medicina moderna. Por ejemplo, ciertas hierbas que se utilizan en la medicina tradicional en infusión o emplastos, son componentes de los actuales medicamentos; asimismo en algunos casos los médicos aceptan el uso de arcillas para ciertas lesiones dermatológicas o musculares, por su capacidad de drenaje o mantenimiento de la zona en frío. Los masajes bien efectuados ayudan a la recuperación articular y muscular. Existe también respecto de la recuperación anímica la aromaterapia. Las terapias con ventosas de vidrio, por citar otro caso, se continúan usando en ciertos sectores para la distensión muscular o la circulación de la sangre, si bien son de materiales homologados y modernos. Las cabañas de sudar y saunas también han demostrado tener efectos positivos en las fiebres, la sudoración, las respiraciones... Sin embargo, todo ello no debería limitar la aceptación de la medicina científica, puesto que hay cosas a las que no puede llegarse sólo con estas técnicas. En el caso concreto del COVID-19, en China se agotó el Suanghuanglian, un remedio herbáceo a base de un compuesto de hierbas del que se decía que contrarrestaba la afectación por el virus. A pesar de los recelos mostrados por los médicos, muchos de los apoyos en los hospitales son especialistas en fitoterapia. En Irán estos remedios han sido bien recibidos. En Zimbabwe, el propio gobierno ha accedido a que los ciudadanos puedan acudir a la medicina tradicional y que se prescriban estos remedios de manera casi oficial. En muchos lugares de Latinoamérica, la población también adoptó medidas tradicionales para la prevención de la enfermedad. Y esto no es malo, siempre que se trate de un complemento aceptable. Citaremos la introducción de Umar Faruk Adamu (2013) respecto de la inexistencia de esta dicotomía entre medicina tradicional y moderna, que nos resulta sintética:

<<Medical practice today is a culminations of man's quest for health through the ages, which has been built up in various societies and at various times. In essence, the dicothomy between modern and traditional medicine is almost artificial. What is called modern medicine was originally traditional. The history of medicine is therefore a review of acomplishments and errors, the evolution of man and human knowledge down the edges, and of the ever-changing concepts, goals and objectives of medicine in the course of time. This has proceeded by stages, with advances and halts. It has taken the wisdom of many peoples and gleaned from their traditional cultures, and later, from biological and natural sciences, and more recently, from social, behavioural and genetic sciences. >>

(Trad. << Hoy la práctica médica es la culminación de la búsqueda del hombre de la salud a través de las épocas, que ha sido construida en varias sociedades y en varios momentos. En esencia, la dicotomía entre la medicina tradicional y la medicina moderna es casi artificial. Lo que se llama medicina moderna fue originalmente tradicional. La historia de la medicina es, por tanto, una revisión de los logros y los errores, la evolución del hombre y del conocimiento humano en sus límites, y de los conceptos siempre cambiantes, metas y objetivos de la medicina a través del tiempo. Esto ha tenido lugar por etapas, con avances y parones. Se ha tomado la sabiduría de mucha gente y recolectado de sus culturas tradicionales, y después, de las ciencias biológicas y naturales, y más recientemente, de las ciencias sociales, conductuales y genéticas>>)

No obstante, esto no permite un uso libre de estas técnicas. Las plantas medicinales, en dosis descontroladas, pueden causar toxicidad y efectos adversos, alergias... Los masajes deben ser conocidos y controlados, pudiendo en caso contrario desembocar en algo peor, como empeorar una lesión o incluso extender una enfermedad por zonas sanas.

Por otra parte, estaría la creencia. Aquí entran en juego las filosofías tradicionales que comparten un pensamiento acerca de la salud, por lo que a veces están dentro de la medicina tradicional, pero no están siempre aceptadas, y su motivo principal no es la desconfianza o la imposibilidad de demostración, sino que son eso, filosofías, creencias, formas de pensamiento. Las ideas acerca de los chakras, o los elementos, aunque vinculados a nociones respecto de los órganos vitales, a veces coinciden en sus tratamientos de masaje o fitoterapia, y otras, la mayoría, están relacionadas con ideas astrológicas, gemológicas, elementales o energéticas que, salvo cuando se unen a ejercicio físico y alimentación, no tendrían efectos físicos más allá de consecuencias psicosomáticas directas que dependen del grado de aceptación y creencia del afectado. Entrarían aquí el reiki o el ayurveda. La acupuntura se encontraría en un estado intermedio, pues en ocasiones comparte elementos medicinales correctos para el tratamiento de ciertos dolores continuados. No obstante, las filosofías tradicionales pueden tener efectos psicológicos notables en lo que se refiere a técnicas respiratorias y cambios de pensamiento.

Existen un tercer tipo de remedios que, pese a tener intención medicinal, no comparten siquiera aspectos relacionados con los dos campos de acción antes mencionados en relación con la salud y la medicina, no pudiendo encontrarse dentro de la definición científica de la misma, y que tampoco son de eficacia demostrable, pseudociencias.

La muy discutida homeopatía se encuentra entre estos remedios considerados a veces esotéricos, a pesar de que su definición tampoco encaja en ello, y a veces vincula sus métodos a la medicina tradicional herbal, si bien sus técnicas son completamente diferentes: generalmente la destilación y disolución, o incluso la exposición solar de las plantas, como en el caso de las Flores de Bach. Además de la infradosificación, la sobredosificación, y el uso de ingredientes "activos" que no suelen ser tales, las ejemplificaciones de corte "mágico" de que lo semejante afecta sobre lo semejante, basándose por ejemplo en la forma de ciertos alimentos con formas de órganos vitales, - a menudo sin tener en cuenta las propiedades concretas de dichos alimentos que sí pueden afectar a nivel dietético y hormonal del individuo-, se han mostrado a menudo más peligrosas que apenas inocuas. Las curaciones atribuidas a la homeopatía, fuera de aquellas que comparten algo con la medicina tradicional, en parte efectiva, suelen deberse a la sanación natural, sin fármaco alguno, del propio sistema inmunitario, así como al efecto placebo y al efecto terapéutico-psicológico que puede causar en una persona el hecho de encontrar alternativas a una medicación; no obstante, las más de las veces este "abandono" de medicación en enfermedades graves suele tener un efecto positivo en cuanto a que cesan los efectos secundarios de la misma, mientras que la enfermedad continúa latente y sin ser tratada realmente. Tanto más carecen de valor las afirmaciones de curación si el paciente en cuestión no ha abandonado el tratamiento recomendado por sus médicos no homeópatas. ¿Cómo atribuir la curación sólo a la homeopatía? Frente a todo esto, la comunidad científica da libertad al enfermo para creer y proceder como prefiera, sin embargo, solicita encarecidamente a los homeópatas, así como a cualquier otro responsable de terapias de medicina alternativa, que sean sinceros e informen coherentemente a sus pacientes de qué están (o no) tomando y haciendo.

Con el esoterismo entramos en terreno pedregoso, pero inevitable, en especial con el boom que han sufrido en un período de tiempo muy corto. No obstante, estos métodos nada tienen que ver con la homeopatía, aunque a menudo sean unidos o confundidos. Realmente los remedios esotéricos y religiosos son justamente los más reconocedores de su acción por creencia y fe. Citando ejemplos, con la actual pandemia de COVID-19, en México y otros lugares de Sudamérica las velas esotéricas con fines de salud y trabajo se han vuelto un bien preciado y escaso. ¿Hasta qué punto tiene efecto una vela en una enfermedad, fuera de la creencia o el apoyo espiritual? Sería un punto crítico de lucha con la fe y la ciencia, donde la fe, en lo palpable, no tiene más solución que esperar. Sin embargo, como en el caso anterior, atribuir exclusivamente a uno de estos objetos o rituales la salud o curación de alguien puede resultar peligroso. También se ha popularizado en todo Occidente el uso de cristales, normalmente cortados. Se tiene en cuenta su color, su dureza, su origen... cada mineral tiene un significado asociado a su utilización en la antigüedad. Su tallado y forma se vinculan a distintas funciones, en general, la absorción o dispersión de energías, y a percepciones de autoconocimiento. Una vez más, pueden aceptarse como amuletos que no hacen ningún mal, pero no como elementos que por sí solos eliminen afectaciones físicas. Del mismo modo, los hechizos o rezos pueden tener efecto visto en exclusiva para la persona, también en casos psicológicos; los mantras han gozado también de un repunte de popularidad, como fortalecedores mentales y físicos, en los casos en que aparece unido a las creencias energéticas y de los chakras, pero abandonarse a ello en exclusiva, tanto más cuando la información que de ello llega a la mayoría de personas es una transformación social, cultural y publicitaria que puede destruir las bases que contuvieran de verdadera medicina tradicional - o mejor dicho, filosofía- , es, para el aspecto físico, muy poco útil.

Salvo en los casos de fanatismo, el esoterismo y la religión no suelen cerrarse a la ayuda científica, antes bien, consideran que, en parte, tienen mucho que ver; algunos creyentes postulan la ciencia como un camino abierto por Dios; otros consideran las ciencias ocultas como unas ciencias indemostrables, pero no por ello enfrentadas a la ciencia demostrable - pero al hablar de ciencias ocultas, no olvidemos que estamos tocando puntos diferentes al esoterismo, centrado siempre en la práctica espiritual. Ello no quita que siga suponiendo un riesgo para la salud volcarse antes en la búsqueda de un ritual sanatorio elemental, o en rezos u oraciones a santos, dioses o espíritus, -que, insistimos, sí pueden tener probados efectos (buenos y malos) a nivel psicológico y psicosomático- antes que a la búsqueda de medicina o protección corporal comprobada. La seguridad y la salud, al fin y al cabo, depende de las medidas que tome la persona, que no pueden quedar definidas por entidad externa alguna.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:

-Kayne, Stephen B. Traditional medicine: a global perspective. Pharmaceutical Press, 2010

-MacKenzie, Deborah. A. Physical Therapy and Esoteric Healing, Can These Paradigms Overlap? Michigan State University. Department of Health and Humanities, 2000

-Peregrín Gutiérrez, F. ; Tradición, magia, esoterismo y moda de las medicinas alternativas. Revista de libros Nº73, 2003

-Umar Faruk Adamu; Modern and traditional medicine: conflicts and reconciliation. Safari books Ltd. 2013 Ibadan (Nigeria)

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