Quiromancia occidental (I): la forma de la mano.

20.09.2020

Tras un repaso rápido al desarrollo de la quiromancia, para este artículo, destinado a la Quiromancia Occidental, tomaremos una visión general de las características más destacables de esta mancia, la cual, en primer lugar, busca conocer a la persona de la que contará el porvenir. Aquí encontraremos base fisiognómica y puramente deductiva, y una serie de datos que provienen de la tradición esotérica medieval, a su vez embebida de la cultura pagana, semita y oriental.

La forma de iniciar el escrutinio es ver las manos abiertas hacia arriba, relajadas, separadas entre sí y con los dedos extendidos de manera natural, sin forzarlos. Esto permite una primera visión de la predisposición de la persona: el temblor o firmeza de sus manos, o su iniciativa a través de la extensión de los dedos. Permite a los más expertos obtener una visión completa acerca del largo o grosor de los dedos, o de la proporción general de la mano, realizando una primera clasificación por tipos, como se verá a continuación. Y un dato importante, originario de los principios escritos de la quiromancia, que es lo que se considera directamente vinculado: la relación muñeca-mano, de la cual se extraía una idea general acerca de la potencia vital del individuo, algo que se refleja en los análisis acerca de las articulaciones en general (y en este caso concreto, en los dedos).

La quiromancia analiza para sus propósitos diferentes cosas, que veces tienen relación entre sí a la hora desarrollar la historia del individuo. He aquí los elementos principales:

-La mano izquierda y la mano derecha.

Al igual que en otras mancias, las manos tienen diferentes importancias. Por ejemplo, en el tarot, hay quienes consideran que las cartas deben escogerse con la mano derecha si se está casado y la izquierda si se está soltero, sin embargo, esto podría cambiar en los países donde la alianza se coloca en la mano inversa; también hay quien piensa que ello depende de si eres diestro o zurdo. Algo parecido ocurre en la quiromancia. Suele tenerse por "norma" que la mano izquierda es la mano que describe nuestro ser "original", puro, y que la mano derecha muestra los cambios a los que hemos sido sometidos, es decir, que en la mano izquierda podría aparecer un carácter abierto en una persona muy fría, lo cual habría de estar mostrado en la mano derecha, junto con las situaciones que hayan provocado esta aparente discrepancia. Asimismo, esto está vinculado estrechamente a la mano dominante y la mano torpe: un zurdo podría mostrar en su mano izquierda su versión modificada por las circunstancias y en la derecha su versión más personal.

Además de esto, existen los rasgos activo y pasivo, siendo la derecha activa, dominante, "masculina", y la izquierda pasiva, materna, "femenina". Esto no sólo tiene connotaciones interpretativas, sino que hay quienes consideran que muestran de manera directa la herencia de nuestros progenitores.

Todo este conocimiento, planteado de esta forma, serviría para distinguir dos intereses distintos: si se quiere saber sobre el pasado y el presente, habría que escoger la mano que nos muestre las características alteradas, las circunstancias, es decir, la mano dominante (izquierda para el zurdo, derecha para el diestro); si se quiere conocer el futuro, habría que leer la mano original o pura (la izquierda para los diestros y la derecha para los zurdos).

-La consistencia y a flexibilidad de la mano.

Esto es compartido con la quirognomía. Por simple deducción, la mano dominante será la más afectada. En esta sección se considera que el dorso de la mano es más acertado para lectura que la palma. Una piel delicada indicaría un espíritu refinado, y una piel tosca a alguien más basto. Puesto que lo común es una piel mixta, cabe detectar una característica en mayor medida y deducir así las inclinaciones. Las palmas en este caso no servirían igual, ya que se considera que estarán más afectadas por los trabajos cotidianos si estos son manuales, lo que por otra parte serviría para identificarlos. La primera impresión en un apretón de manos comparte similitudes con los análisis quirognómicos y quirmánticos: si una mano es firme hasta el punto de considerarse rígida, dirá lo mismo de la personalidad de su amo, o si una mano es blanda y manejable, indicando la volubilidad del individuo, siendo una mano que muestre estabilidad la determinante de una persona igualmente equilibrada.

-La forma de la mano.

La mano siempre ha sido tenida por un conjunto general, como una sola entidad. Aquí entran los llamados, según algunas escuelas, tres mundos de la quiromancia: la inteligencia, cuyas indicaciones se encuentran en los dedos; el mundo material, en la mitad superior de la mano, a partir de la base de los dedos; y el mundo pasional, en la mitad inferior de la mano. La forma de la mano se toma en la forma en que ésta se extiende: si los dedos llevan la extensión al máximo, será la inteligencia la predominante; si la parte media de la mano se muestra en mayor medida, será el mundo material y sus atribuciones las que hagan mella en el individuo; si prevalece la zona inferior, cercana a la muñeca, se estaría hablando de un ser pasional, en otros contextos, carnal. La superficie de estas zonas determinará la aspereza o delicadeza de los aspectos en los que predomina. Del mismo modo, los palmistas consideran que en este punto pueden deducirse tanto sus intereses como sus posibles empleos. Si dos mundos se encuentran desarrollados a la par, es de suponer que ambas características se fusionarán, sin embargo, una siempre provocará, en la búsqueda de equilibrio, una pérdida de moral, ánimo o voluntad.

- Los elementos.

Antes de entrar en el terreno de los montes, planetas, y demás connotaciones astrológicas, las manos aún tienen una clasificación elemental, también según su forma extendida. Existen dos corrientes para la organización de estas manos: una, más tradicional, las clasifica en espatuladas, cuadradas, cónicas y afiladas, algo que estaría muy cercano al estudio de la forma general de la mano que vimos en el punto anterior. Sin embargo esta clasificación parece haber caído en desuso entre ciertos palmistas, por considerar la imposibilidad de que existan esos tipos fijos. De modo que progresivamente se ha ido adaptando a una división entre los dedos de la mano y la palma para tomar una consideración general, que tomó los nombres de los cuatro elementos naturales. Las manos cuadriculadas, de palma ancha, y con una longitud similar entre dedos y palma, son considerados del elemento Tierra. Se les considera gente firme, estable, sólidos pero algo despreocupados y extrovertidos. Cuando la mano es más bien alargada y también lo son los dedos, entonces se dice que son de elemento Agua, y que al contrario que la anterior, son introvertidos, dan mucha importancia a la parte emocional y son creativos, hasta el punto de ser incapaces de centrarse. Cuando la palma es cuadrada y ancha pero los dedos son cortos, se dice que pertenece al elemento Fuego. Tienen un componente emocional fuerte aunque un poco descontrolado y variable. De la palma corta y dedos largo se dice que son de elemento Aire, de personalidad etérea, sociables pero que dan muchísimas vueltas a las cosas.

-La palma de la mano.

Después de estas consideraciones, podrá haberse visto la importancia dada a la palma de la mano y los dedos, que a su vez son considerados entes independientes a la hora de realizar un análisis. De las palmas delgadas y flácidas se dice que son gente con escasez de miras, aunque a veces ésta puede deberse a la timidez y no a un letargo de la personalidad. Dependiendo del largo de sus dedos, se diría si su fuerza de voluntad está minada por las circunstancias (cortos) o si por el contrario se encuentra en una posición cómoda que le permite tal inactividad (largos). Si es extremadamente blanda al tacto, se deduciría una personalidad perezosa. En el caso contrario, si se tratara de una palma gruesa, y además con cierta elevación, se considera que es una persona con ciertos aires brutos y directos, aunque los niveles de agresividad variarían dependiendo de la longitud de sus dedos, cuanto más largos, más capaz de controlar sus impulsos. Si fuese una palma elástica pero que recupera fácilmente su forma, se trataría de una persona que percibiendo las impresiones del exterior, trata de actuar en consecuencia, hasta cierto punto, espejando. Se dice que una palma socavada, esto es, con zonas hundidas, aportaría información concreta acerca de aquellas líneas sobre las que se situase.

Si el tamaño de la palma excede el que tomaríamos por normal dentro del conjunto físico de la persona, si ésta es extremadamente grande hablaríamos de una persona extrovertida hasta causar incomodidad, muy confiada en sí misma pero egoísta con las acciones del resto. Si se diese el caso contrario, el de unas manos excesivamente pequeñas, la interpretación sería a la inversa, la de una persona sin ningún tipo de confianza en sí misma ni amor propio.

El color de la palma también tiene su propia interpretación: una palma blanquísima pertenecería a una persona fría, seca, mientras que una palma rojiza o colorada sería indicativo de una persona muy pasional y accesible. Las variaciones de color a este respecto descubrirían uno o más aspectos de la persona.

Independientemente de que estas ideas sean respetadas o no, sí pueden deducirse algunos puntos que tienen su base en lo puramente cultural. El tamaño, el color, la forma o la firmeza cumplen con unos estándares culturales innegables de similitud con otras formas de expresar sentimientos y personalidades. Deducir si una persona es más abierta o cerrada en función de la forma en que mostramos la mano no necesita de excesivos conocimientos, es una mezcla de pura intuición y corrección social. Asimismo, unas manos de palmas gastadas denotan claramente trabajo manual, sin necesidad de ninguna clase de don o conocimiento especial al que atribuirle dicha deducción. Pero siguiendo esta visión, nos aproximaríamos a la quirognomía y la pura observación deductiva, y nos acabaríamos saliendo del estudio de las motivaciones de la quiromancia, que es tema que compete al contenido de la página.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
-Caro Baroja, J. Historia de la fisiognómica. El rostro y el carácter. Ediciones Istmo, Madrid, 1988
-Fadh. T. La divination árabe. Études religieuses, sociologiques et folkloriques sur le milieu natif de l'Islam. E.J. Brill, Leiden, 1966
-Lawrence-Mathers, A., Escobar Vargas, C. Magic and Medieval Society. Routledge, London & NY, 2014.
-Servier J.(ed.) Diccionario crítico del esoterismo. Akal, 2006


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