Mesmer: ocultismo, hipnotismo y medicina

12.01.2026

Franz Anton Mesmer (1743- 1815) nació cerca del lago Constanza, en Austria. Creciendo en familia católica, acabó estudiando filosofía y teología en la Universidad Jesuita de Dillinger. Sin embargo pronto llamó la atención y fue becado para estudiar en la Universidad Jesuita de Ingolstadt en Baviera, famosa por ser más experimental y menos ortodoxa, además de tener vínculos con órdenes ocultistas y esotéricas; sin ir más lejos, uno de los profesores de dicha escuela fue Adam Weiss, fundador de los Illuminati de Baviera.

En Ingolstadt, Mesmer fue iniciado en el Rosacrucismo, y en parte a ello se debe el desarrollo de sus teorías sobre el magnetismo animal, mediante la creencia de una energía vital común manipulable, el éter alquímico o al menos una fuerza divina semejante.

No olvidemos que la ciencia en este momento aún no descartaba del todo las teorías espirituales y alquímicas, astrológicas, etc. Sin ir más lejos, el trabajo de Isaac Newton sobre las mareas, exploraba la posible influencia del Sol y la Luna sobre el cuerpo humano, del mismo modo que su gravedad afectaba visiblemente a las mareas marinas. Sin duda este trabajo fue base para la tesis que presentó Mesmer, acerca de la influencia de los planetas en el cuerpo humano, aunque ya muchos apuntaban una vertiente más ocultista que científica en este tipo de textos, probablemente por la "mala fama" que tenía Ingolstadt.

Mesmer, casado a los veintipocos años con una viuda adinerada, María Bosch, se instala en Viena, donde entra de lleno en el entorno cultural y ocultista de la ciudad: allí se convierte en patrocinador de Mozart y Haydn, además de establecer importantes contactos con la nobleza del momento.

A pesar de trabajar como médico tradicional, Mesmer continuaba sus investigaciones sobre el sistema nervioso, y en especial sobre la actividad del Sol y la Luna, no tanto en lo físico, sino en las enfermedades mentales.

Hay consenso literario y críticos sobre la personalidad de Mesmer, como fuerte, directo y poco humilde. Esto se corrobora en que cada pequeño descubrimiento que creía hacer era anunciado como la gran novedad, y él por supuesto era el genio inventor. Esto ha provocado que haya pocas referencias de sus textos consultados, aunque resulta evidente que ya sea por la vía ocultista o por la vía científica tuvo numerosos inspiradores. Empero, tampoco debemos quitarle mérito a sacar a la luz teorías que ayudaron a muchos y molestaron a otros tantos. Aunque evidentemente sus aires de grandeza quizás provocaron más reacciones agresivas de las que cabría esperar...

La más famosa fue su Teoría sobre el desequilibrio magnético y la posibilidad de volver a equilibrarlo, en una estrecha relación entre el éter, la alquimia y el uso de magnetita, mineral que por cierto ya había causado furor entre los antiguos.

Apostó por magnetizar también objetos, como vajillas, péndulos o mantas., sobre todo agua, lo que después daría lugar al famoso Balde de Mesmer. Pero antes de llegar a esto, igualmente se propuso magnetizar lugares naturales e instrumentos musicales, que reequilibrarían mediante las armonías. Todo ello dentro del pensamiento de que el entorno afecta a las personas y por lo tanto, un ambiente magnetizado era más propicio para la salud.

En 1777 tiene lugar uno de sus "éxitos " más sonados y al mismo tiempo tiene que abandonar Viena, tras intentar curar de ceguera a la hija de Josep Von Paradis, que era encargado de Comercio y cercano a la Emperatriz. La joven, llamada María Teresa, había perdido la vista en su infancia, y sufría de ataques nerviosos y convulsiones. Interesados en la popularidad y los resultados que Mesmer había conseguido con magnetismo en distintas personas, y visto que durante años los médicos no habían conseguido nada, lo llamaron, y por los testimonios que se conservan - incluida una carta de Leopoldo Mozart padre, que era amigo de Von Paradis- , Mesmer en pocas sesiones había conseguido mejorar su estado mental, hasta el punto de detener los ataques e incluso recuperar la muchacha parte de visión, que él había diagnosticado como un problema de sistema nervioso, ya que la chica parpadeaba con tics.

Muy probablemente con los anteriores médicos de por medio, Mesmer fue acusado de estafador y atacado por los académicos y la nobleza -quien probablemente también tenía enfrentamientos con los masones, los Mozart, etc-, incluyendo a la propia emperatriz, que por los servicios de Von Paradis conocía personalmente a la joven; Coincide este momento con uno de los episodios de convulsiones y vértigos más graves de María Teresa, de los que nunca se pudo saber si eran una recaída o un efecto secundario del tratamiento de Mesmer; y quizás por orgullo o quizás por seguridad se marchó de Viena.

Instalado en París, apenas un año después vuelve a haber grandes noticias sobre él a través de su técnica del balde o baquet, consistente en baldes con agua magnetizada en los que los pacientes metían los pies, mientras sostenían varillas de metal que también tocaban el agua. Todo esto por supuesto en una sala con luz y música tenue, pues ya hemos dicho que para Mesmer la ambientación también resultaba importante. Si bien el agua magnetizada no era ninguna novedad si lo era el hecho de poder tratar a varias personas al mismo tiempo.

Sus métodos no pasaron desapercibidos ni para los enfermos ni para los médicos. Tuvo varios discípulos a los que enseñó el magnetismo -incluso hay quien dice que creó una orden masónica con base en ellos. Incluso la propia reina María Antonieta se interesó por sus técnicas y participó en sus experimentos.

El rey Luis XVI, por su parte, pensando más políticamente, organizó una comisión de médicos y científicos que analizaran a este personaje público de famas tan dispares, así como sus tratamientos.

Tras participar a escondidas como pacientes y aprendices, las conclusiones de la Real Sociedad de Medicina de Francia terminaron por reducir el magnetismo de Mesmer a mera sugestión.

Curiosa conclusión, porque ya unos años antes, en 1775, Mesmer había tenido esta misma conversación sobre el poder de la sugestión con un sacerdote exorcista, acerca de si no se trataría en lugar de posesión de una enfermedad mental calmable a través de la sugestión por la creencia y la presencia de un religioso, símbolos, oraciones, etc...

Además del baquet, Mesmer había estado teorizando acerca de la transmisión magnética a través de una persona. El pripio Mesmer fue dicha persona, que debía tener contacto con el enfermo mediante las rodillas o las manos, mientras miraba fijamente a los ojos: son los comienzos del hipnotismo y el trance tal y como los conocemos hoy día. Pero para Mesmer todo continuaba en la misma línea de la magnetización, en este caso pasando de una persona que la controlaba a otra persona en actitud receptiva/pasiva. Y tenía una finalidad medicinal, no de control mental, (aunque pueda decirse que Mesmer convencía o sugestionaba, no era su intención)

A pesar de todo, las opiniones francesas le obligan a retirarse de nuevo a su casa en Constanza en 1785, ejerciendo de medico rural durante unos años. Cuando muere su esposa en 1793 se traslada a la capital vienesa, y con el cambio de siglo regresa a París tras la revolución, ya que el rey había sido decapitado y se sentía libre para trabajar.

Sin embargo en estos últimos años de su vida sus teorías no avanzan demasiado, y los académicos rechazan cualquier relación médica con el magnetismo. Aunque algunos discípulos suyos continuaron estás teorías, el propio Mesmer se negó a tener más alumnos cuando en 1809 viaja a Suiza, muriendo allí en 1815. Frustrante como es la historia, apenas 16 años después, se publican oficialmente textos médicos en los que sí se acepta el magnetismo natural y sus posibles aplicaciones médicas.

Por su parte James Wright en 1842 presenta públicamente el hipnotismo como sucesión de los trabajos de Mesmer, y post-mortem, se reconoce públicamente que Mesmer pudo haber vislumbrado una realidad científica, nublada por sus conocimientos ocultistas.

Podemos decir también que sus relaciones con los rosacruces, masones y otros entornos esotéricos fueron probablemente los inspiradores de sus teorías, aunque paralelamente fueron el filo del arma que usaron contra él desde las posiciones "científicas" de la época.

Así las cosas, el influjo de las fuerzas magnéticas en el campo de la medicina tomó un rumbo, y en el campo del esoterismo y el ocultismo otro. En la parte médica no se niegan el poder de la sugestión ni el valor del magnetismo en la evolución de las resonancias y otro tipo de tratamientos. En el aspecto menos contrastado y más hipotético, continúan, por ejemplo, los tratamientos con imanes o las pulseras metálicas que aseguran equilibrar los fluidos del cuerpo, sin evidencia científica, pero con gran aceptación popular. Por otro lado, como dijimos anteriormente, la piedra imán, junto con otros minerales, ya tenía aplicaciones en la medicina popular desde siglos atrás.

Pero sin duda fue en el hipnotismo donde Mesmer dejó una huella inigualable, fijando la imagen del hipnotizador con poder en la mirada, o con un elemento oscilante. Y si bien es cierto que estamos acostumbrados a ver espectáculos de este tipo, donde es la influencia de la persona y no el "magnetismo animal" lo que prima, no hace mucho que el hipnotismo clínico se está aplicando también en el campo de la psicología.

Pietro V. Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografia:

-Goldsmith, M.; Franz Anton Mesmer, Arthur Barker Ltd, 1934.

-Mesmer, F. A.; "Memoria sobre el descubrimiento del magnetismo animal" , 1779

-Servier, J. (ed). Enciclopedia del esoterismo, Akal, 2001

- Silva, R. La magia en la medicina. Ed. Aymá, 1973


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