Ushi no Koku Mairi: la maldición japonesa en la hora del Buey

26.08.2020

Este ritual japonés, que se puede traducir por "la visita al santuario en la hora del Buey", es una maldición (noroi, 呪い) bastante conocida de la que incluso hoy pueden encontrarse kits en internet para realizarla, aunque en el mundo occidental, como toda brujería japonesa, apenas tiene difusión, en parte por salirse de los márgenes formales de los rituales de magia occidental.

El ritual está basado en la magia simpática, esto es, la magia imitativa, mediante el uso de una figura de paja (藁人形: waraningyo) que representa a la persona que debe ser afectada por la maldición. Dentro de este muñeco, o atado a él, debe encontrarse algún elemento del futuro afectado, preferentemente parte literal de su cuerpo: pelo, piel, uñas, sangre, saliva. Esto resultará más efectivo que otros elementos, que también pueden ser válidos, como un objeto de su posesión, ropa o una fotografía o papel. Se sabe que este tipo de rituales eran comunes del Onmyoji desde el período Heian (794 a 1185), pues se han encontrado testimonios y resto de muñecos de madera, atravesados con palos o clavos de madera. El hierro fue introducido poco después y su valor económico fue traspasado también a su eficacia en la magia ritual.

El individuo que practica esta magia debe vestir como prescribe el ritual, con kimono y obi blancos, y pintarse cara y brazos también de blancos, normalmente con polvo de maquillaje. En la cabeza debe llevarse un trébede o trípode dado la vuelta,- en japonés, gotoku (五徳) - en cuyas patas se colocarán velas encendidas. En los pies deben llevarse las sandalias tradicionales de un solo diente o soporte, llamadas geta. Sobre el pecho se debe poner un espejo - objeto sagrado en al religión sintoísta- , en la espalda una daga - pensando en la defensa a esas horas intempestivas-, y un peine entre los dientes - hay quienes apuntan que su uso es sencillamente preventivo de hablar o silbar. Con esta apariencia, uno se convierte, de alguna forma, en un oni (demonio) o yôkai (espíritu).

Por último, serán necesarios siete clavos largos de hierro, gosunkugi (五寸釘) y un kanatsuchi o martillo para hundirlos. Cada noche, vestido como se ha indicado, se acudirá hasta un goshinboku, el árbol sagrado del santuario cercano - la mayoría, por no decir todos los santuarios de Japón, tienen como mínimo un árbol sagrado, donde habita un kami protector. Los árboles son considerados caminos entre los mundos humano y divino, de modo que al realizar el hechizo sobre él, se está interviniendo entre ambos mundos y permitiendo el paso de los espíritus que puedan cumplir la maldición. En dicho árbol se clavará la figura de paja con un clavo de hierro, preferiblemente en la parte no visible del mismo, y hacia la izquierda. Esto debe hacerse en la hora del Buey, esto es, entre la una y las tres de la mañana. Antiguamente las horas en Japón se dividían en doce períodos que tomaban el nombre de los animales zodiacales. Pues bien, este ritual únicamente tendrá efecto si se realiza en dicha hora. Se dice que a esa hora los bueyes se despiertan y marchan a trabajar al campo, y también la hora en que los espíritus y brujas vagan a sus anchas. Algunos apuntan a que la aparición de un buey, ya sea real o espiritual, cerca del lugar donde se está realizando la maldición, es una señal inequívoca del buen desarrollo de la misma.

La orientación al clavar el muñeco debe ser hacia el noreste, la dirección cosmológica del buey según el esoterismo oriental, pero también es una dirección considerada de mala suerte, ya que es el camino que siguen los demonios para llegar al mundo humano. Así pues, debe acudirse tantas noches seguidas como clavos se vayan a utilizar, y clavar un clavo cada vez, normalmente el último en la cabeza. Se dice que con cada clavo la persona hechizada acumulará más dolor y/o desgracias, hasta cumplirse la desgracia mayor deseada, que suele ser la muerte del enemigo., y que debe haberse dicho "en voz alta" -cuanto permita el peine de la boca, o al menos haberlos tenido en mente, -mientras se hundían los clavos.

El ritual debe ser hecho totalmente en secreto y sin ser descubierto, o la maldición se volverá contra quien la realiza. Si alguien descubre al mago o maga, deberá ser eliminado de cualquier manera necesaria, aunque esto responde más al hecho de protegerse de acusaciones de brujería más que a una verdadera necesidad ritual. Probablemente el uso de la daga sea también por esta causa.

-La leyenda de Hashihime

Sin embargo, el precio por realizar este ritual pasa por convertirse de verdad en un oni o kijo. La diferenciación en oni o kijo está en el género, ya que se conoce como kijo al demonio propiamente femenino. El desarrollo de esta maldición era común entre las mujeres celosas, y al no ser un ritual cerrado - pues lo importante no recae en la praxis, sino en el odio que se manifieste en el simple hecho de realizar algo semejante- resultaba accesible . Incluso en la región de Uji, Kyoto, existe la conocida leyenda de la época Heian, la de Hashihime, conocida también como la Princesa o Doncella del Puente en el río. En realidad, Hashihime es un nombre genérico que recibían las divinidades protectoras de los puentes, ya que un puente es un camino doble, por el que vienes y vas, por el que sales de tu hogar pero por el que puede llegar el enemigo. Existía una contraparte masculina, un Príncipe del puente, precisamente por esta dualidad, pero finalmente el agua y la femineidad ganaron más popularidad, hasta centrar la historia de Hashihime como un Yôkai propio de la zona. Ella esperaba con ansia y dolor el regreso de su marido, quien supuestamente había partido a la guerra, pero no mucho después descubre que éste estaba viéndose con otra mujer. Según otra versión, Hashihime era simplemente una cortesana muy celosa. En cualquier caso, consumida por los celos, visita un santuario, que algunos señalan como el santuario de Kifune, donde se desarrolla la adivinación mediante hojas de papel y agua. La mujer se queda allí día y noche, con la clara intención de obtener una respuesta divina a cómo vengarse de dicha infidelidad. Deseó poder manifestar su odio, deseó poder matar. El propio Kami de Kifune, o según otros un sacerdote que había soñado con su petición, se aproximan a ella y le revelan una maldición muy semejante a la Ushi no Toku Mairi: debía "transformarse" en un oni (demonio japonés) y permanecer durante 21 días en el río Kawase, en Uji. Para ello, debía retorcer su cabello, formando cinco o siete cuernos en su cabeza, vestirse de rojo y untarse brazos y cara con cinabrio, para que quedasen también rojos. En la cabeza tenia que llevar además un trébede (brasero de tres pies), encendiendo en él tres antorchas, y llevar en la boca otras dos. Tras cumplirse los días y finalizar el ritual, Hashihime se convierte en un espíritu vinculado al puente del río, donde se aparecerá ante las parejas para provocar su ruptura, amenazándolos con la muerte en caso contrario.

Pero hay también otros santuarios famosos para los amantes celosos, como el de Jishu, también en Kyoto, donde se realizan rituales de adivinación amorosa, y el de Ikurei en Okayama, también de tradición amorosa. Otro común es el santuario de Seimei, consagrado a Abe no Seimei, uno de los instauradores de las doctrinas esotéricas.

-El ritual japonés moderno

Hoy día el ritual es mucho más popular que antiguamente, donde se temía mucho más la brujería y donde era tomado con frecuencia por un recurso literario. El muñeco de paja, los clavos e incluso el maquillaje o el peine son encargados para su preparación y venta por parte de un onmyoji, el hechicero japonés. Esta venta se ha intensificado por internet. Empero, el principal problema al que se enfrentan quienes prueban este ritual en la actualidad es que los waraningyo o muñecos de paja son comúnmente retirados por los sacerdotes y vigilantes de los santuarios, por lo que este paso se sustituye por una madera sagrada o ritualizada, normalmente de cedro japonés de los santuarios (porque la sacralidad del santuario puede extenderse más allá de los límites de las puertas y del torii, en toda la zona de naturaleza que suele rodearlos).

Además, estos kits incluyen un candelabro en el que apoyar y encender las velas, en lugar del gotoku en la cabeza, y amuletos protectores para que el practicante de magia no acabe afectado por fuerzas malignas, ya que, técnicamente, sólo un onmyoji debería poder efectuar el ritual con la suficiente eficiencia y tranquilidad. Entre estos amuletos se incluyen un nenju o rosario japonés de madera, semejante a los mala budistas, o una piedra protectora llamada reiseki, que se comercializa también por su capacidad de atraer espíritus, pero que a menudo se vende entre un público mayor con una batería y una luz que cambian de color si detectan un espíritu bueno o malo cerca, restándole encanto. La necesidad de estas protecciones no se debe sólo a la destreza del practicante, sino porque, del mismo modo que en el santuario se permite la entrada de espíritus, al realizar el ritual en un lugar no sagrado, lo que se hace es "solicitar" a los espíritus que acudan, de modo que no es exactamente lo mismo e implica más peligro.

El precio de estos kits varía dependiendo de si va a realizar el ritual el propio comprador o prefiere que sea un onmyoji experimentado el que lo realice en su nombre, una posibilidad mucho más segura, pero evidentemente más cara.

Existen además muchas variantes de este tipo de rituales de execración, (por ejemplo, antes que la paja, se utilizaba directamente una figura recortada o hecha de madera en la que se pintaba la cara del enemigo, maquillarse la cara de rojo-oni, en lugar de blanco; o llevar los clavos en la boca como si fueran dientes, etc.) para adaptarlo a las necesidades y circunstancias de cada uno, al igual que pueden encontrarse este tipo de prácticas en otras muchas culturas, cada una con su sistema: las figurillas de cera griegas cuyo uso continúa en la magia occidental, especialmente con el uso de velas; los textos de execración egipcios, las defixiones romanas, la brujería árabe con cabellos, las imprecaciones y juramentos de los gitanos, el voodoo haitiano o las ligaduras y amarres de la brujería actual. De todos ellos puede encontrarse hoy en día ejemplos y productos destinados a su uso por quienes puedan estar interesados, y en todos existe siempre una fórmula o elemento de protección. La mayor protección, sin embargo, es no ser descubierto. En muchos lugares del mundo, incluyendo Japón, ser descubierto realizando uno de estos rituales está perseguido y puede conllevar una pena legal considerable, y en los países en que no existen leyes contra estos actos, pueden ser tenidos por amenazas y premeditaciones.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
-Alvarado, D. The Voodoo Doll Spellbook. A compendium in Ancient and Contemporary spells and rituals. Weiserbooks, San Francisco CA 2010.
-Jiménez Murguia, S. The Cursing Kit of Ushi no Koku Mairi. Preternature: Critical and Historical Studies on the Preternatural. Volumen 2(1). Penn State University Press. 2013.
-Toriyama, Sekien. Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón. Madrid. Quaterni, 2014. 

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