Apkallu: semidioses y amuletos en Mesopotamia

11.08.2026

Apkallu es la palabra sumeria que describe a aquellos seres divinos o semidivinos de su mitología. Existen tres tipos de apkallu: los apkallu-pájaro, que tienen cuerpo humano y cabeza de ave, normalmente halcón, águila o buitre; los apkallu-pez, llamados ku-apkallu o puradu-apkallu, que tienen un cuerpo humano cubierto totalmente por una piel de carpa, como una túnica con capucha; y los apkallu humanos, también llamados umu-apkallu, que son representados como humanos con alas, y que serían resultado de la unión de apkallu y seres humanos.

La etimología real, empero, se centra sobre todo en aquellos salidos del mar: en sumerio Abgallu (Ab: agua; gal-lu: hombre grande). Esto ha dado lugar a disputas acerca de la inexactitud de la denominación genérica para todos los seres híbridos.
Algunos estudiosos apuntan, no obstante, a que los apkallu con cabeza de águila son creaturas directamente creadas o enviadas por el dios Ea/Enki, ya que era su animal representativo. Por lo tanto, estarían al mismo nivel que los Apkallu acuáticos, también subordinados suyos. Como contrapunto tenemos a los que opinan que los seres antropomorfos con cabeza de águila representaban a un espíritu concreto denominado Nisroch (que tenía una historia separada de los Apkallu).

En general se toma su nombre como sinónimo de "sabios", y provienen de los mitos en los que, después de la revuelta de los dioses menores, Enki decide crear al ser humano para que les dé culto: sin embargo, por entonces el hombre no era sino otro animal más. Por ello enviaron a los apkallu, seres mitad humanos y mitad animal, para auxiliar y enseñar a las personas la religión , la magia, la escritura, las ciencias y la tecnología, logrando así crear las primeras sociedades y ciudades de Mesopotamia. Enki (o Ea, en el mundo acadio) creó y envió a la tierra a los Siete sabios, que eran concretamente apkallu de las aguas primordiales, Absu, por lo que se los representa generalmente con piel de pez.

Estos seres permanecieron con los humanos mucho tiempo, antes del Diluvio que enviará el dios de la Tormenta. La tradición atribuye nombres a estos Siete Sabios (ersûtu) y funciones secretas, que usaron como gobernantes o al menos asistentes de éstos:
-Uanna (Oannes) fue instructor de sabiduría, filosofía y pensamiento.

-Uannedugga fue instructor de la religión 

-Enmedugga era arquitecto y constructor.

-Enmegalamma transmitió geometría sagrada y su relación con la arquitectura.

-Enmebulugga enseñó a los hombres la agricultura. 

-Anenlilda fue instructor en medicina y magia. 

-Utuabzu conocía los secretos profundos del Absu.


En los textos antiguos son mencionados en diversas ocasiones, siempre como reyes, nobles o consejeros, inscritos en las listas políticas reales. Veamos:
En el Poema de Erra (2800 a.n.e), el dios Marduk, tras el diluvio, decide que los Siete Sabios (que aquí son específicamente puradu-apkallu, es decir, peces) abandonen la tierra y regresen al Absu. Por ello muchos mitólogos (y también aficionados a las conspiraciones), consideran que los Apkallu eran seres antediluvianos de los que el ser humano no pudo volver a saber.
En la épica de Gilgamesh (2100 a.n.e.) los apkallu son llamados "Los Consejeros" o «muntalki», y se dice que estuvieron implicados en la fundación de la ciudad de Ur. Es decir, aquí se los enmarca en su misión de maestros de los humanos, en este caso para arquitectura y sociedad.
En las Listas de Uruk (ca. 1800 a.n.e.) los siete nombres de los Sabios apkallu aparecen junto a los reyes como auténticos consejeros reales, aunque para muchos estudiosos son ya Umu-apkallu (descendientes) o Ummanu (escribas y sacerdotes humanos).


Relación con el Libro de Enoc

La narración guarda mucha similitud con el Libro de Enoc, el texto religiosos apócrifo (excepto en Etiopía) del S. III a.n.e. en el que se narra la Caída de los Ángeles Vigilantes (Grigori), quienes, enviados a la tierra para enseñar a los humanos, acaban enamorándose y teniendo hijos mestizos, que darán lugar a los gigantes.
Estos gigantes son violentos y pecaminosos, y enseñan a los hombres ciencias divinas y mágicas. Cuando Yahveh no ve salvación para la raza humana pervertida, envía el Diluvio.
No hay duda de que el mundo hebreo bebió de la mitología babilónica, ya que éste es solo uno de los muchos traspasos hechos al judaísmo. Sin embargo sí es curioso que sea en textos tardíos donde se mencione esa supuesta perversión de algunos apkallu, y que el autor del Libro de Enoc escogiera esa versión para distanciar lo humano y lo divino.


La leyenda de Adapa

El autor Beroso, sacerdote caldeo del S.IV a.n.e., presenta a Oannes, el primer sabio, como Adapa (Adán). Adapa, representado a veces como pescador, a veces como ser mitad pez, habría sido un benefactor de la humanidad, que llegaba a las orillas para enseñar y se marchaba al anochecer. Un día el Viento del Sur le empujó y él se enfadó tanto que se enfrentó a él y le rompió las alas. Los dioses lo llamaron a su presencia para que se disculpara. Adapa aceptó humildemente, y los dioses, admirados por su actitud, quisieron darle alimentos que le convertirían en inmortal. Pero el dios Enki/Ea le había advertido para que no comiera, y Adapa, obediente, no lo hizo, perdiendo así la oportunidad de convertirse en un ser inmortal.
Sin duda esta narración ha causado otras tantas disputas acerca de cómo los dioses niegan la inmortalidad al que sería el primer "humano" - espiritual y cognitivamente hablando-, las semejanza posterior del relato bíblico de Adán, y sobre la visión cosmológica de los sumerios acerca de la aceptación de los límites humanos.


Figurillas y amuletos

Vistas sus principales características, queda claro que los Apkallu tenían trato cercano con los dioses, de modo que su papel como intermediarios en el mundo de la religión y la magia quedaba más que establecido.
En lo referente a sus representaciones, se han encontrado figuritas de apkalu enterradas intencionadamente en las entradas de las casas y en los pilares base de grandes edificios y templos. En el caso de los primeros se trata de sencillas figuritas de protección, advertencias para los demonios y la gente con malas intenciones, que reciben el sobrenombre de massarû (guardián, vigilante). Concretamente unas esculturillas de terracota de apkallu-águila y apkallu-pez fueron encontradas enterradas bajo el suelo de distintas salas de lo que se identificó como la casa de un sacerdote exorcista babilonio.

En el caso de exorcismos y otros ritos profilácticos, se daba uso a estas figuras de forma activa:
<<Se ocupaban de fabricar las figurillas profilácticas de madera de cornejo o tamarindo, o bien en terracota, de los umu-apkallu, de enterrarlos cerca del umbral donde estaba la habitación con el enfermo o poseído (...) usando la banduddu (el cubo que contenía agua "de la fuente de los ríos gemelos", es decir, agua primordial) y , aspergaba el agua y dispersaba el mal (...)>> Wiggermann (1986).

Según este mismo autor, los textos demuestran que existía una creación y ritualización de estas figuras. El primer día se escogía la madera, preferiblemente de un árbol considerado mágico, el e'ru (aunque a día de hoy no sabemos a qué árbol en concreto se referían).

El segundo se tallaban los Apkallu, el tercero se preparaban y horneaban figuras de barro de otros genios o espíritus protectores, generalmente aquellos con cabeza de ave o alas en torso humano, mientras que los tipo pez eran preferidos en la madera. También se han hallado restos de efigies de arcilla y cera. Todos se creaban en grupos de 7 o 17.
En la noche previa al cuarto día se daba "vida" a las estatuas, a la mañana siguiente, quinto día, eran llevadas a la orilla del río para purificar las y consagrar las, antes de meterlas en la casa en la que estaba el mal.

También se han encontrado colecciones de estatuillas que se entienden como amuletos o iconos de pequeños altares domésticos. A los apkallu pez se añade la existencia de amuletos de pez, con poder apotropaico en sí mismo: se creía que el mal de ojo provocaba "deshidratación", absorción de la energía, y que los peces, al vivir en el agua, eran inmunes. Además, igual que los apkallu, eran súbditos directos de Enki, dios de las aguas.

En el caso de los muñecos enterrados en templos, estas figuritas están acompañadas de conchas marinas y y otros modelados de monstruos. La función de los apkallu aquí es contener a esos monstruos primigenios, en tanto que los pilares de los templos se consagran al tiempo primordial, al tiempo sagrado y eterno, representado también como el Absu o abismo con agua primordial a través de las conchas marinas y de los propios puradu-apkallu. Dicho de otro modo, se recrea el mundo de los dioses para que el templo exista también en ese mundo y el permiso divino, apkallu mediante, para construir allí.
Representaciones en muros y placas.

Los Apkallu son representados a veces en grupo de siete, pero más comúnmente de forma individual, y con un carácter netamente protector. Por ejemplo, en relieves en muros y zonas de paso. Esto guarda relación con su faceta mágica, ya que conocen a los seres de otros mundos y saben cómo someterlos.

Además, casi siempre llevan un cubo en una mano y una vara o piña (mash-mash o mullilu) o la otra mano levantada. Esta posición, aunque también puede ser de saludo, es frecuente en las representaciones de exorcismo, donde también aparecen como auxiliares - algunos estudiosos creen que no son apkallu como tal, sino sacerdotes con túnicas que los recrean para el ritual.
El cubo estaba lleno de agua primordial, agua cósmica del Absu, que se aspergaba con la vara para purificar tanto lugares como personas. En cualquier caso, vemos de nuevo al apkallu pez, apkallu águila y apkallu humano.

Como ejemplo de la presencia decorativa y protectora de los Apkallu tenemos su mención en el Bit Meseri, un hechizo de protección contra el mal, que dice claramente:
<<(...) A las siete figuras de purādu-apkallu (carpas), pintadas con yeso y pasta negra al lado del dormitorio, en el muro...
A las siete figuras de las esquinas consagradas. Permanecen en la puerta del dormitorio, cerca del hombre enfermo, en la cabecera de la cama.
A las siete figuras de apkallu o tamarisco, arrodillados, que se encuentran a los pies de la cama...>>. (Bit Meseri 3:131.)

Las placas, a ojos de los arqueólogos y antropólogos, no parecen exclusivas de ninguna clase, antes bien, parece que cualquier habitantes podía tener una colgada o apoyada en su habitación. Eran una primera muralla contra enfermedades o maleficios. Su tamaño relativamente pequeño (entre 10 y 20 cm de alto) y sus aros hacen pensar que también podían ser llevadas encima como collares o pectorales. En ellas aparecen normalmente divinidades fieras y los apkallu, además de alguna representación infernal.

Las más famosas son las Placas o Amuletos de Lamashtu, fabricadas en cobre o bronce, que representa a la demonia Lamashtu como leona, a los apkallu-pez y al enfermo, tumbado en la cama, siendo asistido por apkallu o sacerdotes vestidos como ellos.
Estas placas están sobrecargadas de imágenes que nos han dado mayor información: por ejemplo, en varias aparecen tortugas, que se usaban en la adivinación, en este caso, para consultar al espíritu responsable del malestar. También la presencia de barcas, que remarcan la importancia de las aguas, así como el método de destierro de Lamashtu sobre una barca.
También se han hallado en placas y tablas textos donde se relaciona a los apkallu con la medicina -no olvidemos, como ya vimos en el artículo de El Exorcismo en Mesopotamia, que la medicina y los espíritus estaban muy conectados - y que han sido llamados "Las 21 cataplasmas" (mēlu). En estos textos los apkallu traen remedios medicinales a la tierra superior por orden de Ea. Los remedios consisten normalmente en la mezcla de tres o cuatro hierbas y su aplicación. Aún así refuerzan la importancia de los apkallu como protectores.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada -pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
-Nakamura, C. "Dedicating Magic: Neo-Assyrian Apotropaic Figurines and the Protection of Assur." World Archaeology 36, 2004
-Palomino, E. Mesopotamian Fish Skin: Between Ritual and Material Reality. Valonia: A Journal of Anatolian Pasts 2 (47-71), 2025.
- Wiggermann, F.A.M. Mesopotamian protective spirits. The ritual texts. I Cuneiform monograph, SIYX&PP Publications, Gröningen, 1992


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