El altar Wicca y las herramientas rituales

27.07.2021

Uno de los mayores problemas al que los wiccanos se suelen enfrentar es a su denominación de neopaganos, y, de manera simultánea pero errónea, su denominación como idólatras. Los wiccanos creen en el Dios y la Diosa, y los reverencian recreándose en la contemplación y disfrute de la naturaleza, en la que el Dios y la Diosa representan su dualidad y su potencia. En parte la confusión se debe a las representaciones antropomorfas de los mismos, y al uso de estatuillas en algunos de los altares, que se prestan a confusión con los altares de otras culturas, al compartir similitudes como el uso de velas, cálices y ofrendas. Pero el Dios y la Diosa no moran en el altar. Tampoco la religión Wicca es simplemente una "rama esotérica", aunque el mundo New Age se haya apropiado de muchas de sus tradiciones y rituales. Sin embargo, el uso de la magia, asociado con las antiguas imágenes de los demonios y de los dioses, no hace sino incidir más en esta falsa cuestión de la idolatría y la falta de comprensión acerca del uso de un altar, normalmente entendido como hogar de las divinidades, para el desarrollo de trabajos mágicos.

No debemos olvidar que existen múltiples ramas de Wicca (gardneriana, diánica, celta...) Sin embargo, el altar Wicca siempre es una herramienta ritual, o mejor dicho, un eje central del mismo. Describiremos aquí el altar predeterminado, estándar, el más habitual, pero abierto a todas las posibilidades.

El altar puede ser fijo, móvil, o incluso desmontable. Hay wiccanos que gustan de tener un pequeño altar en sus hogares, para realizar ritos mágicos y religiosos con frecuencia. Por su parte, otros preparan el altar exclusivamente en los días de poder, los sabatarios, o cuando van a meditar, ofrendar o realizar algún trabajo concreto. El único requisito, real, de estos altares, es que sea lo suficientemente amplio para sostener las herramientas rituales y las representaciones divinas, ya sean visualmente claras o simbólicas. Se recomienda que esté hecho de algún material natural (piedra, madera, cerámica o incluso metal, siempre preferibles al plástico) y si bien hay wiccanos que usan altares redondos (un tocón de árbol o la típica mesa con superficie de mármol), en alusión a los ciclos naturales o a la diosa, lo más común es que los altares sean cuadrados o rectangulares.

Antes de empezar el ritual

Se considera que una vez preparado el altar, así como el círculo, no debe salirse de él a por ningún instrumento o material. Por ello es frecuente el uso de un pequeño baúl o caja de madera que se encuentre siempre en el altar, encima o debajo del mismo. La zona de trabajo, sea en interior o exterior, debe estar limpia y purificada. Para ello, aparte de limpiar con los métodos tradicionales, hay quienes aspergen agua de hierbas, agua salada o bendita, así como barrer ritualmente: la escoba es un elemento de brujería por excelencia, pero en este caso el barrido puede ni siquiera tocar el suelo, es más bien un acto simbólico de "barrido energético" y ambientador, si la escoba está hecha de hierbas aromáticas. También hay quine mueve un incensario por todo el espacio, o un palo santo encendido, así como inciensos y resinas en polvo o mezcladas con hierbas como tomillo, romero, olíbano, o hierbas relacionadas con los fines concretos del trabajo mágico. También hay quien vierte sal, pero sólo en interior, ya que en exterior es bien sabido que la sal es peligrosa para la fertilidad de la tierra. Según Cunnigham (2003) la visualización de esta purificación es lo que realmente le otorga valor, ya sea viéndolo como llamas, chispas, viento que se lleva la negatividad... En cualquier caso, todo movimiento (lustración o barrido) debe realizarse en el sentido de las agujas del reloj.

Junto a esta purificación del espacio sagrado debe haber asimismo una purificación de la propia persona. Para ello basta con alcanzar un estado de cierta tranquilidad, alejarse de las emociones y los sentimientos negativos (todo esto, claro está, si no se pretende hacer un ritual con fines violentos o negativos; aunque esto se salga de las propias filosofías de la Wicca, es, sin embargo, algo bastante extendido). Para esta purificación el wiccano puede darse un baño, mejor si es con hierbas o aromas, puede meditar previamente con una vela, puede impregnarse del humo de incensarios o sahumerios, o también tocar o escuchar algo de música, pero música tonal, repetitiva, inmersiva.

El papel que juega el altar en todo esto no es sólo la preparación, sino también su posición. Lo más común es que el altar se encuentre ocupando el centro del círculo mágico y por tanto sea el centro de la ceremonia, o que se sitúe en un extremo, pero de manera centrada para el desarrollo del ritual, como si de un escenario se tratara. Hay quienes purifican la mesa o soporte del altar antes de cubrirlo del característico mantel o carrera. También hay quine purifica las herramientas y las ritualiza justo antes de dar comienzo, mientras que otros las purifican y mantienen ritualizadas también cuando estas herramientas están guardadas. Igualmente, para quienes mantienen un altar permanente, es importante una limpieza energética y física frecuente del lugar.

Orientación

En lo que respecta a su orientación, hay dos corrientes mayoritarias: una de ellas lo orienta hacia el norte, por ser una dirección de poder, magnética. Otra lo orienta hacia el Este, como la mayoría de religiones, por ser el lugar por donde nace el sol y también la luna. Aunque el altar delimita el espacio sagrado, hay quienes preparan un círculo mágico (con tiza, velas, inciensos, flores, cristales, cuerda) alrededor del mismo, cerrando el espacio de trabajo, que a su vez guarda el simbolismo de la diosa, del ciclo universal y del tiempo sagrado. Este círculo o pentaclo puede realizarse o decorarse con elementos propios de la festividad, intención o estación: por ejemplo, algunos wiccanos realizan el círculo con flores en primavera, con conchas en verano, con hojas caídas en otoño, y con piñas u hojas de pino en invierno. Igualmente, los puntos cardinales suelen marcarse con velas, incienso, cristales u objetos concretos, como cartas del Tarot. Igual que ocurría con la presencia de los elementos en el Tarot, en este círculo se busca también su concurrencia: la tierra se sitúa en el norte, representada por un tazón de sal o piedras. El incienso o flores frescas se sitúan al Este y representan al aire. Una vela o lámpara de aceite se sitúa en el punto Sur, representando el fuego. Y para el Oeste, se coloca un vaso o copa con agua.

Y si bien el círculo mágico suele ser físico, muchos coven consideran que éste debe ser también energético, y en el caso de los rituales que se desarrollen en un lugar donde no sea posible crear dicho círculo sagrado, puede considerarse creado por la propia energía del practicante. Para esta creación lo principal es la tranquilidad, por lo que no puede crearse si hay más personas alrededor, salvo si éstas son otros wiccanos que van a participar en un ritual conjunto o una celebración en la que sabrán cuándo participar y cuándo guardar silencio ritual. La forma principal es la visualización de su ceración, cada cual con la magia que considere que debe desprender. Algunos hacen el círculo caminando, marcándolo con sus pisadas, o haciendo un corro, cuya energía se cree que se mantiene a pesar de que éste pueda disolverse después. Otros rotan sobre sí mismos, expulsando dicha energía a través de las yemas de sus dedos, dibujando la circunferencia. Por supuesto, esta creación puede disolverse por la falta de concentración o un elemento o persona que irrumpa en la ceremonia. Sin embargo, son los wiccanos que desarrollan el ritual los que deben crear una "puerta" mediante visualización (o algún elemento característico que la sitúe, como dos velas o dos cristales), para salir del círculo y dar por terminado el rito.

División del altar y herramientas

La superficie del altar se divide simbólicamente en tres partes: el lado izquierdo pertenece a la Diosa, el lado derecho al Dios, y la parte central pertenece a los dos y es donde se desarrollará principalmente el trabajo mágico, aunque durante el mismo pueda evocarse o referirse más a una divinidad que a la otra. Esta es sólo una de las formas más comunes, pero la gran mayoría de practicantes tienen a bien que cada cual organice el altar como guste. Señalar este tipo de organización es una excusa para permitirnos desarrollar un artículo en el cual se relacionen también las herramientas rituales con las divinidades.

En el lado izquierdo, el de la Diosa, es costumbre colocar el caldero, la copa, la campana (símbolos del vientre de la Diosa), el pentaclo y el cristal, así como una imagen o representación de la diosa: puede ser una figura o algún elemento con el que el practicante la identifique, como puede ser una vela verde, blanca o plateada, una triple luna, una muñeca de maíz o trigo, una piedra redonda o una piedra bruja, una concha... También suele incluirse agua, ya sea en la propia copa o en un tazón aparte.

En cuanto a las herramientas mencionadas, hagamos un breve resumen da cada una de ellas:

El caldero, la copa y la campana son símbolos de la femineidad, del vientre de la Diosa. El caldero es la herramienta de hechiceros y brujas por excelencia, pero para los wiccanos, también es un símbolo de renacimiento y creación, de ciclos, y los evocan al mezclar ingredientes, ya se para crear alguna mixtura o simplemente como acto ritualista de los elementos que metan en su interior. Normalmente es de hierro y con tres patas. Se utiliza también en adivinación, pero como elemento principal, también se adorna en las fiestas estacionales con elementos propios de cada una, o se llena de agua, vino, o se calienta para recrear el calor del sol.

Lo mismo ocurre con la copa o cáliz, que en boca de Cunnigham (2003) "es simplemente un calderón de pie", con la diferencia de que de ésta puede beberse, convidando a la comunidad o las divinidades, o utilizarla para libaciones sobre la tierra. También simboliza con el elemento agua, elemento asociado a la diosa. En cuanto a la campana, es un elemento ritual común a la mayoría de ritos y religiones, como elemento musical, y como elemento protector: en Europa, por ejemplo, las campanas de las iglesias se repicaban para alejar las tormentas. Es también indicador del comienzo y fin de la liturgia, algo que también se usa en la Wicca para indicar el principio y el final del acto mágico. Las campanas de los rituales deben estar libres de energías negativas, a las que ahuyentarán con su sonido. Por otra parte, también es un símbolo femenino.

También son un símbolo femenino las piedras redondeadas o piedras con agujero, también llamadas piedras bruja. Tanto su forma redondeada como los agujeros, que vuelven a recordar a la Diosa, son producto de la erosión del agua, elemento consagrado a ella. La relación con el agua y la femineidad queda más clara con la concha, objeto femenino en muchísimas culturas.

El cristal ocupa un lugar aparte. Si es redondo o una bola de cristal, sigue siendo un objeto de referencia a la Diosa. Pero si es un cristal pulido, aristado, o en bruto, lo lógico es que vaya a ser utilizado en el ritual, o se trate de un cristal de preferencia del wiccano, o asociado por alguna particularidad a la Diosa. Recordemos que los cristales son, en la magia, contenedores, transmisores y receptores de energías.

Por lo que respecta al pentaclo, su uso tiene su origen en la imitación de la magia ceremonial, que lo utilizaba como elemento central y visual del ritual, centrándolo en el altar, del mismo modo que en otras religiones la escultura o símbolo de la divinidad preside los altares.

La Triple luna (que representa las tres edades y formas de la Diosa), la muñeca de maíz o trigo (elementos de las cosechas), o las velas son representaciones de la diosa que evitan la figura de la divinidad misma, justamente para evitar esa sensación de politeísmo idólatra, en lugar de apreciación naturalista.

En el lado izquierdo, perteneciente al Dios, se situarían el incienso, la daga athame, el cuchillo de mango blanco y la varita mágica, así como una representación del Dios o un símbolo, por ejemplo una vela roja, amarilla o dorada, o un cuerno, bellotas o piñas de pino. En este lado suele situarse, en contrapunto del agua, un tazón con sal. En otros casos se establecen elementos de agua y tierra en el lado de la Diosa, y de aire y fuego en el lado del Dios. Si el caldero no tuviese espacio en el lado izquierdo, se considera aceptable moverlo al lado derecho, ya que el Dios no deja de ser, además de esposo, hijo de la Diosa, y el caldero, como ya se ha indicado, evoca su vientre.

Respecto de estas herramientas, podemos decir de ellas lo siguiente:

La daga Athame y el cuchillo de mango blanco, como herramientas rituales, se sitúan a la derecha por una simple función práctica, dado que la mayoría de los seres humanos son diestros. Hay quien ha intentado buscar un sentido fálico para relacionarlo con el Dios, y aunque es una buena idea e imagen, la función práctica sigue predominando. Recordemos que la Athame, que algunos practicantes personalizan con runas, sigilos, símbolos, nombres, etc, siempre es roma, nunca cortante, y se utiliza para señalar, dirigir y canalizar energías; por su parte, el cuchillo de mango blanco, de este color para distinguirlo de la Athame, sí se utiliza para cortar ingredientes o cuerdas mágicas, "recortar" espacios mágicos, o grabar signos sobre cera, arcilla o madera. La única prescripción para este cuchillo es que se utilice exclusivamente para fines mágicos y rituales, preferentemente dentro del círculo.

La varita mágica se recomendaba tallarla uno mismo a partir de ramas de avellano, roble, cerezo, sauce, manzano... Actualmente se ha convertido en un objeto encontrable en gran parte de las tiendas dedicadas a albores esotéricas, y además de estar ricamente decoradas, fabricadas de madera o cerámica, incluso plata y oro, muchas incluyen en el mango o la punta un cristal, distinto dependiendo del fin que se le vaya a dar o de la preferencia del mago. Se utilizan como brújulas y péndulos que señalen direcciones, pero sobre todo para canalizar energías, para invocar espíritus, para dibujar en el aire, para remover los instrumentos, y para bendecir o imbuir un objeto con un hechizo.

Los símbolos del Dios son simples de definir: un cuerno en recuerdo de la masculinidad y del propio dios astado celta del que su imagen fue tomada. Las bellotas o piñas son símbolos fálicos, pero también evocan la semilla o el lugar donde se esconde la misma, haciendo referencia al propio renacimiento del Dios.

El incienso es un símbolo sustituto del fuego y el aire. También se utiliza su humo para baños mágicos, para adivinar en el humo (por formas o direcciones que toma) y para atraer a espíritus a los que su olor les agrade, mientras que aleja a los malignos, dados a olores más azufrados y desagradables. El tazón de sal resulta más difícil de definir, sobre todo porque no todos los wiccanos lo prescriben para el altar, y en todo caso utilizan sal de bruja. La sal, después de todo, es un elemento religioso y ritual purificador, defensivo, que no necesariamente tiene relación con el Dios, antes bien con la Diosa, puesto que muchas veces la sal sustituye al elemento tierra.

En la zona central pueden colocarse los distintos elementos del ritual, o alguno de los mencionados que no tenía hueco: los más comunes son el pentáculo, el caldero (que se mueve para trabajar con él), aceites, inciensos y velas, un plato o patena para ofrendas y un tapete sobre el que se colocan las demás herramientas que se vayan a usar (runas, cartas, hierbas, cristales, telas, papeles, tintas, monedas, dijes, amuletos...) Algunos coven tienen por costumbre incluir una bola de cristal o cuarzo en la parte central del altar, como herramienta para la concentración y la visualización, y como símbolo de la Diosa. Y por supuesto, el libro de sombras, donde el wiccano tiene no sólo sus hechizos sino sus experiencias.

Todas estas herramientas, se entiende, habrán sido preparadas y consagradas ritualmente para su uso, ya se mediante baños de agua, sal o luz de luna.

Altares portátiles

Como ya se ha comentado, el altar puede ser permanente o puede montarse para los trabajos y celebraciones. Existe un tercer tipo, que son los altares portátiles, en dos variantes. Los altares portátiles comunitarios, es decir, los destinados al uso público con otros miembros wiccanos, y los altares individuales o de viaje. Los primeros suelen ser una suerte de mesas portátiles que se cubren con manteles de colores concretos o con ilustraciones y símbolos, o incluso baúles grandes sobre los que luego se sitúan las herramientas mágicas que se guardan en su interior. Los segundos, los altares de viaje, se han extendido sobre todo por su discreción, y consisten básicamente en cajas de madera, pequeños baúles o cajas metálicas en los que se guarda lo que se considera básico para el ritual: normalmente, sólo incluyen una o dos velas, alguna pastilla o varilla de incienso y cerillas, una pequeña athame o cuchillo, como una navajita, papel para escribir oraciones, deseos, runas o sigilos, algún soporte con el pentaclo o la triple luna (aunque también se tiende a dibujarlo en la superficie de la caja, ya sea en el interior o el exterior de la tapa), y, ya a voluntad y uso del mago, algún cristal o algún amuleto, o algún método adivinatorio de pequeño tamaño (una bolsa de runas, un péndulo).

El altar wicca no es simplemente una preparación ritual. En otros contextos de paganismo y brujería, el altar es, hasta cierto punto, improvisable, y no tiene que contar necesariamente con la presencia de espíritus o divinidades cerradas, hasta que éstas son invocadas como auxiliares o como perpetradoras de los designios de los hechizos. Y la presencia de estas divinidades puede ir rotando, mientras que en la Wicca la Diosa y el Dios siempre están presentes, de hecho, no sólo como símbolos o figura, sino en la propia naturaleza. Ello hace que el altar sea un punto de encuentro, y no un lugar de adoración, petición o trato.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:

-Cunningham, S. Wicca. Una guía para la práctica individual. Arkano books, Madrid 2016
-Guiley, R. The Encyclopedia of Witches, Witchcraft and Wicca. Facts on file, Infobase publishing. NY, 2008
-Howard, M. Modern Wicca: A History From Gerald Gardner to the Present. Llewellyn Worldwide, Minnesota, 2009.
-Hume, L. Creating sacred space: outer expressions of inner worlds in modern Wicca. Journal of Contemporary Religion, 1998.

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