La Mandrágora: etimología, leyendas y rituales
La Mandrágora es sin duda una de las plantas mágicas por excelencia, no sólo por sus usos en pócimas y hechizos, sino también por el hecho de estar "viva", de tener forma humanoide, de soltar un grito mortal, y otras muchas leyendas.
Etimología
El origen de la palabra mandrágora aún hoy es controversial.
Entre las primeras opciones tenemos las lenguas clásicas: En griego antiguo tenemos μανδραγόρας, que pasó al latín como mandrágora. Algunos piensan que μανδρ-αγόρας significaría "dañiña para el ganado".
Otros dividen la palabra como μ-ανδρα-γόρας, es decir, "no nacido del hombre", como referencia a la apariencia humana de su raíz, a pesar de ser una planta.
En griego también era definida como ἀνθρωπόμορφον, es decir, antropomorfa, con forma humana (siguiendo a Pitágoras). En latín,por su parte, el agrónomo Lucio Columela se refería a esta planta como semihomo, es decir, mitad-humana, lo que justificaría que ya entonces la mandrágora era referida por su característica apariencia.
En el mundo grecorromano sabemos que ya tenía fama de mágica, pues era llamada Κίρκεια, es decir, "de Circe", la famosa hechicera de la Odisea.
La etimología se ha centrado igualmente en lenguas más orientales. Han asociado mandra- con el sánscrito मन्त्र (mantra, herramienta mental), asociando su poder alucinógeno con las prácticas meditativas de la India. Está "embriaguez" asimismo se ha vinculado con la palabra Madhira, alcohol o licor, o Mandros, que significa sueño.
En el mundo hebrero bíblico se recoge la palabra דּוּדָאִים, Duda 'im, que significa "cesto de manzanas". Sabemos que se trata de mandrágora o de una planta semejante porque guarda relación con la fertilidad (Génesis (30:14-16)). Y porque la referencia a las manzanas la hallamos también en otras lenguas semitas. En árabe encontramos mandirik, aunque su denominación tradicional es تُفَّاح الجِنّ (tuffāḥ al-ǧinn), "manzano de los djinn (genios o demonios de su folclore)". No en vano, las lenguas asirias se ha registrado nam-drogul, que se podría traducir como "raíz de Namta". Según Ungricht y Knapp (1988), Namta sería un demonio o espíritu maligno, que se habría vinculado mitológicamente a esta planta por su alta toxicidad.
Una tercera opción vincula la palabra "madre" en varias lenguas, como Madhara (મધર) en sánscrito y Mătră en rumano. Curiosamente el nombre rumano. mătrăgună es el que se da a la belladona, otra famosísima hierba bruja, pariente de la mandrágora.
Para finalizar este apartado, mencionar curiosamente su vínculo con la Mano de Gloria. Para ciertos filólogos, la raíz de mandrágora habría sido asociada con la forma de una mano con dedos, y habría pasado, por confusión de pronunciación, al francés como Main-de-Glorie, creando este nuevo objeto mágico, que comparte similitudes en su origen con la mandrágora, por ejemplo en el caso de los ahorcados, como veremos a continuación.
Leyendas y mitos
(Un breve inciso: Aunque la más común es la especie Mandrágora Officinarum, existen varias plantas de la misma familia que a menudo se han tomado por la misma, como la Bryonia o la Mandrágora Autumnalis. Sus leyendas, sin embargo, no varian tanto...)
Las más conocidas son aquellas referentes a sus gritos al ser arrancadas. Pero, ¿por qué gritaría una planta hasta volver loco a la persona que lo hizo? Dentro del folklore había que encontrar una explicación, y ésta estaba en su propia creación o nacimiento. Las mandrágoras tenían forma humana y capaz de gritar porque nacían de restos humanos. Para algunos los lugares oscuros donde brotaban eran cementerios o lugares propicios al asesinato. Para otros nacían de la sangre, sudor o semen de los ahorcados. Esto la imbuía de un poder mágico fatal y gritaba como no habían podido los espíritus de los condenados.
Para mayor determinación, se creía que los frutos de la mandrágora brillaban en la oscuridad a causa del demonio o espíritu que llevaba en su interior... aún se ignoraba la bioluminiscencia.
(La Mano de Gloria era la mano cortada de un ahorcado, conservada y convertida en vela... ¿Coincidencia?)
La creencia de sus gritos mortales ha quedado registrada en distintos tratados botánicos y grimorios, donde se recomienda taparse los oídos con cera y atar un animal a la planta, para que sea el animal quien tire y saque la mandrágora de la tierra, y por lo tanto, quien muera al escuchar sus lamentos. La referencia más extendida dice que deben hacerse tres círculos en la tierra de alrededor con una rama o varita de sauce y que el animal que debe tirar debe ser un perro negro.
En la Europa Oriental existen danzas y cantos dedicados a la mandrágora, que deben ser realizados por mujeres puras o expertas en las noches de luna llena o nueva. Se liba junto a ellas vino o leche, y de alguna forma, se convida a la planta a la fiesta, por lo cual se dejaba arrancar sin proferir gritos. Aunque en sus orígenes tenía un valor más medicinal y de rito de fertilidad, sin duda su estética ha convertido estos bailes en algo totalmente brujeril, en el buen sentido.
Existía también la opción de llevarse la mandrágora con la tierra de alrededor o excavar ligeramente en torno a sus raíces para extraerla sin usar la fuerza: parece que la mandrágora no se niega a irse del lugar, sino que requería ser tratada con cariño.
Este aprecio se repetía en los distintos rituales que se llevaban a cabo con ella (cuando no era usada para pócimas). Por ejemplo, si se tenía en la casa o el jardín, era alimentada de vez en cuando con gotas de leche y sangre. Era creencia común que, debajo de la cama de las mujeres, ayudaba a la fertilidad y curaba las enfermedades femeninas. Pero también había que continuar alimentándola o la magia funcionaría a la inversa. El vino tinto era un buen sustituto para la sangre.
Y no sólo servía para la fertilidad femenina: una mandrágora con "una tercera protuberancia" entre las raíces-piernas, o una raíz única bien gruesa, se consideraba útil para mejorar las relaciones del sexo masculino.
Las mandrágoras y lo femenino siempre han tenido conexión. En el mundo germano, aunque en esas tierras la mandrágora no crece, sí lo hizo su fama: la planta Alraune es de la familia de las mandrágoras y estaban vinculadas también a la fertilidad. Siendo al principio entes feéricos, poco a poco la Alraune se fue convirtiendo en una suerte de hada o ninfa totalmente humanizada y sexualizada, que ha pasado a la modernidad como una mujer fatal de los bosques, que drogaba y abusaba de los varones para reproducirse.
Amuletos y conjuros con mandrágora
¿Para qué usar una mandrágora en otros contextos? Aparte de sus usos narcóticos, en los que ahondaremos más abajo, se decía que la mandrágora, en especial si había nacido de la sangre de ladrones, era un amuleto infalible para atraer la fortuna y la riqueza, con una grave excepción: atraería mala suerte a todos los que no fuera su poseedor. Para evitar eso, claro, existían distintas leyendas, como hablarle, alimentarla con sangre y leche, incluso vestirlas como si fueran muñequitos. Cuanto mejor se las tratara, mejor se portaban con uno, incluso si no eras el propietario directo.
Dada su corteza blanda, se tallaban para hacer figurillas a las que pedir deseos, a cambio de sacrificios animales -de nuevo la idea de la sangre. Estas imágenes, vendidas por el cristianismo como actos paganos y de incultos, no se corresponden con los siglos de los que conservamos las tallas, más próximas al S.XVII y XVIII.
Ya que iba a atraer riquezas, se considerara también un amuleto protector contra ladrones. Y poco a poco, de protección en general. Lo mejor era llevar un pedacito de su raíz en una saquito de tela. Tan popular era esto que, por ejemplo, en el juicio a Juana de Arco, los británicos dijeron para acusarla de brujería que en su escudo llevaba una mandrágora escondida...
Sin embargo, encima de las puertas de las casas o de las chimeneas era común poner un pedacito de raíz de mandrágora (entre otras hierbas protectoras).
Una característica común de los conjuros y los usos de la mandrágora a nivel mágico es su tratamiento personal, siempre dirigiéndose a la planta como un ser viviente y sintiente. Se le pide permiso y ayuda, cosa que no es tan frecuente con otras plantas.
Usos médicos y magia de amor
Dioscórides en su obra De Materia Medica (65 a.n.e.) indica cómo usar una pequeñísima cantidad de raíz de mandrágora como anestésico para pacientes que requerían intervenciones dolorosas. También menciona el "vino de mandrágora", como una infusión o maceración de esa pequeña raíz. Sin duda dosis mayores eran violentas.
En la Antigüedad y la Edad Media, muy diluida o en cantidades ínfimas, era usada para el dolor, los cólicos, la fiebre, dismenorrea, infecciones intestinales o incluso el asma. Todo esto no hace sino confirmar su potencia. Los árabes desarrollaron una especie de somnífero/anestesia a a través de humedecer una esponja con esencia de mandrágora.
En la medicina posterior, e incluso hoy día, sus componentes tóxicos, bien utilizados, tienen aplicaciones contra los dolores y sobre todo en relación al sistema nervioso, con aplicaciones a la enfermedad de Parkinson y semejantes.
Por el contrario, en palabras de Paracelso, la dosis hace al veneno: un exceso provocaba alucinaciones e inclusive la muerte. Su uso como droga se debe a los distintos alcaloides de la planta, tanto en la raíz como en los frutos y las hojas. Sus efectos ganaron fama como ungüento de brujas -por la sensación de volar, por las visiones- y como afrodisíaco.
La Mandrágora, junto a la belladona, pariente suya, el beleño y el estramonio, se convirtió en hierba bruja por excelencia, en especial para hechizos de amor, o mejor dicho, amarres. Entre los hechizos más comunes estaba no sólo cuidar y alimentar a una mandrágora para pedirle favores, sino tallar con ella figuras de los amantes, las cuales eran sexualizadas y amarradas -según algunos, incluso usadas en el acto sexual, lo que implicaría una locura a nivel alucinógeno.
La raíz de mandrágora era utilizada en trocitos o en polvo como amuleto, llevado cerca del pecho en un saquito de tela, para encontrar el amor o para conservarlo. Igualmente se podía meter dicho saquito entre las pertenencias o bajo la almohada del objetivo a enamorar.
También era un ingrediente ínfimo en pócimas de amor y fertilidad. Sus frutos eran utilizados cuando se pretendía crear un deseo sexual intenso, si bien las dosis debían ser muy, muy pequeñas.
Uso en la magia actual
Dada su alta toxicidad a las precauciones hoy día son mayores que lo que fueron en el pasado. No se consume ni se frota. La mandrágora se sigue utilizando sobre todo a nivel de amuletos (como ponerla cerca de donde se guarda el dinero, o llevar un pedacito en exámenes o pruebas), y a nivel simbólico, esto es: forma parte de los elementos de un ritual tanto con fines positivos como negativos, pero su uso se limita a ser invocada o mencionada, mientras se usan cantidades ínfimas. Actualmente solo se utiliza la raíz, que se vende ya seca, de modo que se previenen los usos de sus frutos hojas o raíces frescas como droga.
Para hacer un saquito de protección o de fertilidad, la raíz de mandrágora seca no es tóxica por sí misma, sin embargo en los conjuros destinados a hacer mal a una persona, venganza, maldición, etc. sí se apela a ello: en vez de decir "buena mandrágora, ayuda y protege...", se le pide "haz uso de tu poder y elimina...". Con estas formulas también hay que pensar en la finalidad del conjuro, aunque sea positivo. Si se busca eliminar objetivos habrá que pedirle a la mandrágora que los destruya.
Para baños de purificación se puede infusionar una pequeña cantidad de raíz de mandrágora o hacer agua de mandrágora dejándolo a la luz de la luna, siendo conscientes de que esa infusión después debe ser diluida en una cantidad de agua mucho mayor.
Pietro V. Carracedo Ahumada -pietrocarracedo@gmail.com
Bibliografía:
-Capmas-Delarue, P. El Herbario de las Brujas. Larousse, 2022.
-Lozano Cámara,I. La manzana del genio. Mandrágora (Mandragora spp.) y magia negra en la tradición árabo-islámica clásica. Revista Al-qantara de estudios árabes, 2025.
-(Pseudo) Paracelso. Botánica oculta. 1987.
- Servier, J. Diccionario crítico de esoterismo. Akal, 2001.
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