Yoga y esoterismo

18.05.2021

El yoga es una doctrina hindú de corte filosófico, que busca control físico y mental, para alcanzar la perfección espiritual, mediante la práctica del ascetismo, la meditación y la concentración. Yoga, del sánscrito योग, unión, proviene de la raíz yuj-, yugo, de modo que no sólo busca la unión, y trabajo en equipo de cuerpo y mente. Define asimismo un "equilibrio" entre ambos. Su significado es aplicable en distintos conceptos: en matemáticas, es la suma; en astronomía, una conjunción planetaria; en contexto físico, el esfuerzo; en contexto psicológico, la concentración, y desde ahí deriva a meditación y a salvación, y consecuentemente, al poder que lo permite. Si bien hay quienes lo practican como puro ejercicio físico, no puede negarse su faceta religiosa y esotérica, por cuanto apela a lo espiritual y el control sobre ello, a la liberación espiritual (mukti), al conocimiento superior y a la unión con la divinidad. El mundo occidental se ha esforzado en dividir la parte "laica" de la "esotérica", sin querer apreciar en exceso que sus orígenes se encuentran indiscutiblemente relacionados con una visión soteriológica (salvadora).

Las bases doctrinales del yoga se encuentran repartidas a lo largo de toda la literatura hindú, como el Bhagavad-gītā, o los Upanishads, los Puranas, los cuales exponen frente al politeísmo expuesto en otras obras religiosas, una suerte de monoteísmo, Brahman, que sería una divinidad creadora, absoluta y única, que toma distintas formas y avatares, y que el ser humano está conectado con la divinidad y puede alcanzar la unión a través de ciertas prácticas y conocimientos. El texto "base" de los tipos de yoga actuales suele considerarse el yoga-sutra, del S.II a.n.e., redactado por Patañjali, un yogui filósofo, si bien algunas ramas llegaron a considerarle un dios encarnado, ya que también existen mitos en los que Naga-Shesha, Visnú o Shiva son los verdaderos creadores y transmisores del yoga. Aunque existen otros textos yóguicos, éste es el más antiguo. No obstante, según algunos arqueólogos e historiadores de la religión, como John Marshall o Mircea Eliade, podría haberse practicado hasta diez siglos antes, no obstante, nada ha quedado contrastado, ya que ciertas poses son típicas de divinidades o danzas y no puede considerarse que esculturas o relieves estén practicando yoga como tal.

Existen diversas escuelas de yoga, cada una con una finalidad distinta. Si nos ceñimos a la tradición hinduísta, las tres mayores o fundamentales serían:

Tres yogas fundamentales

El Raja-yoga, (yoga de la realeza) o Astanga- yoga (yoga de los ocho miembros o los ocho caminos), aunque hay yoguis que los distinguen. Estos ocho caminos consistirían en los iama o prohibiciones (respeto a la vida, no mentir, no robar, celibato y no apegarse a lo material); los niama o preceptos (pureza, satisfacción, austeridad, recitación de los vedas, disposición a Dios); la asana o postura: la espalda siempre recta; pranajama, el control de la respiración; pratiajara, el control sobre los sentidos y las necesidades; dharana, el control sobre el pensamiento; dhiana, la meditación; y por último, el shamadi o absorción, el instante en que el individuo percibe que se está fusionando con el universo, que pertenece y está en equilibrio con él.

El Jñāna-yoga (yoga del conocimiento, entendido como el Conocimiento Supremo). Según esta escuela de yoga, existen cuatro caminos para la salvación: Viveka, discernir lo que es terreno de lo espiritual, lo real de lo irreal, lo bueno de lo malo, lo temporal de lo eterno; Vairaguia o la falta absoluta de apego a lo material; Shad sampat o las seis virtudes (paz, control sobre los sentidos, renuncia al placer, paciencia, fe y concentración); y por último, Mumuksútua, el deseo de liberación espiritual. Este sistema tiene dos ramas: una que considera que dios y el alma son una misma entidad que debe fundirse del todo, y otra que sólo busca la eterna y equilibrada relación entre ambas cosas.

El tercer tipo fundamental sería el Karma yoga, la unión mediante la actividad. Como indica el ya muy manido concepto de Karma, el ser humano debe atenerse a su dharma o deber religioso, desapegado de los resultados, y obtener la liberación de la rueda kármica y de la reencarnación. Respecto de este karma hay distintas formas de enfoque moral, destacando la de las buenas acciones desinteresadas, y la que antepone el bien mayor sobre el bien individual.

Como puede comprobarse, sólo el primer tipo sería lo que se considera "yoga" en los países externos a esta cultura asiática, ya que está asociado a la práctica física, y los segundos, sólo por su faceta meditativa. Sin embargo, todos estos tipos de yoga tienen una finalidad esotérica pura e indiscutible, alcanzar algo oculto a simple vista a través de su concreción mediante una filosofía de vida y unos actos específicos.

Yogas de Naropa

Existen, por otra parte los yogas en plural, que constituyen meditaciones tántricas tibetanas y budistas, aunque podrá comprobarse la influencia de su denominación por compartir la misma finalidad de liberación. Los más famosos son los Seis yogas de Naropa, también llamados dharma (conductas) de Naropa, son una suerte de técnicas que buscan "atajar" en el trabajo hacia la Iluminación. Se basan esencialmente en el Hevjatantra y fue combinada por el maestro gurú Tilopa (S.X-XI) y por su discípulo Naropa, un místico indio del S.XII, y consisten en los seis preceptos que siguen: Gtum-mo o yoga del calor interno, que visualiza la energía como una esfera ardiente ene l interior del cuerpo, pero controlada, o de otra forma puede volverse ira. Sgyu-lus, o yoga del cuerpo ilusorio, donde el practicante identifica como ilusorios todos los sentimientos y necesidades, y se experimenta la presencia de las divinidades. 'Od-gsal, la Clara luz, donde se busca permanecer en la luz interior, en el dios tutelar, y alejarse de los conceptos que surgen del espíritu. Rmilam, el yoga del sueño (no confundir con Nidra yoga, que se expondrá más abajo) busca el control sobre éstos, un sueño lúcido, y la integración de los conocimientos transmitidos por vía onírica, incluso contactando con otros maestros o divinidades. 'Pho-ba o la transferencia, el paso que anula la dualidad del ser humano y le acerca a la trascendencia. Y Bardo, el estado intermedio post mortem. Hay quien sitúa éste previo al alcance de la trascendencia.

Yogas no fundamentales

Volviendo a la práctica del yoga, en singular, hay ramas no fundamentales del yoga, las cuales son, paradójicamente, las más conocidas en el mundo occidental. Entre ellas encontramos el Kriya yoga o yoga de acción, un supuesto yoga recreado y renacido en el S. XIX por los yoguis Mahavatar Babaji y su discípulo Lajiri Majashaia, centrado en el pranajama o control de la respiración; el vinyasa yoga, popularizado en el S.XX, que se practicaba mediante la realización ordenada de grupos concretos de asanas; el bhakti o devoción, que es más un movimiento religioso, y puede encontrarse en la mayoría de tipos de yoga; el yoga Iyengar, que toma el nombre de su creador, en el S.XX, y cuya característica diferenciadora es su carácter terapéutico, que atiende a personas con limitaciones físicas para que también puedan realizar las asanas, las cuales tienen un orden rígido, además de poder utilizarse distintas herramientas y soportes para su práctica.

Y si bien en estos últimos sería algo más complejo encontrar esa faceta esotérica, aunque persiste en la idea de liberación, existen otros dos senderos no fundamentales, que sin duda son los más famosos: el hatha yoga y el kundalini yoga. Ambos son conocidos en occidente como ejercicio físico, pero en pocos lugares que no sean centros de cultura asiática se explican todas las creencias entorno a las posturas o las respiraciones, así como los preceptos que los verdaderos yoguis de la India o los practicantes creyentes de otros países realizan como complemento a estos ejercicios. Esta fijación por tomarlo como ejercicio físico tiene un claro componente cultural: tomar el yoga por una filosofía vital o religiosa entraría en conflicto con las religiones existentes en los demás territorios, concretamente en los casos de monoteísmo y dogmatismo, donde no tienen cabida ni las creencias politeístas ni concepciones como la unión universal o la liberación espiritual. Empero, en el entorno esotérico todos estos conceptos sí pueden hallar un hueco sin mayor problema: la divinidad puede ser una o múltiple, única o con avatares, y el alma-espíritu puede considerarse individual e interrelacionado. Además, las filosofías esotéricas son habitualmente cambiantes y absorbentes, y al considerar que en el universo existen infinitos vínculos, cualquier religión o creencia tiene su valía y su contraparte aceptable.

El hatha yoga (yoga fuerte, obstinado, insistente) fue inventado en el S.XV por un religioso indio de nombre Suatmarama, aunque como en casos anteriores, se recurre a los dioses, en este caso a Shiva, como maestro principal. Se basa en una serie de escritos religiosos mixtos sobre el tantra, es decir, sobre técnicas de concentración de energía. El hatha yoga tiene en cuenta los pranas o respiraciones, y su influencia sobre los chakras (चक्र, círculo), fuentes de energía existentes en el interior del ser humano, según la tradición hindú, y que se activan mediante la respiración correcta. La finalidad del hatha yoga es al serenidad física y mental, y el despertar de los chakras, aportando equilibrio y felicidad al individuo en todos los aspectos de su vida.

Aunque evidentemente no se practica en las escuelas generalistas de yoga, la iniciación en el hatha yoga requería de una serie de purificaciones físicas, shatkarmas o kriyas, bastantes desagradables desde la óptica moderna, que incluían lavados de estómago y garganta, así como respiraciones forzadas. Tras ello se aprendían los distintos tipos de pranajamas (respiración rítmica, oceánica, sonora...) y las llaves o bhandas, masajes o contracciones musculares que permiten la activación de distintos chakras. Porteriormente se comenzaría el aprendizaje de los mudras, los mantras u oraciones, y las asanas.

Su mayor característica es la transición entre asanas con delicadeza, y cuyo aprendizaje implica que poco a poco se pueda mantener dicha postura sin fatiga o dolor, obteniendo la mencionada serenidad física, a la par que mental, puesto que cada asana lleva implícito un significado. Las más conocidas son Padmasana, o la postura de la flor de loto; Uttanasana o postura de la pinza; Bhujangasana o la postura de la cobra;Vrikshasana o postura del árbol;Virasana o postura del héroe;Shirshasana o postura de la cabeza; Sarvangasana o postura de la vela; Setu Bhandasana o postura del puente; Utrasana o postura del camello; Anjaneyasana o postura de luna creciente.... Entre otras muchas, que varían según la escuela, los niveles y las finalidades, ya que cada una requiere de una respiración concreta y provoca la activación de uno o varios chakras. Un ejemplo de sucesión de asanas fluida y generalmente cómoda es el Saludo al sol o Sūria namaskār, una combinación de doce posturas, de las cuales a partir de la séptima se repiten pero de manera invertida. No es lo común cuando se realiza como simple ejercicio físico, pero cada una de estas posturas se acompaña de un mantra que reverencia (namaḥ) al sol como divinidad.

Existe una variedad de hatha yoga llamada Ananda yoga, que se centra en la autorrealización y realiza afirmaciones con cada asana, "subiendo" de nivel con cada una, mejorando la conciencia del ser y el autocontrol, y por tanto, el control sobre las energías humanas.

En cuanto al kundalini yoga (yoga enroscado o de la serpiente) basa su trabajo en la creencia de que la energía permanece como una serpiente enroscada en la base de la columna vertebral, y que al activarse los chakras, puede extenderse, subiendo por la columna, a través de los nadi, los tubos o ríos de energía/prana, que tradicionalmente con 72.000 y se identifican con las venas, y son tres: Sushumná (el eje de la espina dorsal a la corteza cerebral), Idá, que fluye hasta la fosa nasal izquierda, y Pingalá, que fluye hasta la fosa nasal derecha. La base de este yoga es la fuerza de voluntad para el mantenimiento de las respiraciones, los mudras, las posturas, e insistencia en la costumbre de la meditación y repetición de los mantras. Todo ello ayuda a la purificación de los nadi, lo cual se visualiza desde el punto de vista de la medicina ayurvédica, donde si estos canales de energía se encuentran obstruidos pueden ser la causa de enfermedades, y la salud se recobra y se aumenta mediante su limpieza y buen funcionamiento. Esta armonización comparte visiones con el tantrismo.

El kundalini es probablemente el tipo de yoga más asociado en la actualidad con el esoterismo. Ello se debe, por una parte, a toda la corriente New Age, que no sólo potenció las prácticas de terapias orientales, sino que además dio mucha importancia a todas las cuestiones acerca del macrocosmos, el microcosmos y las energías universales. Por otro, a que dentro de estas corrientes esotéricas modernas se han desarrollado distintos tipos de técnicas tántricas, que en realidad se encuentran totalmente fuera de las filosofías y tradiciones orientales, por lo que muchos lo denominan "neotantra" o "tantra occidental". Éste está centrado en lo que podría denominarse yoga sexual o masaje o sexo tántrico, consistente en una excitación de los órganos sexuales como un medio de liberación y de meditación, cuyo fin no es el placer, sino el bienestar, basándose en que la energía sexual es una de las más poderosas y sirve también para activar a la serpiente kundalini, que se encuentra en la parte inferior del torso humano, y que por sus características de éxtasis abre los canales de energía, consiguiendo armonía. Por todo ello, recibe miradas sesgadas y de desconfianza, y no es apreciada por aquellos que consideran que es una extrapolación y expropiación cultural.

Revisiones esotéricas y ocultistas occidentales

Los nuevos esoterismos y ocultismos nacientes, así como neopaganismos y corrientes New Age, se centran muchísimo en la revolución espiritual y el misticismo. De Michelis (2005) hacía hincapié en la creación de una suerte de Neo-hinduismo, unida a la búsqueda y deseo de autorrealización del individuo en un mundo globalizado. Y en realidad, puede considerarse que acierta en gran parte, ya que los nuevos movimientos buscan ahondar en tradiciones milenarias para recuperar esa esencia humana-divina que se considera perdida.

Siguiendo con extrapolaciones como al mencionada con el "neotantra", el ocultismo occidental ha influido en la visión del esoterismo oriental, alterando y fusionando muchos de sus conceptos, como ya se indicó que ocurría al no tener un canon cerrado: por ejemplo, prana no sería la energía del cuerpo, sino una energía universal que debe atraerse y dejar fluir a través, mediante la absorción por la respiración o su expulsión mediante la espiración. Otros ocultistas han tratado de fusionar este prana universal con el magnetismo terrestres y su percepción por ciertos seres vivos. También se ha asociado con el Qi chino. Los nadis han sido visualizados como todo el conjunto de las venas, no sólo tres canales, y cuando ha sido visto así, se han buscado simbolismos por el número tres o con otros órganos del cuerpo que sean parejas y un añadido, asociaciones que podrían considerarse innecesarias.

Todo ello, unido a las cuestiones culturales y religiosas mencionadas con anterioridad, han hecho que, por una parte, el yoga divida su función original entre la liberación mediante respiración y ejercicio físico, y sólo ejercicio físico para no herir sensibilidades pero beneficiarse de sus estiramientos y fortalecimientos musculares (no en vano el pilates bebe del yoga y ejercicios terapéuticos). La parte meditativa, si bien no puede negarse que el yoga sea una de las primeras "terapias" psicológicas, en el mundo occidental ha acabado volcándose sobre esta faceta, para relajarse, bajar el estrés, y a la vez subir la autoestima, mejorar el autocontrol, etc.

Encontramos que muchos esoteristas y ocultistas utilizan algunas herramientas del yoga para fines mágicos, considerando que antiguos sabios de la India obtenían del yoga habilidades especiales para manipular el entorno a través de la manifestación de sus propias energías, confundiendo pero utilizando a menudo el término yogashiddi, que se entiende como los poderes psíquicos obtenidos con el yoga.

Existe también una rama yóguica llamada Nidra yoga que se centra en la inmersión en trances y abismamiento mente-cuerpo, y que incluye también una observación de los sueños, malinterpretada por el esoterismo occidental, ya que no busca su interpretación, sino su control y la supresión de sueños que puedan conllevar mal karma. Entre otros usos equívocos o alterados, se utilizan los mudras y mantras en las conjuraciones y el tantra para magia sexual, así como han popularizado prácticas meditativas. También se ha recurrido al yoga para concentrar energías o transmitirlas, junto a ejercicios posturales en relación a las prácticas Qigong, Tai-chi y otras de naturaleza oriental; ciertos grupos prefieren evitar el yoga por ser una "práctica genérica", y retornan a los sigilos físicos de Osman Spare, así como las llamadas posturas druídicas, basadas en la idea moderna de supuestas posturas que adoptaban los individuos mágicos del mundo celta-nórdico, para meditar, concentrarse y utilizar su magia.

En cualquier caso, analizado el origen del yoga y su trasfondo, pueden comprenderse mejor las reticencias de ciertos grupos religiosos a practicarlo, frente al desconocimiento a nivel popular de la mayoría de sus características esotéricas, tomadas a menudo por "filosóficas", "morales" o "metafísico", para evitar una connotación hacia la cual también existe recelo. Utilizando otra vez un ejemplo de De Michelis, el yoga, como práctica de salud, es para Occidente un ritual secular.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
Calle, R.A. Diccionario de Orientalismo y Budismo. Tikal Ediciones, Barcelona, 1999.
De Michelis, E. A History of Modern Yoga: Patanjali and Western Esotericism. A&C Black, 2005
Servier, J. (ed.) Diccionario crítico de esoterismo. Akal, Madrid, 2006.
Filoramo, G. (ed.) Diccionario de las religiones. Akal, Madrid, 2001

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