Finisterre: leyendas y rituales en el fin del mundo.
Finisterre, en gallego Fisterra, proviene del latín Finis (final) y Terra (tierra), ya que en su día, este cabo era el punto más occidental conocido por los exploradores romanos. Se consideraba la frontera final del continente euroasiático, del mundo conocido, y aunque estemos acostumbrados a los mapas medievales donde se representaban monstruos marinos, para los habitantes de esta zona el fin del mundo tenía significados mucho más complejos que "lo desconocido". El nombre actual de la costa, Costa da Morte, continúa no obstante con esa faceta evocadora.
Ara Solis o Altar de Sol
Empecemos por los primeros habitantes históricamente rastreables, los celtas y los fenicios. Los celtas peninsulares también consideraron el cabo de Finisterre como un enclave sagrado. Podían ver al sol sumergirse en las grandes aguas del Atlántico. Hay restos arqueológicos que prueban la presencia celta en este territorio, y caminos de peregrinaje que terminarían en algún tipo de altar o santuario, probablemente dedicado a divinidades solares. Además, de estas costas provendrían los marineros que llegaron a Irlanda.
En el caso de los fenicios, también tenían creencias astrales y relacionadas con el Sol y su "muerte" temporal por el horizonte. De ahí la Costa da Morte, aunque también por los naufragios que provocan sus olas.
Existen vestigios arqueológicos que muestran que hubo rutas comerciales desde Cádiz hasta las Rías Baixas, y su cosmología encaja perfectamente en la idea de un punto occidental donde finaliza el territorio, y que hubieran tenido especial relevancia en los solsticios y equinoccios.
Estos altares o santuarios habrían sido conservados por los romanos, ya que su política religiosa siempre trató de ser integradora. El supuesto Ara Solis o Altar del Sol se encontraría en el Monte Facho, probablemente bajo los restos de ermitas e iglesias cristianas que se construyeron en el mismo lugar, como la desaparecida iglesia de San Guillerme (de la que hablamos más abajo)
Tenemos por otro lado las Aras Sestianas o Altares de Sestio, legado de Julio César en Hispania durante el S.I a.n.e., son otro de esos hallazgos que dan pie a la existencia de dicho altar. Existían ya los Ara Solis en Roma, normalmente pequeños altares que se erigían para propiciar a los dioses celestes, y sobre todo para celebrar y dejar pruebas de una victoria o conquista. Hay restos arqueológicos en toda la costa de Portugal y de Galicia de varios altares de Sestio.
En la literatura antigua tenemos referencias claras: Ptolomeo en su Geographia y Plinio en su Naturalis Historia indican que hay al menos tres altares se Sestio en la costa occidental gallega (aunque Pomponio Mela indica que uno de ellos estaría "en territorio Astur").
Otros piensan que los altares fueron más que altares, que fueron emplazamientos de faros costeros o Torres Augustas, de forma semejante a la Torre de Hércules de A Coruña (S.II), o en la localización del actual Faro de Finisterre; incluso, que el nombre de Touriñan, aldea de la región de Muxía y punto más occidental real, proviniera precisamente de alguna antigua torre.
No hay sin embargo pruebas claras de la existencia de este altar en concreto, salvo las continuas referencias de leyenda en leyenda. En el S.XIII, Santiago de la Vorágine en su Leyenda áurea cuenta que la reina Lupa, quien según las leyendas jacobeas es la enemiga que impide el descanso del santo, envió a unos discípulos de Santiago para que consultasen al sumo sacerdote del Ara Solis, Régulus (como la estrella de la constelación de Leo, y que significa"pequeño rey"), acerca de enterrar allí al Apóstol Santiago.
El Más Allá y el Renacer
La interpretación de que este Fin del Mundo tenía también una connotación mortal viene sin duda de los celtas, que consideraban las aguas como elementos de paso entre el mundo de los vivos y de los muertos. Igual que ocurría con lagunas o ríos, la visión de la Costa da Morte y el bravo océano Atlántico sin fin propiciaba el pensamiento de que allí las puertas del Otro Mundo estaban abiertas de par en par, especialmente cuando el propio sol se escondía sumergiéndose.
Aunque oficialmente el nombre Costa da Morte no figuraría como tal en registros gallegos, sino que habría sido llamada así (Coast of Death) por la escritora Annette Meaking, amiga de la Reina Victoria (esposa de Alfonso XIII), son muchos los que piensan que ya estaba bautizada y Meaking simplemente lo puso por escrito en su lengua.
Los peligros de la propia Costa da Morte eran conocidos, dado un alto número de naufragios, si bien las malas lenguas dicen que muchos eran provocados a propósito con fuegos atados en los cuernos de bueyes, para que los barcos se desviarán, creyendo que era ese el faro, y ser saqueados después.
La relación del Más Allá con los solsticios y otros fenómenos celestes es bien conocida, particularmente por los ciclos de muerte y renacimiento, por lo que no hay que ahondar mucho para coincidir con los estudiosos en qué probablemente allí tuvieron lugar ritos estacionales y ritos de un carácter más funerario o purificadores, incluso antes de los fenicios y los celtas, pues se han hallado restos de construcciones megalíticas prehistóricas, y sabemos que estos esfuerzos no eran tomados en balde.
Actualmente este pensamiento persiste en quienes deciden finalizar su peregrinaje aquí, o simplemente quieren ver la Costa da Morte. Bañarse o mojarse en las aguas marinas es una forma de limpieza física y espiritual, de finalización de un ciclo y comienzo de otro. A menudo ver el atardecer es la culminación. Quizás al otro lado no está solo en inframundo, sino también el Paraíso.
Apóstol Santiago y Cristianismo.
El Cristianismo reconvirtió los peregrinajes a la costa con una mecánica turística muy interesante. Dependiendo de la leyenda, los discípulos se dirigían a Finisterre para enterrar allí a Santiago, pero por accidente el cuerpo del santo acabó llegando a Compostela; en otras, el propio Santo llegó a Finisterre y fue quien destruyó el Ara Solis. La más común, que allí se encontró la tumba del apóstol Santiago.
Con el tiempo se añadieron otras historias, como que la Virgen se presentó a Santiago en una barca de piedras en la costa de Muxía (donde existe el santuario de la Virgen da Barca, donde se conservan esas piedras).
En otra leyenda, la ya mencionada reina Lupa habría enviado a los seguidores del apóstol a Dugium, actual Duio, para alejarlos de su camino. Como en Dugium eran paganos, la ciudad acabó sumergida, salvándose solamente dos bueyes que hoy son dos rocas en el mar.
En cualquier caso, a partir del S.IX la costa gallega primero y después la costa cantábrica se fueron llenando de albergues de peregrinos junto a sus iglesias y parroquias más importantes, reconvirtiendo un territorio de pueblos aislados en verdaderas vías de comunicación entre grandes ciudades.
Iglesia de San Guillerme y las Pedras Santas
Sin tener claro a quién hacía referencia este Guillerme, se contaba que tenía en el interior de la iglesia una enorme losa de piedra, o hundida como una pila, sobre la que dormían las parejas estériles para así conseguir concebir.
En la zona hay restos megalíticos, dólmenes y menhires esparcidos por el monte. Algunas de ellas se cree que por gloria de la Virgen y el Niño, pueden ser balanceadas si quien apoya su mano es alguien puro de corazón.
Pero desde antiguo, erectos, los menhires tuvieron su intención fálica y de fertilidad, por lo menos a nivel popular, al igual que las pilas, por ser "úteros". Son llamadas Pedras Santas o Penas Santas, también Milagreiras. Aún a día de hoy folcloristas y oriundos enumeran las visitas hechas para pedir deseos.
Esta creencia propició la eliminación de esa pequeña iglesia, pero, ¿y si también esa losa era resto del antiguo altar solar?
Ruta Templaria
La presencia de la Orden del Temple ha sido rastreada por todos los Caminos de Santiago a graves de enclaves y monumentos más o menos claros. En otras ocasiones se trata de encontrar esas señales secretas que los templarios iban dejando a su paso. Pero en este caso en concreto, da la casualidad que en la Bretaña francesa existe también una Fisterra, Finistère, y esta ciudad se hermanó con la gallega.
La nobleza de la zona, los Condes de Traba, tuvieron vínculos con los templarios e incluso hay cierta constancia histórica de su vigilancia de las costas y de la entrega de comarcas. Por supuesto, no son pocas las referencias a que los últimos templarios se escondieron en el "fin del mundo" tras la dramática disolución de la Orden.
En otros pueblos cercanos tenemos otras historias, quizás la más relevante sea el templete existente cerca del cementerio del pueblo de Noia, cuya leyenda cuenta que su arena proviene de Tierra Santa, traída por un templario.
El caballo de oro y el puñal de hierro
De nuevo en el Monte Facho se dice que hay enterrados un caballo de oro y un puñal de hierro. Aquél que encuentre el caballo de oro tendrá éxito y buena fortuna en todo lo que se proponga. Sin embargo, si encuentra el puñal, lo acompañará la mala suerte. Otros decian que solo afectaría a los fisterranos. En cualquier caso, el origen de esta leyenda quizás tenga origen celta, porque los caballos solían ser un sacrificio frecuente a Lugh, dios de la luz. En tales casos eran adornados de forma espectacular. Por otra parte, en el mundo grecorromano el carro del sol era tirado por caballos: ¿tal vez un rito para enviarle nuevos caballos al Sol que desaparecía?
En cuanto al puñal, también la tradición popular dice que ya se encontró, pero que el pueblo de Finisterre sobrevivió a las penurias. Un aliciente para los buscadores de tesoros míticos, ya que sólo les queda por encontrar la mejor parte.
Los monstruos: la Orcavella y el Vákner
Sin duda hubo mucha mezcla en lo que a las historias y personajes de esta zona se refiere, ya que la imposición e importancia del cristianismo no eliminaron del todo las creencias populares.
La vieja Orcavella es una de ellas. Las leyendas la presentaban como una anciana devoradora de niños y asesina de pastores, capaz de convertirse en loba y otros animales, y conocedora de las artes mágicas. Cuando se sació, atrapó a un pastor y se lo llevó a una tumba excavada por ella, y que cubrió con una enorme roca. Los que intentaron salvar al pastor descubrieron que la tumba estaba rodeada de serpientes, y aún hoy no se pudo abrir su tumba.
Casualmente, Orcavella podría provenir del gallego Arca Vella, es decir, Roca Vieja, o dicho de otro modo, un dolmen. Tenemos restos de estas construcciones en la zona, y de las denominadas Piedras Santas del monte Facho. Además de esto, tenemos el hecho de que sea una mujer violenta que se mete en su tumba de tierra: algo común de las diosas del inframundo, y que recuerda en parte a la bruja Cailleach celta, que se ocultaba largos años bajo tierra para regresar sin envejecer.
Quizás otra leyenda de las más curiosas sea la de Vákner, una especie de hombre lobo o animal salvaje y enorme que atacaba a los peregrinos - y que hoy día con una escultura y festivales está recuperando su atractivo turístico. El obispo Mártir de Arzendján en el S.XV decía haberse topado con el Vákner, así como recoger los testimonios de otros testigos que se asombraban de que hubiera sobrevivido. Este monstruo se localiza en Dumbría, a medio camino entre Santiago y Finisterre. Para algunos fue una invención, para otros, una suerte de prueba de fe a los peregrinos.
Rituales modernos
Ya hemos mencionado los baños purificadores. Pues bien, algunos guardan agua de la Costa da Morte en botellitas no sólo como recuerdo, sino como agua bendita o agua para rituales domésticos de limpieza.
Hasta hace no muchos años, algunos peregrinos quemaban alguna prenda que hayan usado en su camino, o las botas, guardando sus cenizas, como un símbolo de finalización de algo. Esto, a nivel esotérico, fue replicado por visitantes mediante la quema de deseos y hechizos escritos en papel. Existía una pira junto al faro donde se habilitaban unas horas concretas para ello, sin embargo, la mala educación convirtió el ritual en un vertedero y se prohibió.... Por eso un pequeño papel parece más personal e inofensivo.
Asimismo, es frecuente entre los peregrinos cargar una piedra desde el principio de su recorrido o desde Santiago de Compostela, incluso desde sus lugares de origen. Esa piedra es depositada en Finisterre (en la costa o arrojada al mar) como un símbolo de pertenencia y de éxito, pero también para liberarse de algo (normalmente en relación con la penitencia del Camino o haciendo una visita a Finisterre en concreto). Evidentemente esto también es replicado por otros visitantes independientemente de sus creencias, ya que en cualquier caso resulta psicológicamente liberador.
Pietro Viktor Carracedo Ahumada -pietrocarracedo@gmail.com
Bibliografía:
-Alonso Romero, F. Historia, leyendas y creencias de Finisterre.Briga, 2002
-Lema, R. El Camino secreto de Santiago. La ruta pagana de los muertos. Edaf, 2007
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