Vela siete colores (II): ¿potencias africanas o chakras?

16.09.2021

Como se pudo ver en el artículo sobre yoga y esoterismo, en la filosofía hindú los chakras son centros de energía distribuidos verticalmente desde el coxis hasta la coronilla, siguiendo la columna vertebral, e influyendo cada uno de ellos en unos órganos y emociones concretos. Ahora bien, los chakras originales en la India eran seis: muladara (coxis), suadhistana (ombligo), manipura (estómago), anajata (pecho), vishuda (garganta) y añakia (en la frente). El séptimo chakra, sahasra-ara (en la coronilla), fue un descubrimiento/invención de los teósofos británicos del S.XIX, quienes, considerando que los chakras en el cuerpo humano eran infinitos, puesto que existían, según su visión, infinitas fuentes de energía, establecieron un nuevo chakra "principal" por encima de añakia, que definieron como punto último de la ascensión espiritual, dada su vinculación con el aspecto mental.

Puesto que el objetivo de este artículo no es cuestionar el número de chakras ni los medios para descubrirlos, dejaremos esta cuestión aparte, y sin embargo, no podemos sino referirnos a siete chakras para hablar de su simbolismo en las velas de siete colores.

Parte II. Los siete chakras.

La asociación de colores a los chakras es un producto puramente moderno, y no hay referencias a ello con anterioridad al boom esotérico de los últimos siglos. Tal vez a ello se deba la explotación de productos como velas, minerales o inciensos de siete colores, bajo el pretexto de herramientas para conectar y desbloquear los siete chakras. Ello, empero, no entra en conflicto con las velas de siete colores dedicadas, en principio, a las siete potencias africanas, ya que los colores son distintos, si bien hay quienes utilizan siete colores sin criterio claro, y hay dos motivos claves por los cuales se evita el enfrentamiento: el principal, que el eclecticismo esotérico ve perfectamente viable que una misma herramienta mágica, en este caso la vela, pueda usarse con las divinidades, poderes o finalidades que cada cual considere. E incluso utilizarse a la par, sin mayor problema. 

Los motivos secundarios, destinados sobre todo a paliar los posibles enfrentamientos o incompatibilidades en sectores más ortodoxos, consisten en el intercambio de colores, así como su orden, atribuyendo colores a cada chakra, del mismo modo que se hace con los orishas, pero en este caso, tendremos el siguiente listado de colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil/índigo y morado o blanco.Volviendo a los chakras, como puede verse sus colores, con la excepción del blanco, son los del arcoiris. Su base filosófica-esotérica indica que, puesto que los chakras son una energía vibratoria, y la luz cambia de color según las frecuencias que atraviesa, en los chakras se producirían los colores que el ojo humano es capaz de percibir, en el mismo espectro que el arcoiris. Además, se considera que las transiciones de color del arcoiris son las mismas de los chakras, ya que la energía que éstos desprenden ocupan un cierto espacio o radio que se mezclaría con el que ocupen los chakras cercanos, y su fusión de colores sería semejante.La interpretación y asociación de los colores bebe también de la cromoterapia, y supone que para la apertura y gestión de los chakras rodearse de colores que los activen es sumamente útil, además de ayudar en las meditaciones al practicante o yogui, al influirle y prepararle psicológicamente, incluso sin intención propia.

El color rojo se asocia al chakra de la raíz (muladara). El rojo es, en antropología y en la cromoterapia, un color de activación, de alerta, de peligro. Su llamativo tono es también símbolo de los sentimientos y las pasiones agresivas o violentas. Asociarlo al chakra de la raíz, al coxis, tiene sentido por cuánto es el primero y requiere un estado de atención máximo para iniciar el camino de los chakras. Antropológicamente, el rojo y el muladara tienen en común la idea de supervivencia, siendo el coxis la zona donde una persona se sienta, es decir, una posición básica de descanso; si bien la situación de alerta constante que existía en el hombre primitivo no evocaría un descanso pleno, con el tiempo sentarse se convertiría en un gesto de confianza en la propia seguridad y en la comunidad con la que uno toma asiento, también para hablar o comer. Es por tanto una pose en la que empezar a pensar en algo más que simplemente sobrevivir, es un punto de reflexión más profunda. Y esa reflexión y concentración es justo lo que se necesita en la iniciación a la apertura de los chakras. El naranja es el color asociado a suadhistana, la zona entre el sacro y el ombligo. El naranja es un color más apacible que el rojo, aunque también guarda relación con los sentimientos, no es ya la agresividad, sino la calma, la tranquilidad, el sol, el calor y la sensualidad. Está evidentemente asociado con la sexualidad y la pasión e instintos físicos, pero también con la imaginación, los cambios y la creatividad. El naranja es, por tanto, un color que combina mucho con la idea de sentimientos apasionados pero controlables y agradables. El amarillo es el color asociado al chakra manipura (estómago). En el mundo occidental asociamos mucho las emociones e instintos al corazón, pero en la antigüedad, tanto occidental como oriental, las intuiciones y emociones se situaban en las entrañas, en las tripas. Aún conservamos algún recuerdo de eso cuando decimos que tenemos mariposas en el estómago para identificar un enamoramiento. Manipura es el chakra del instinto y la energía, por lo que el amarillo, una mezcla entre la alerta y la alegría, es un color que concuerda con él. El amarillo es también un tono atrevido y optimista, y el tercer chakra potencia la autoestima y la valentía. Manipura es además el chakra del plexo solar, con lo que el color amarillo queda más que justificado. El siguiente chakra es anajata, que se sitúa a la altura del esternón, y se asocia con el color verde. El verde es el color de la naturaleza, de la salud, de la esperanza y el bienestar. Todo ello se relaciona, como no puede ser de otra forma, con el corazón y la respiración. Se entiende que ambos son grandes responsables de la salud y la tranquilidad, y que también transmiten e influyen en las buenas emociones y deseos, por lo que controlarlos es obtener equilibrio físico y emocional. El siguiente chakra, vishuda, se sitúa en la garganta y se asocia al color azul, normalmente claro. El azul es el color del mar y del cielo, y se asocia con el conocimiento profundo y el conocimiento superior, así como con la conciencia, la meditación, la repetición de ciclos y el conocimiento. Se interpreta que la garganta, a través del alimento y de la voz promueve que entren y salgan energías, así como conocimientos. El color añil o índigo (azul oscuro muy próximo al púrpura) es el asociado al chakra añakia, en la frente. Es el último chakra según las tradiciones hindúes originales. Es el chakra llamado "del tercer ojo", es la consciencia plena, alcanzar el nivel superior. El color se vincula con lo esotérico y lo espiritual. Es también un "oscurecimiento" del anterior azul, es decir, es la fase de madurez del conocimiento. A veces es identificado con el morado, ya que este color también está asociado al mundo esotérico. El último chakra, saharas-ara, es el descubierto/inventado/añadido en el S. XIX por los esoteristas-ocultistas occidentales. Situado en la coronilla, su color es el morado, exprimiendo, por así decirlo, las características que ya tenía el chakra anterior. Como ya se ha dicho, el morado es un color profundamente espiritual, por lo que asignar este color al chakra de la corona es darle el máximo valor en ese sentido. Pero por su carácter moderno y sincrético con otras tradiciones esotéricas, como puede ser la budista, también se le asocia el color blanco, como símbolo del todo y la nada, y también de la pureza. 

Su uso, pues, consiste en su encendido y en la meditación con la vela. Si son varias, pueden encenderse desordenadas para que coincidan con los días de la semana que tienen asignados, aunque cada practicante cambia dichos días. La mayoría aplican que los chakras van en el mismo orden que los días de la semana, es decir, el de la raíz el día lunes, y el último, el chakra de la corona, el domingo. Hay múltiples versiones de esto, y tal vez por ello exista la vela de los siete colores asociados a los chakras, para poder trabajar todos a la vez sin arriesgarse a correspondencias equívocas. De la misma manera, en estos rituales cuya finalidad es puramente personal, a lo sumo comunitaria si pensamos que varias personas a la vez puedan realizarlo, el practicante se rodea de colores asociados, aromas o minerales, e incluso puede vestirse o ponerse un adorno que considere que está vinculado o potencia los chakras que se busca desbloquear. La ambientación en este punto, junto con música o silencio, juegan en este trabajo esotérico un papel mucho mayor que en otros trabajos esotéricos, pero también puede usarse de manera combinada en otros rituales con fines diferentes, teniendo en cuenta que cada chakra pueda hacer referencia, a la vez, gran variedad de situaciones, que pueden ser materiales o espirituales, por ejemplo sexuales o de suerte, por lo que en el caso de buscar un ritual completo u holístico en relación a los chakras, la vela de los siete colores ha escalado, en parte a causa de la popularización del yoga, poco a poco hasta situarse en el primer puesto.

El ritual de uso de estas velas e inciensos no es distinto del que vimos con las siete potencias, donde ya se señaló que muchos practicantes consideran que la vela es una herramienta con correspondencias de colores con energías universales, y no lo asociaban con ninguna religión o corriente filosófica.

Su uso, pues, consiste en su encendido y en la meditación con la vela. Si son varias, pueden encenderse desordenadas para que coincidan con los días de la semana que tienen asignados, aunque cada practicante cambia dichos días. La mayoría aplican que los chakras van en el mismo orden que los días de la semana, es decir, el de la raíz el día lunes, y el último, el chakra de la corona, el domingo. Hay múltiples versiones de esto, y tal vez por ello exista la vela de los siete colores asociados a los chakras, para poder trabajar todos a la vez sin arriesgarse a correspondencias equívocas. De la misma manera, en estos rituales cuya finalidad es puramente personal, a lo sumo comunitaria si pensamos que varias personas a la vez puedan realizarlo, el practicante se rodea de colores asociados, aromas o minerales, e incluso puede vestirse o ponerse un adorno que considere que está vinculado o potencia los chakras que se busca desbloquear. La ambientación en este punto, junto con música o silencio, juegan en este trabajo esotérico un papel mucho mayor que en otros trabajos esotéricos, pero también puede usarse de manera combinada en otros rituales con fines diferentes, teniendo en cuenta que cada chakra pueda hacer referencia, a la vez, gran variedad de situaciones, que pueden ser materiales o espirituales, por ejemplo sexuales o de suerte, por lo que en el caso de buscar un ritual completo u holístico en relación a los chakras, la vela de los siete colores ha escalado, en parte a causa de la popularización del yoga, poco a poco hasta situarse en el primer puesto.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
-Leland, K. Rainbow Body: A History of the Western Chakra System from Blavatsky to Brennn. Nicolas-Hays, Inc. 2016
- Vinardi, L. J., Anatomía Energética - Las sutiles dimensiones del cuerpo humano. Youcanprint, 2006.
- Weiss, J.M., Chavelli, M. La curación por los colores. Ediciones Robinbook, 1995

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